Jalisco: donde el agua sale turbia, los árboles caen solos y el IEPC no sabe ni cuánto va a durar
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Buenos días, paisano. Hoy amaneció Guadalajara con lluvia moderada, 24 grados y esa clásica sensación jalisciense de que todo está bajo control precisamente porque nadie tiene el control de nada. Vamos por partes, que hay para escoger.
Empecemos por el Instituto Electoral, que ya tiene presidenta interina designada por unanimidad. Hasta ahí, aplausos. El detalle es que nadie —ni ella, ni el Consejo General, ni el INE, ni el Espíritu Santo— sabe cuánto durará al frente. ¿Un mes? ¿Seis? ¿Hasta 2027? La respuesta oficial es un encogimiento de hombros institucional. El organismo quedó en esa sala de espera donde los turnos nunca llegan, con la misión de armar un presupuesto para la elección que viene y, de pasadita, atender quejas contra políticos ya en campaña. Es decir: la casa está en llamas, pero primero cotizamos los extintores y luego vemos quién los enciende. La alcaldesa de Guadalajara, mientras tanto, confía plenamente en que el instituto conducirá la elección "con certeza". Certeza es justo la palabra que nadie más se atreve a usar en este expediente.
Sigamos con el tema estrella del verano tapatío: el agua que sale de la llave color refresco de cola. Doscientas colonias reportan líquido turbio, oscuro y con un aroma que no viene en el catálogo de Air Wick. Los vecinos aseguran que se bañan y salen con la piel irritada. La Secretaría de Salud, con una serenidad digna de monje tibetano, descarta alerta sanitaria: no hay "incremento atípico" de enfermedades y no se cumplen los criterios para una declaratoria. El director de Servicios de Salud de Zapopan fue más lejos y aseguró que en el Hospitalito estudian el agua y "es utilizable". Utilizable. Qué adjetivo. No potable, no cristalina, no rica: utilizable. Como esa toalla que ya no seca pero todavía no tiras. La receta oficial es una lista de recomendaciones para el uso seguro del líquido en casa, que es como darte un instructivo para convivir con el problema en lugar de resolverlo. Eso sí: supervisaron obras del Sistema de Bombeo La Calera y el Colector Villa Fontana, porque en Jalisco cuando el agua sale mal, lo que nunca falla es la ceremonia de la supervisión.
Y hablando de cosas que caen: los árboles. Expertos alertan que la metrópoli entra a temporada de lluvias sin un censo de arbolado en riesgo. Los municipios reconocen que hacen podas preventivas pero no tienen inventario completo. Traducción: no sabemos cuáles árboles están a punto de venirse abajo, pero confíen en que reaccionaremos justo después de que uno se desplome sobre una fachada, un coche y unos postes de luz —como ya le pasó a un vecino de Las Águilas—. El plan municipal contra árboles caídos es, básicamente, esperar a que caigan. Muy alineado con la doctrina del agua y del IEPC: primero el desastre, luego el trámite.
Nos vamos a Vallarta, donde el Gobierno de Jalisco destinó casi 25 millones de pesos a siete conciertos gratuitos del programa Verano Vallarta. Gratuitos para usted, carísimos para la bolsa pública. Julieta Venegas y Los Auténticos Decadentes salieron en trece millones y cacho de una sola partida. Nada como bailar "Andar Conmigo" mientras a unas cuadras auditan cuatro obras de SEAPAL por casi 100 millones de pesos. El mismo SEAPAL que presume 336 mil garrafones de agua gratis: reparten agua purificada de a litro mientras la contabilidad de sus obras la revisan con lupa. Y para cerrar la postal costera, el malecón amaneció tapizado de basura tras el partido del Tri. El orgullo mundialista dura noventa minutos; el plástico en la playa, un rato más.
Porque sí: México quedó eliminado por Inglaterra, Aguirre se despidió, y ahora Rafa Márquez hereda "una base competitiva". Consuelo de columnista: el aeropuerto tapatío movió 6% más pasajeros por el Mundial, así que al menos el turista que vino a vernos perder viajó cómodo. Coparmex Jalisco, por su parte, descartó ausentismo laboral: nueve de cada diez empresas operaron normal durante los partidos. O sea que trabajamos, perdimos el futbol, dejamos el malecón hecho un basurero y seguimos sin saber cuánto dura la presidenta del IEPC. Un martes redondo, pues. Nos leemos mañana, si el árbol lo permite.
