'Quiere volar': la CDMX celebró al fútbol lanzando personas al aire y aterrizando en urgencias
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El futbol mexicano se despidió del Mundial con la dignidad de siempre: eliminados, pero enyesados. La Cruz Roja Mexicana informó que atendió a 206 personas el domingo del partido contra Inglaterra, todas con golpes y fracturas por caídas ocurridas en Paseo de la Reforma, entre la Estela de Luz y la Alameda Central. Seis necesitaron traslado al hospital y, para el lunes, ya no quedaba nadie internado por estos motivos. Un saldo relativamente 'ligero' considerando el método de festejo.
Porque aquí viene lo mejor: el coordinador de Socorros de la institución explicó que no se tiene el detalle exacto de fracturas por una práctica conocida como 'quiere volar'. Para los afortunados que no la conocen, consiste en aventar personas al aire en plena euforia, como si el cuerpo humano fuera confeti con hueso. La física es implacable: todo lo que sube, baja, y en Reforma baja sobre el pavimento. Celebrar así a una selección que quedó fuera en octavos es un nivel de compromiso que ni los propios jugadores mostraron en la cancha.
Para atender el desfiguro, la Cruz Roja desplegó nada modesto: 35 ambulancias, 120 paramédicos, cuatro motos y un puesto de mando, un operativo de guerra para una fiesta que terminó en radiografías. Vale la pena guardar la postal: mientras la ciudad presumía derrama económica y viajes récord en el Metro, un ejército de socorristas recogía a la afición que quiso volar sin plan de aterrizaje. La próxima vez, quizá, celebremos con menos gravedad y más sentido común. O al menos con colchoneta.
Porque aquí viene lo mejor: el coordinador de Socorros de la institución explicó que no se tiene el detalle exacto de fracturas por una práctica conocida como 'quiere volar'. Para los afortunados que no la conocen, consiste en aventar personas al aire en plena euforia, como si el cuerpo humano fuera confeti con hueso. La física es implacable: todo lo que sube, baja, y en Reforma baja sobre el pavimento. Celebrar así a una selección que quedó fuera en octavos es un nivel de compromiso que ni los propios jugadores mostraron en la cancha.
Para atender el desfiguro, la Cruz Roja desplegó nada modesto: 35 ambulancias, 120 paramédicos, cuatro motos y un puesto de mando, un operativo de guerra para una fiesta que terminó en radiografías. Vale la pena guardar la postal: mientras la ciudad presumía derrama económica y viajes récord en el Metro, un ejército de socorristas recogía a la afición que quiso volar sin plan de aterrizaje. La próxima vez, quizá, celebremos con menos gravedad y más sentido común. O al menos con colchoneta.