El misterio del olor moreliano: fue la basura, no la calle donde estaba la basura
Tamaño de letra
Hay preguntas que la humanidad arrastra por siglos: ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿por qué huele así Morelia? A la última, por fortuna, ya hay respuesta oficial. El gobernador Alfredo Ramírez informó que el mal olor en la ciudad se debe a la acumulación de basura en el alcantarillado, y aprovechó para exhortar a la ciudadanía a no tirar sus desperdicios en la calle. Un exhorto conmovedor, con la única laguna de que la basura, para llegar al alcantarillado, primero tuvo que pasar un rato larguísimo en la calle esperando a alguien que la recogiera.
El olor, sin embargo, es apenas el aroma del problema mayor: el agua. Las lluvias dejaron afectaciones en cinco colonias de Morelia y reabrieron el clásico deporte local del deslinde de culpas. El alcalde Alfonso Martínez reiteró que hacen falta obras complementarias para que las nuevas obras no se inunden, una frase que ya merece placa: construimos algo y ahora necesitamos construir otra cosa para que lo primero funcione.
La SCOP estatal, por si alguien la miraba de reojo, aclaró que las inundaciones no son culpa de las obras del gobierno de Michoacán, sino de la falta de infraestructura en las calles. Es el equilibrio perfecto: el municipio necesita obras complementarias, el estado necesita que las calles ya estuvieran listas, y el ciudadano necesita botas. Como documentó la prensa local, cada paso a desnivel y distribuidor vial trajo movilidad para los autos y, de regalo, corrientes de agua para las colonias de al lado. En Morelia el progreso fluye; lamentablemente, cuesta abajo y hacia tu cochera.
Lo elegante del asunto es que nadie miente: sí hay basura, sí faltan obras complementarias, sí falta infraestructura en las calles. Todos tienen razón al mismo tiempo, que es la única manera conocida de que un problema dure varios sexenios en perfecto estado de conservación.
El olor, sin embargo, es apenas el aroma del problema mayor: el agua. Las lluvias dejaron afectaciones en cinco colonias de Morelia y reabrieron el clásico deporte local del deslinde de culpas. El alcalde Alfonso Martínez reiteró que hacen falta obras complementarias para que las nuevas obras no se inunden, una frase que ya merece placa: construimos algo y ahora necesitamos construir otra cosa para que lo primero funcione.
La SCOP estatal, por si alguien la miraba de reojo, aclaró que las inundaciones no son culpa de las obras del gobierno de Michoacán, sino de la falta de infraestructura en las calles. Es el equilibrio perfecto: el municipio necesita obras complementarias, el estado necesita que las calles ya estuvieran listas, y el ciudadano necesita botas. Como documentó la prensa local, cada paso a desnivel y distribuidor vial trajo movilidad para los autos y, de regalo, corrientes de agua para las colonias de al lado. En Morelia el progreso fluye; lamentablemente, cuesta abajo y hacia tu cochera.
Lo elegante del asunto es que nadie miente: sí hay basura, sí faltan obras complementarias, sí falta infraestructura en las calles. Todos tienen razón al mismo tiempo, que es la única manera conocida de que un problema dure varios sexenios en perfecto estado de conservación.