La playera del Tri al 2x1: cómo la ilusión mundialista terminó en canasta de ofertas
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Nada envejece tan rápido como una camiseta de la Selección Mexicana. Hace apenas unas semanas, la verde se vendía en Chihuahua a precio de reliquia, con el aficionado dispuesto a hipotecar la quincena por sentirse parte del sueño anfitrión. Hoy, tras la eliminación del Tri, esas mismas playeras se desploman hasta 50% en los comercios de la capital, según reportaron los propios vendedores, obligados a ajustar precios para no quedarse atascados de mercancía patriótica.
El comerciante lo explicó sin una gota de romanticismo: la eliminación enfría la demanda y toca rebajar. Así de brutal es el mercado del fervor. La prenda que iba a acompañarnos hasta el quinto partido —esa meta mítica que perseguimos con la fe de quien reza novenas— hoy comparte estante con lo que no se vendió: descuento, oferta relámpago, 'llévese dos'. El nacionalismo tiene fecha de caducidad, y coincide sospechosamente con el silbatazo final.
Pero los chihuahuenses somos maestros del consuelo estadístico. Resulta que México cerró el Mundial en el lugar 9, por primera vez en la historia arriba de Brasil. Léase de nuevo: quedamos fuera, sí, pero arriba de Brasil. Es la derrota más presumible que se recuerde, un fracaso con certificado de calidad. Terminamos en nuestra peor posición como anfitriones y aun así encontramos un renglón en la tabla donde presumir. Puro temple fronterizo.
Moraleja para el consumidor: la próxima vez que le tiemble la mano frente al mostrador de las camisetas, recuerde que la paciencia paga dividendos. Quien esperó al fracaso hoy viste igual de verde por la mitad del precio. En Chihuahua, hasta la decepción tiene su temporada de rebajas. Y como buen anfitrión, el Tri nos dejó dos regalos: el noveno lugar del mundo y un guardarropa deportivo a mitad de precio. No es el quinto partido, pero es lo que hay.
El comerciante lo explicó sin una gota de romanticismo: la eliminación enfría la demanda y toca rebajar. Así de brutal es el mercado del fervor. La prenda que iba a acompañarnos hasta el quinto partido —esa meta mítica que perseguimos con la fe de quien reza novenas— hoy comparte estante con lo que no se vendió: descuento, oferta relámpago, 'llévese dos'. El nacionalismo tiene fecha de caducidad, y coincide sospechosamente con el silbatazo final.
Pero los chihuahuenses somos maestros del consuelo estadístico. Resulta que México cerró el Mundial en el lugar 9, por primera vez en la historia arriba de Brasil. Léase de nuevo: quedamos fuera, sí, pero arriba de Brasil. Es la derrota más presumible que se recuerde, un fracaso con certificado de calidad. Terminamos en nuestra peor posición como anfitriones y aun así encontramos un renglón en la tabla donde presumir. Puro temple fronterizo.
Moraleja para el consumidor: la próxima vez que le tiemble la mano frente al mostrador de las camisetas, recuerde que la paciencia paga dividendos. Quien esperó al fracaso hoy viste igual de verde por la mitad del precio. En Chihuahua, hasta la decepción tiene su temporada de rebajas. Y como buen anfitrión, el Tri nos dejó dos regalos: el noveno lugar del mundo y un guardarropa deportivo a mitad de precio. No es el quinto partido, pero es lo que hay.