Empecemos por el Instituto Electoral, que ya tiene presidenta interina designada por unanimidad. Hasta ahí, aplausos. El detalle es que nadie —ni ella, ni el Consejo General, ni el INE, ni el Espíritu Santo— sabe cuánto durará al frente. ¿Un mes? ¿Seis? ¿Hasta 2027? La respuesta oficial es un encogimiento de hombros institucional. El organismo quedó en esa sala de espera donde los turnos nunca llegan, con la misión de armar un presupuesto para la elección que viene y, de pasadita, atender quejas contra políticos ya en campaña. Es decir: la casa está en llamas, pero primero cotizamos los extintores y luego vemos quién los enciende. La alcaldesa de Guadalajara, mientras tanto, confía plenamente en que el instituto conducirá la elección "con certeza". Certeza es justo la palabra que nadie más se atreve a usar en este expediente.
Sigamos con el tema estrella del verano tapatío: el agua que sale de la llave color refresco de cola. Doscientas colonias reportan líquido turbio, oscuro y con un aroma que no viene en el catálogo de Air Wick. Los vecinos aseguran que se bañan y salen con la piel irritada. La Secretaría de Salud, con una serenidad digna de monje tibetano, descarta alerta sanitaria: no hay "incremento atípico" de enfermedades y no se cumplen los criterios para una declaratoria. El director de Servicios de Salud de Zapopan fue más lejos y aseguró que en el Hospitalito estudian el agua y "es utilizable". Utilizable. Qué adjetivo. No potable, no cristalina, no rica: utilizable. Como esa toalla que ya no seca pero todavía no tiras. La receta oficial es una lista de recomendaciones para el uso seguro del líquido en casa, que es como darte un instructivo para convivir con el problema en lugar de resolverlo. Eso sí: supervisaron obras del Sistema de Bombeo La Calera y el Colector Villa Fontana, porque en Jalisco cuando el agua sale mal, lo que nunca falla es la ceremonia de la supervisión.
Y hablando de cosas que caen: los árboles. Expertos alertan que la metrópoli entra a temporada de lluvias sin un censo de arbolado en riesgo. Los municipios reconocen que hacen podas preventivas pero no tienen inventario completo. Traducción: no sabemos cuáles árboles están a punto de venirse abajo, pero confíen en que reaccionaremos justo después de que uno se desplome sobre una fachada, un coche y unos postes de luz —como ya le pasó a un vecino de Las Águilas—. El plan municipal contra árboles caídos es, básicamente, esperar a que caigan. Muy alineado con la doctrina del agua y del IEPC: primero el desastre, luego el trámite.
Nos vamos a Vallarta, donde el Gobierno de Jalisco destinó casi 25 millones de pesos a siete conciertos gratuitos del programa Verano Vallarta. Gratuitos para usted, carísimos para la bolsa pública. Julieta Venegas y Los Auténticos Decadentes salieron en trece millones y cacho de una sola partida. Nada como bailar "Andar Conmigo" mientras a unas cuadras auditan cuatro obras de SEAPAL por casi 100 millones de pesos. El mismo SEAPAL que presume 336 mil garrafones de agua gratis: reparten agua purificada de a litro mientras la contabilidad de sus obras la revisan con lupa. Y para cerrar la postal costera, el malecón amaneció tapizado de basura tras el partido del Tri. El orgullo mundialista dura noventa minutos; el plástico en la playa, un rato más.
Porque sí: México quedó eliminado por Inglaterra, Aguirre se despidió, y ahora Rafa Márquez hereda "una base competitiva". Consuelo de columnista: el aeropuerto tapatío movió 6% más pasajeros por el Mundial, así que al menos el turista que vino a vernos perder viajó cómodo. Coparmex Jalisco, por su parte, descartó ausentismo laboral: nueve de cada diez empresas operaron normal durante los partidos. O sea que trabajamos, perdimos el futbol, dejamos el malecón hecho un basurero y seguimos sin saber cuánto dura la presidenta del IEPC. Un martes redondo, pues. Nos leemos mañana, si el árbol lo permite.