El agua sale turbia y la Coprisjal manda a sus intermediarios
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Hay servicios públicos que fallan y hay servicios públicos que además te lo hacen saber por el olfato. El agua de la zona metropolitana de Guadalajara entró en esa segunda categoría: los vecinos denuncian que llega turbia y con olor propio, y la conversación ya no es sobre presión ni tandeo, sino sobre si uno debería bañarse o guardar esa agua como muestra para un peritaje.
En el martes comunitario de la colonia Bosques de la Victoria, la queja principal fue justamente esa, y la respuesta de la alcaldesa tapatía combinó el detalle de un futuro plan de inversión con la más tapatía de las peticiones: paciencia. El Gobierno del estado, por su parte, presentó un plan estratégico con más de 30 acciones para intervenir la infraestructura del SIAPA. Treinta acciones suena a mucho, hasta que uno recuerda que el agua sigue saliendo del mismo color mientras las contamos.
El momento cumbre, sin embargo, lo protagonizó la Coprisjal. Organizaciones civiles, colectivos de vecinos y académicos acudieron a reunirse con su titular para presentar quejas y estudios sobre los efectos en la salud, y exigir una alerta sanitaria. El funcionario no llegó: en su lugar mandó "intermediarios". Pocas cosas transmiten tanta serenidad institucional como pedir una alerta sanitaria y que te reciba el suplente del suplente. Los ciudadanos, comprensiblemente, lo tomaron como un desaire y ya anunciaron otra protesta, ahora afuera de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
Mientras tanto, en Puerto Vallarta, el SEAPAL presume 35 años consecutivos de certificación sanitaria de su agua, lo que en el contexto metropolitano suena casi a provocación: alguien en Jalisco sí puede certificar que su agua es potable, solo que queda a cinco horas por carretera. Y por si faltara ironía, la Secretaría de Salud reportó un aumento de infecciones gastrointestinales en el estado. Correlación no es causalidad, dicen los académicos; pero cuando el agua huele así, uno prefiere no probar la teoría en carne propia. La ciudadanía pide algo modesto: agua que se vea, un titular que dé la cara y, si se puede, una alerta emitida por alguien con nombre y apellido, no por un intermediario.
En el martes comunitario de la colonia Bosques de la Victoria, la queja principal fue justamente esa, y la respuesta de la alcaldesa tapatía combinó el detalle de un futuro plan de inversión con la más tapatía de las peticiones: paciencia. El Gobierno del estado, por su parte, presentó un plan estratégico con más de 30 acciones para intervenir la infraestructura del SIAPA. Treinta acciones suena a mucho, hasta que uno recuerda que el agua sigue saliendo del mismo color mientras las contamos.
El momento cumbre, sin embargo, lo protagonizó la Coprisjal. Organizaciones civiles, colectivos de vecinos y académicos acudieron a reunirse con su titular para presentar quejas y estudios sobre los efectos en la salud, y exigir una alerta sanitaria. El funcionario no llegó: en su lugar mandó "intermediarios". Pocas cosas transmiten tanta serenidad institucional como pedir una alerta sanitaria y que te reciba el suplente del suplente. Los ciudadanos, comprensiblemente, lo tomaron como un desaire y ya anunciaron otra protesta, ahora afuera de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
Mientras tanto, en Puerto Vallarta, el SEAPAL presume 35 años consecutivos de certificación sanitaria de su agua, lo que en el contexto metropolitano suena casi a provocación: alguien en Jalisco sí puede certificar que su agua es potable, solo que queda a cinco horas por carretera. Y por si faltara ironía, la Secretaría de Salud reportó un aumento de infecciones gastrointestinales en el estado. Correlación no es causalidad, dicen los académicos; pero cuando el agua huele así, uno prefiere no probar la teoría en carne propia. La ciudadanía pide algo modesto: agua que se vea, un titular que dé la cara y, si se puede, una alerta emitida por alguien con nombre y apellido, no por un intermediario.