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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Ciudad de México Nota 6 de julio de 2026

Le pintaron la camioneta rumbo al estadio: el 10 que ya no controla la marca personal

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Le pintaron la camioneta rumbo al estadio: el 10 que ya no controla la marca personal
Hay hombres a los que la calle no perdona ni cuando llevan puesta la playera de la selección. Rumbo al Estadio Ciudad de México, con su número 10 al pecho y a bordo de una camioneta negra de lujo, el diputado federal de Morena y exgobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, se topó con un recibimiento que no venía en el itinerario mundialista: un grupo de manifestantes de la Asamblea Antimundialista y vecinos de Santa Úrsula Coapa lo increparon sobre el Anillo Periférico Sur, le lanzaron piedras y le rayaron el vehículo entre gritos de '¡Samir vive!'.

El nombre no es menor. Samir Flores Soberanes fue un activista y comunicador comunitario asesinado en Morelos en 2019, durante la gestión de Blanco como gobernador; el caso sigue siendo una herida abierta que aparece puntual cada vez que el hoy legislador se asoma a un espacio público. Los inconformes, algunos vistiendo la camiseta del Tri, se acercaron al vehículo para reclamarle ese pendiente que la ciudadanía no ha archivado, aunque los reflectores prefieran hablar de octavos de final.

La estampa tiene su ironía cruel: mientras la capital presumía civilidad, hermandad anglo-mexicana y chilaquiles verdes compartidos entre hinchas, en el Periférico se libraba un partido paralelo mucho menos deportivo. Blanco, que en sus buenos tiempos regateaba defensas enteras con la 'cuauhtemiña', esta vez no encontró hueco: la protesta lo alcanzó antes de llegar al palco. Uno puede cambiar de camiseta —de futbolista a gobernador a diputado— pero el reclamo social tiene memoria de elefante y no se distrae ni con Mundial.

El episodio quedó grabado en video, viralizado con la eficiencia con que hoy vuela cualquier cosa, y sirve de recordatorio incómodo: para una parte de la ciudadanía, hay asignaturas que ningún festejo tapa. Se puede ir al estadio con el 10 en la espalda, pero la calle sigue pasando lista y anotando faltas. Y en esa cancha, a diferencia de la del Azteca, no hay tiempo de compensación que valga: el reclamo simplemente no se cansa de correr.