La reforma a modo: bajan la edad para gobernar justo cuando alguien necesitaba caber
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En Nuevo León ya se puede ser gobernador a los 28 años. Se promulgó la reforma constitucional que redujo la edad mínima de 30 a 28, un cambio celebrado como un "logro generacional", frase que suena preciosa hasta que uno lee la letra chica y descubre que entre los beneficiarios directos aparece el diputado local con licencia Jesús Elizondo, quien aspira a la candidatura de su partido rumbo a 2027.
La coincidencia es de una belleza casi poética. La Constitución llevaba décadas fijando la vara en 30 años sin que a nadie le quitara el sueño, hasta que justo ahora, justo cuando un aspirante concreto no alcanzaba el requisito por un par de añitos, el requisito decidió agacharse cortésmente para dejarlo pasar. No es que el candidato se adapte a la ley; es la ley la que, gentil y flexible, se adapta al candidato. Un gimnasio constitucional donde el reglamento hace los estiramientos.
Elizondo calificó el hecho como un triunfo de las nuevas generaciones, y quién podría discutirlo: pocas causas juveniles tan urgentes como garantizar que un político específico pueda registrarse a tiempo. Los jóvenes de Nuevo León esperaban becas, transporte digno o vivienda; recibieron, en cambio, la conmovedora noticia de que ahora pueden gobernar dos años antes, siempre y cuando su apellido ya venga sonando en las asambleas del partido.
El propio diputado aseguró que las impugnaciones jurídicas en su contra se resolverán "con serenidad" y "por las vías institucionales". Y vaya que hay serenidad: la misma calma zen con la que se reforma la carta magna a la medida de una aspiración personal. Todo muy institucional, todo muy en orden, todo muy conveniente.
Lo fascinating del asunto es la naturalidad con que se presenta. No hubo un gran debate sobre si 28 años son suficientes para gobernar un estado con la complejidad de Nuevo León; hubo, más bien, un ajuste quirúrgico y oportuno, envuelto en el celofán del discurso generacional. Porque en la política regia, cuando la realidad no cabe en la regla, no se cambia la ambición: se cambia la regla.
Así que felicidades a la juventud nuevoleonesa por su nuevo derecho constitucional, estrenado con dedicatoria. Que sirva de lección cívica: en este estado, si el traje no te queda, no bajas de peso; mandas ajustar el traje. Y si el traje es la Constitución, mejor todavía.
La coincidencia es de una belleza casi poética. La Constitución llevaba décadas fijando la vara en 30 años sin que a nadie le quitara el sueño, hasta que justo ahora, justo cuando un aspirante concreto no alcanzaba el requisito por un par de añitos, el requisito decidió agacharse cortésmente para dejarlo pasar. No es que el candidato se adapte a la ley; es la ley la que, gentil y flexible, se adapta al candidato. Un gimnasio constitucional donde el reglamento hace los estiramientos.
Elizondo calificó el hecho como un triunfo de las nuevas generaciones, y quién podría discutirlo: pocas causas juveniles tan urgentes como garantizar que un político específico pueda registrarse a tiempo. Los jóvenes de Nuevo León esperaban becas, transporte digno o vivienda; recibieron, en cambio, la conmovedora noticia de que ahora pueden gobernar dos años antes, siempre y cuando su apellido ya venga sonando en las asambleas del partido.
El propio diputado aseguró que las impugnaciones jurídicas en su contra se resolverán "con serenidad" y "por las vías institucionales". Y vaya que hay serenidad: la misma calma zen con la que se reforma la carta magna a la medida de una aspiración personal. Todo muy institucional, todo muy en orden, todo muy conveniente.
Lo fascinating del asunto es la naturalidad con que se presenta. No hubo un gran debate sobre si 28 años son suficientes para gobernar un estado con la complejidad de Nuevo León; hubo, más bien, un ajuste quirúrgico y oportuno, envuelto en el celofán del discurso generacional. Porque en la política regia, cuando la realidad no cabe en la regla, no se cambia la ambición: se cambia la regla.
Así que felicidades a la juventud nuevoleonesa por su nuevo derecho constitucional, estrenado con dedicatoria. Que sirva de lección cívica: en este estado, si el traje no te queda, no bajas de peso; mandas ajustar el traje. Y si el traje es la Constitución, mejor todavía.