Cuatro millones de llantas y un plan que rueda… con calma
Tamaño de letra
Ciudad Juárez tiene, según la propia Dirección de Ecología, cerca de cuatro millones de llantas acumuladas. Cuatro millones. Es una cifra que uno no sabe si celebrar como récord o atender como emergencia. Da para pavimentar la nostalgia de todos los coches que alguna vez rodaron por la ciudad.
El problema, aclaró la dependencia, no es estético. Los neumáticos en desuso se convierten en criaderos de fauna nociva —léase moscos y bichos surtidos— y, cuando se incendian, liberan contaminantes que echan a perder la calidad del aire. Es decir, esa montaña de hule es simultáneamente un hotel de plagas y una fogata en potencia. Dos amenazas por el precio de una.
La solución anunciada tiene aroma a alivio: una empresa de origen chino instalará una planta de trituración capaz de procesar hasta el 70% de las llantas acumuladas durante su primer año de operación, con la promesa de eliminar el rezago en dos años. Suena bien. También suena a que llevamos años juntando llantas con la disciplina de un coleccionista y apenas ahora conseguimos quién nos ayude a deshacernos del hobby.
Hagamos la cuenta con optimismo: si la planta cumple, en dos años Juárez podría despedirse de su cordillera de hule. En el intermedio, eso sí, seguiremos conviviendo con los cuatro millones, esperando que ningún cerillo distraído decida adelantar el calendario. Porque una cosa es triturar llantas de forma ordenada y otra muy distinta que se incendien de gratis en pleno verano, cuando el aire ya trae suficiente con el calor del muro y el polvo de temporada.
Así que bienvenida la trituradora, y ojalá muerda parejo. Mientras tanto, la moraleja juarense se acumula tan alto como la pila: es más fácil generar un problema de cuatro millones de piezas que conseguir quién lo resuelva. Y cuando por fin llega la solución, viene con paciencia de fábrica: primer año el 70%, el resto para después. En Juárez hasta el reciclaje aprendió a ir a vuelta de rueda.
El problema, aclaró la dependencia, no es estético. Los neumáticos en desuso se convierten en criaderos de fauna nociva —léase moscos y bichos surtidos— y, cuando se incendian, liberan contaminantes que echan a perder la calidad del aire. Es decir, esa montaña de hule es simultáneamente un hotel de plagas y una fogata en potencia. Dos amenazas por el precio de una.
La solución anunciada tiene aroma a alivio: una empresa de origen chino instalará una planta de trituración capaz de procesar hasta el 70% de las llantas acumuladas durante su primer año de operación, con la promesa de eliminar el rezago en dos años. Suena bien. También suena a que llevamos años juntando llantas con la disciplina de un coleccionista y apenas ahora conseguimos quién nos ayude a deshacernos del hobby.
Hagamos la cuenta con optimismo: si la planta cumple, en dos años Juárez podría despedirse de su cordillera de hule. En el intermedio, eso sí, seguiremos conviviendo con los cuatro millones, esperando que ningún cerillo distraído decida adelantar el calendario. Porque una cosa es triturar llantas de forma ordenada y otra muy distinta que se incendien de gratis en pleno verano, cuando el aire ya trae suficiente con el calor del muro y el polvo de temporada.
Así que bienvenida la trituradora, y ojalá muerda parejo. Mientras tanto, la moraleja juarense se acumula tan alto como la pila: es más fácil generar un problema de cuatro millones de piezas que conseguir quién lo resuelva. Y cuando por fin llega la solución, viene con paciencia de fábrica: primer año el 70%, el resto para después. En Juárez hasta el reciclaje aprendió a ir a vuelta de rueda.