'No estoy pensando en 2027', dijo la alcaldesa mientras todo el mundo pensaba en 2027
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Hay frases que se traicionan a sí mismas en el mero acto de pronunciarse. 'No estoy pensando en las elecciones de 2027' es una de ellas. La dijo la alcaldesa de Irapuato, Lorena Alfaro, con la serenidad de quien asegura que no le importa lo que digan de ella justo antes de recitar de memoria todo lo que dijeron de ella.
Es el clásico mexicano de la negación preventiva, ese género literario donde uno anuncia con firmeza que no le interesa aquello en lo que evidentemente lleva rato pensando. Como el galán que jura que ya superó a la ex mientras revisa su perfil cada media hora. Alfaro subrayó que por ahora solo está concentrada en cumplir los objetivos de la administración que, oh casualidad, culmina precisamente en 2027. El año que no está pensando. El mismo año. Qué manera de no pensar en algo tan específicamente.
Para redondear el mensaje de tranquilidad institucional, la alcaldesa también descartó más cambios en su gabinete, aunque aclaró que mantiene una 'evaluación permanente'. Traducción del idioma político al español de a pie: 'no voy a correr a nadie, pero todos los estoy viendo y cualquiera puede ser el siguiente.' Es la versión municipal del 'no estoy enojada, pero acuérdate de lo que hiciste'. Los directores de área deben dormir a pierna suelta con semejante certeza laboral.
Lo entrañable de todo esto es la fe con que en la política se cree que repetir una negación la vuelve verdad. Nadie que de verdad no piense en 2027 necesita salir a decir que no piensa en 2027. Es como esos letreros de 'aquí no se tira basura' clavados justo encima de un tiradero: el aviso confirma exactamente lo que niega.
Que conste que Alfaro tiene todo el derecho de aspirar a lo que quiera; para eso existe la política. El detalle sabroso no es la ambición —legítima y esperable— sino el performance de la humildad electoral, ese ritual en que el político finge no querer lo que todos sabemos que quiere. Faltan dos años. Y a este ritmo de no pensar en 2027, para diciembre ya no va a pensar en nada más.
Es el clásico mexicano de la negación preventiva, ese género literario donde uno anuncia con firmeza que no le interesa aquello en lo que evidentemente lleva rato pensando. Como el galán que jura que ya superó a la ex mientras revisa su perfil cada media hora. Alfaro subrayó que por ahora solo está concentrada en cumplir los objetivos de la administración que, oh casualidad, culmina precisamente en 2027. El año que no está pensando. El mismo año. Qué manera de no pensar en algo tan específicamente.
Para redondear el mensaje de tranquilidad institucional, la alcaldesa también descartó más cambios en su gabinete, aunque aclaró que mantiene una 'evaluación permanente'. Traducción del idioma político al español de a pie: 'no voy a correr a nadie, pero todos los estoy viendo y cualquiera puede ser el siguiente.' Es la versión municipal del 'no estoy enojada, pero acuérdate de lo que hiciste'. Los directores de área deben dormir a pierna suelta con semejante certeza laboral.
Lo entrañable de todo esto es la fe con que en la política se cree que repetir una negación la vuelve verdad. Nadie que de verdad no piense en 2027 necesita salir a decir que no piensa en 2027. Es como esos letreros de 'aquí no se tira basura' clavados justo encima de un tiradero: el aviso confirma exactamente lo que niega.
Que conste que Alfaro tiene todo el derecho de aspirar a lo que quiera; para eso existe la política. El detalle sabroso no es la ambición —legítima y esperable— sino el performance de la humildad electoral, ese ritual en que el político finge no querer lo que todos sabemos que quiere. Faltan dos años. Y a este ritmo de no pensar en 2027, para diciembre ya no va a pensar en nada más.