Cuerpos en operativo: la resiliencia y la movilización, dos deportes de alto rendimiento en Chihuahua
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Hay semanas en que el estado nos recuerda que aquí el cuerpo humano trabaja horas extra. Por un lado, El Heraldo nos presenta al agente Roberto Ortiz, quien perdió ambas piernas en un operativo, aprendió a caminar con prótesis electrónicas y hoy inspira a miles desde el área de Inteligencia. Por el otro, en Ciudad Juárez, un hombre herido de bala llegó por su propio mérito a la Clínica 66 del IMSS y, sin pedirlo, logró convocar una movilización de corporaciones policiacas digna de un desfile patrio. Dos historias distintas, un mismo país donde el sistema reacciona con velocidad envidiable... cuando ya pasó lo peor.
Vayamos por partes, como diría cualquier servidor público al presupuestar. La historia del agente Ortiz es, en serio, admirable: de las fuerzas especiales a la Inteligencia, de la prótesis al ejemplo de resiliencia 'dentro y fuera de las corporaciones'. Lo conmovedor es que aprendió a caminar de nuevo con tecnología electrónica, mientras el resto del país sigue aprendiendo a caminar sin pisar un bache. Que un hombre recupere los pasos con baterías recargables y la 4T no recupere ni una banqueta nivelada dice mucho sobre dónde está concentrada la innovación.
La palabra clave es 'resiliencia', ese sustantivo que en Chihuahua ya debería venir incluido en el acta de nacimiento. Aquí la resiliencia no es opción de vida, es requisito de supervivencia: la pones en práctica cada que esperas turno en urgencias, cada que ahorras para una prótesis que el Estado celebra pero no siempre paga, y cada que escuchas que tu historia 'inspira a miles' como si la inspiración cotizara en la Bolsa.
Y mientras un héroe aprende a caminar, en Juárez un señor llega caminando —o como pudo— a la Clínica 66 con una herida de bala, y entonces sí, las corporaciones se mueven. Qué prodigio de logística: avenida Ramón Rayón, cruce con Durango, despliegue completo, patrullas, urgencias notificando a las autoridades. Uno se pregunta si esa misma capacidad de reacción existió antes del disparo o si en este estado la presencia policiaca funciona como las ambulancias de las películas: llega justo cuando ya nada urge prevenir.
Lo verdaderamente chihuahuense es el orden de los factores. Primero el cuerpo arriesga, sangra o resiste; después llega el operativo, el reflector y, con suerte, la frase motivacional. Convertimos a las víctimas en metáforas y a los heridos en 'movilizaciones', como si el cuerpo de la gente fuera la única infraestructura que sí responde a tiempo.
Que conste: celebro al agente Ortiz y deseo que el herido de la 66 salga adelante. Pero ambos casos comparten una moraleja incómoda. En Chihuahua tenemos prótesis electrónicas de última generación y operativos de reacción inmediata; lo que seguimos sin tener es un sistema que se mueva con esa misma energía antes de que alguien quede sin piernas o con una bala dentro. Mientras tanto, seguiremos siendo expertos en lo que el resto del país apenas presume: resistir primero, organizarnos después y emocionarnos al final.
Vayamos por partes, como diría cualquier servidor público al presupuestar. La historia del agente Ortiz es, en serio, admirable: de las fuerzas especiales a la Inteligencia, de la prótesis al ejemplo de resiliencia 'dentro y fuera de las corporaciones'. Lo conmovedor es que aprendió a caminar de nuevo con tecnología electrónica, mientras el resto del país sigue aprendiendo a caminar sin pisar un bache. Que un hombre recupere los pasos con baterías recargables y la 4T no recupere ni una banqueta nivelada dice mucho sobre dónde está concentrada la innovación.
La palabra clave es 'resiliencia', ese sustantivo que en Chihuahua ya debería venir incluido en el acta de nacimiento. Aquí la resiliencia no es opción de vida, es requisito de supervivencia: la pones en práctica cada que esperas turno en urgencias, cada que ahorras para una prótesis que el Estado celebra pero no siempre paga, y cada que escuchas que tu historia 'inspira a miles' como si la inspiración cotizara en la Bolsa.
Y mientras un héroe aprende a caminar, en Juárez un señor llega caminando —o como pudo— a la Clínica 66 con una herida de bala, y entonces sí, las corporaciones se mueven. Qué prodigio de logística: avenida Ramón Rayón, cruce con Durango, despliegue completo, patrullas, urgencias notificando a las autoridades. Uno se pregunta si esa misma capacidad de reacción existió antes del disparo o si en este estado la presencia policiaca funciona como las ambulancias de las películas: llega justo cuando ya nada urge prevenir.
Lo verdaderamente chihuahuense es el orden de los factores. Primero el cuerpo arriesga, sangra o resiste; después llega el operativo, el reflector y, con suerte, la frase motivacional. Convertimos a las víctimas en metáforas y a los heridos en 'movilizaciones', como si el cuerpo de la gente fuera la única infraestructura que sí responde a tiempo.
Que conste: celebro al agente Ortiz y deseo que el herido de la 66 salga adelante. Pero ambos casos comparten una moraleja incómoda. En Chihuahua tenemos prótesis electrónicas de última generación y operativos de reacción inmediata; lo que seguimos sin tener es un sistema que se mueva con esa misma energía antes de que alguien quede sin piernas o con una bala dentro. Mientras tanto, seguiremos siendo expertos en lo que el resto del país apenas presume: resistir primero, organizarnos después y emocionarnos al final.