Guanajuato inventa el aire acondicionado por drenaje: tapa la coladera y refresca el Fan Fest con inundación
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Existen ciudades que se preparan para el Mundial con estadios de última generación, con infraestructura de primer nivel y con un plan logístico digno de estudio. Y luego está Guanajuato capital, que decidió prepararse tapando las coladeras con tablones porque olían feo. Chef's kiss.
La lógica, hay que reconocerlo, tiene la contundencia de un chiste de sobremesa: si el problema es el mal olor que sale de la alcantarilla, se tapa la alcantarilla y santo remedio. Nadie en la cadena de mando levantó la mano para preguntar la incómoda cuestión de tercero de primaria: ¿y por dónde va a salir el agua cuando llueva? Pregunta retórica, porque la respuesta la dieron los tablones flotando y la mercancía de los comerciantes navegando calle abajo en la zona donde se instalaría el Fan Fest mundialista.
El detalle que eleva la anécdota a la categoría de arte conceptual es que el pasado 8 de junio personal del municipio ya había revisado las alcantarillas y el sistema eléctrico de la calle Subterránea. Es decir, hubo inspección. Hubo diagnóstico. Y la solución técnica de vanguardia fue: madera encima. Uno se imagina el peritaje: 'Detectamos olor. Recomendamos ignorar la física.'
Como la ciudad tiene un optimismo a prueba de humedad, la versión oficial es que los comercios de la Subterránea reportaron 'pérdidas mínimas' tras la inundación que canceló el evento del último partido de México. En Guanajuato hemos perfeccionado el arte de que todo salga mal pero nada pase. Se inundó, se cayó el evento, se mojó la mercancía, pero pérdidas mínimas. Con esa vara, el Titanic tuvo un pequeño percance náutico.
Lo que queda es una postal perfecta de la capital: una ciudad que sabe organizar el Cervantino, llenar callejones de turistas y presumir su patrimonio ante el mundo, pero que ante una coladera maloliente elige la estrategia del avestruz, solo que con tablas. La próxima vez, quizá convenga destapar el drenaje y taparse la nariz. Sale más barato y no se moja el futbol.
La lógica, hay que reconocerlo, tiene la contundencia de un chiste de sobremesa: si el problema es el mal olor que sale de la alcantarilla, se tapa la alcantarilla y santo remedio. Nadie en la cadena de mando levantó la mano para preguntar la incómoda cuestión de tercero de primaria: ¿y por dónde va a salir el agua cuando llueva? Pregunta retórica, porque la respuesta la dieron los tablones flotando y la mercancía de los comerciantes navegando calle abajo en la zona donde se instalaría el Fan Fest mundialista.
El detalle que eleva la anécdota a la categoría de arte conceptual es que el pasado 8 de junio personal del municipio ya había revisado las alcantarillas y el sistema eléctrico de la calle Subterránea. Es decir, hubo inspección. Hubo diagnóstico. Y la solución técnica de vanguardia fue: madera encima. Uno se imagina el peritaje: 'Detectamos olor. Recomendamos ignorar la física.'
Como la ciudad tiene un optimismo a prueba de humedad, la versión oficial es que los comercios de la Subterránea reportaron 'pérdidas mínimas' tras la inundación que canceló el evento del último partido de México. En Guanajuato hemos perfeccionado el arte de que todo salga mal pero nada pase. Se inundó, se cayó el evento, se mojó la mercancía, pero pérdidas mínimas. Con esa vara, el Titanic tuvo un pequeño percance náutico.
Lo que queda es una postal perfecta de la capital: una ciudad que sabe organizar el Cervantino, llenar callejones de turistas y presumir su patrimonio ante el mundo, pero que ante una coladera maloliente elige la estrategia del avestruz, solo que con tablas. La próxima vez, quizá convenga destapar el drenaje y taparse la nariz. Sale más barato y no se moja el futbol.