Del gol al perreo: circula video de diputado exfutbolista bailando reguetón en un antro
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Hay carreras que no conocen la banca. Circuló en redes un video en el que presuntamente aparece un diputado federal, también exfutbolista, dentro de un centro nocturno, bailando al ritmo de música urbana —presuntamente reguetón— rodeado de acompañantes. El detalle que convirtió el clip en tendencia: en las imágenes se le ve intentando apartarse de la cámara al percatarse de que lo estaban grabando, ese instante universal en que el cuerpo dice 'aquí no pasó nada' mientras las caderas aún dicen lo contrario.
El timing, como siempre, es lo que le da sabor a la política mexicana. La difusión del video llegó apenas después de otra polémica: días antes, manifestantes habían vandalizado la camioneta del legislador. O sea, la semana empezó con la troca rayada y terminó con el señor en modo verbena urbana. Cualquiera diría que necesitaba desahogarse; los usuarios de redes, en cambio, prefirieron descifrar quién más aparecía en el cuadro, asegurando —sin confirmación— que detrás bailaba un exportero. La cancha se mudó a la pista.
Que conste: bailar no es delito, ni pecado, ni siquiera mal gusto necesariamente, aunque el reguetón invite al debate estético. Lo jugoso es el contraste. En un país donde a los representantes populares se les pide, cuando menos, apariencia de solemnidad entre polémica y polémica, ver a uno esquivando el celular en la penumbra de un antro tiene su poesía. Del vestidor al VIP, del silbatazo al perreo, hay funcionarios que entienden la vida pública como una fiesta que sigue aunque ya se hayan apagado las luces del estadio. Y mientras tanto, la troca ahí, esperando taller.
El timing, como siempre, es lo que le da sabor a la política mexicana. La difusión del video llegó apenas después de otra polémica: días antes, manifestantes habían vandalizado la camioneta del legislador. O sea, la semana empezó con la troca rayada y terminó con el señor en modo verbena urbana. Cualquiera diría que necesitaba desahogarse; los usuarios de redes, en cambio, prefirieron descifrar quién más aparecía en el cuadro, asegurando —sin confirmación— que detrás bailaba un exportero. La cancha se mudó a la pista.
Que conste: bailar no es delito, ni pecado, ni siquiera mal gusto necesariamente, aunque el reguetón invite al debate estético. Lo jugoso es el contraste. En un país donde a los representantes populares se les pide, cuando menos, apariencia de solemnidad entre polémica y polémica, ver a uno esquivando el celular en la penumbra de un antro tiene su poesía. Del vestidor al VIP, del silbatazo al perreo, hay funcionarios que entienden la vida pública como una fiesta que sigue aunque ya se hayan apagado las luces del estadio. Y mientras tanto, la troca ahí, esperando taller.