El aguacate michoacano sostiene 150 mil empleos, pero nadie le pregunta cómo trae los nervios
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La Secretaría de Desarrollo Económico celebró esta semana, con toda la pompa que merece el oro verde, que la Indicación Geográfica Aguacate Franja Michoacán protege más de 150 mil empleos directos e indirectos. El reconocimiento, nos explican, no solo salvaguarda el origen del fruto, sino la identidad, el patrimonio productivo y una actividad que distingue a la entidad a nivel nacional e internacional. Y es verdad: pocas cosas tan nuestras como el aguacate, esa fruta que exportamos con orgullo y comemos con culto.
La cifra es para presumirse. Ciento cincuenta mil empleos no se sostienen con un tuit ni con un corte de listón; se sostienen con huertas, con temporada, con gente que se levanta antes que el sol. El aguacate michoacano es probablemente el mejor embajador que ha tenido el estado en décadas: viaja más que muchos funcionarios y regresa con mejores resultados.
El detallito, ese que no aparece en el boletín de la Sedeco, es que el mismo estado que celebra sus 150 mil empleos aguacateros es el estado donde la Fiscalía reconoció que las denuncias por extorsión subieron casi 50 por ciento. Y todos en Michoacán sabemos, aunque el comunicado prefiera no deletrearlo, que el oro verde carga con una sombra: la de las cuotas que nadie factura pero todos conocen. El aguacate sostiene al estado con una mano mientras con la otra paga por seguir existiendo.
Así que celebremos, sí, la denominación de origen, el patrimonio y la identidad. Es un logro real y da gusto que Michoacán tenga algo que el mundo entero quiere en su torta y en su ensalada. Pero un reconocimiento geográfico protege el nombre del fruto; lo que urge proteger es a quien lo produce. Que el aguacate tenga certificado de origen está muy bien; que el productor tenga certificado de que va a poder trabajar en paz estaría todavía mejor.
Mientras tanto, el fruto seguirá haciendo lo que mejor sabe: dar empleo, dar prestigio y dar de qué presumir en las giras. Ojalá algún día el boletín que celebra sus 150 mil empleos venga acompañado de otro que celebre 150 mil productores que ya no tienen que mirar por el retrovisor. Ese día, el guacamole sabrá todavía mejor.
La cifra es para presumirse. Ciento cincuenta mil empleos no se sostienen con un tuit ni con un corte de listón; se sostienen con huertas, con temporada, con gente que se levanta antes que el sol. El aguacate michoacano es probablemente el mejor embajador que ha tenido el estado en décadas: viaja más que muchos funcionarios y regresa con mejores resultados.
El detallito, ese que no aparece en el boletín de la Sedeco, es que el mismo estado que celebra sus 150 mil empleos aguacateros es el estado donde la Fiscalía reconoció que las denuncias por extorsión subieron casi 50 por ciento. Y todos en Michoacán sabemos, aunque el comunicado prefiera no deletrearlo, que el oro verde carga con una sombra: la de las cuotas que nadie factura pero todos conocen. El aguacate sostiene al estado con una mano mientras con la otra paga por seguir existiendo.
Así que celebremos, sí, la denominación de origen, el patrimonio y la identidad. Es un logro real y da gusto que Michoacán tenga algo que el mundo entero quiere en su torta y en su ensalada. Pero un reconocimiento geográfico protege el nombre del fruto; lo que urge proteger es a quien lo produce. Que el aguacate tenga certificado de origen está muy bien; que el productor tenga certificado de que va a poder trabajar en paz estaría todavía mejor.
Mientras tanto, el fruto seguirá haciendo lo que mejor sabe: dar empleo, dar prestigio y dar de qué presumir en las giras. Ojalá algún día el boletín que celebra sus 150 mil empleos venga acompañado de otro que celebre 150 mil productores que ya no tienen que mirar por el retrovisor. Ese día, el guacamole sabrá todavía mejor.