El Pantano de Sherk no es mío, es del fideicomiso
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Toda administración municipal desarrolla, tarde o temprano, una habilidad esencial: saber exactamente de qué charco es dueña. En Chihuahua capital, el alcalde Marco Bonilla alcanzó esta semana el grado de maestría.
El predio conocido popularmente como el "Pantano de Sherk" —ese hoyo en el Centro Histórico que la ciudadanía bautizó con más ingenio del que se ha invertido en resolverlo— no es responsabilidad del Municipio, aclaró el alcalde. Corresponde al fideicomiso estatal del Centro Histórico. Punto. Y acto seguido, sin pausa, destacó los avances en la rehabilitación del primer cuadro de la ciudad. Es decir: lo bonito del centro es del Municipio, lo pantanoso es del fideicomiso. Una división de labores digna del derecho romano.
Uno agradece la precisión jurídica. De verdad. Porque en México el verdadero deporte nacional no es el futbol —aunque esta semana sesenta millones de personas hayan visto a México contra Inglaterra— sino el señalamiento lateral. El arte de voltear a ver al de junto. El alcalde no dijo que no hubiera pantano. Confirmó que hay pantano. Simplemente informó que el pantano tiene otro dueño, como quien avisa que el perro que se metió a su jardín pertenece al vecino y, por tanto, la caca también.
Y el día de deslindes apenas empezaba. Bonilla también salió a desmentir que el Municipio haya obstaculizado el programa de Viviendas del Bienestar, y para probarlo mostró un oficio del 9 de abril donde ofreció cuatro terrenos: en Jardines de Universidad, en Cumbres Universidad, sobre la calle Mozambique frente al León, y en la salida a Ciudad Juárez. "Estamos en la mejor disposición", dijo. Traducción libre: aquí está el papel, aquí está la fecha, aquí está mi firma, y si las viviendas no se construyen no me vean a mí.
En el mismo día, además, advirtió que podrían cancelarse obras por un recorte federal de 121.5 millones de pesos, la reducción más alta del año. "No pedimos más recursos, sólo que no nos quiten lo que corresponde". Y sobre la propuesta de Alsuper para adquirir un tramo de la calle Anastasio Bustamante, y sobre el proyecto Casa Grande —ese donde el sector hotelero ya sueña con un hotel—: no hay resolución y no ha llegado la solicitud. No se sabe. No se opina. No se firma.
Sumemos el marcador de la jornada. El pantano: del Estado. Las viviendas: de la Federación. El recorte: de Hacienda. Alsuper: no ha llegado el papel. Casa Grande: tampoco. El Municipio, mientras tanto, entregó 34 aparatos ortopédicos en la zona rural y rehabilitó jardineras en la Presidencia.
Que conste que rehabilitar jardineras está muy bien. Pero hay una ironía casi lírica en que la misma semana en que el alcalde se deslinda de un pantano se anuncien trabajos para embellecer las macetas de su propio edificio. La estética municipal en su estado más puro: el jardín de casa impecable, el charco de la esquina en litigio.
Y que quede claro: probablemente el alcalde tenga toda la razón legal. Probablemente el fideicomiso sea, en efecto, el responsable. Probablemente el oficio del 9 de abril exista tal cual. El problema no es la verdad de los hechos. El problema es la sensación creciente de que en Chihuahua nadie es dueño de nada mientras algo esté mal, y todos son dueños de todo apenas algo sale bien.
El vecino que camina por el Centro Histórico y esquiva el pantano no lleva encima el organigrama del fideicomiso estatal. Lleva zapatos. Y los lleva mojados.
El predio conocido popularmente como el "Pantano de Sherk" —ese hoyo en el Centro Histórico que la ciudadanía bautizó con más ingenio del que se ha invertido en resolverlo— no es responsabilidad del Municipio, aclaró el alcalde. Corresponde al fideicomiso estatal del Centro Histórico. Punto. Y acto seguido, sin pausa, destacó los avances en la rehabilitación del primer cuadro de la ciudad. Es decir: lo bonito del centro es del Municipio, lo pantanoso es del fideicomiso. Una división de labores digna del derecho romano.
Uno agradece la precisión jurídica. De verdad. Porque en México el verdadero deporte nacional no es el futbol —aunque esta semana sesenta millones de personas hayan visto a México contra Inglaterra— sino el señalamiento lateral. El arte de voltear a ver al de junto. El alcalde no dijo que no hubiera pantano. Confirmó que hay pantano. Simplemente informó que el pantano tiene otro dueño, como quien avisa que el perro que se metió a su jardín pertenece al vecino y, por tanto, la caca también.
Y el día de deslindes apenas empezaba. Bonilla también salió a desmentir que el Municipio haya obstaculizado el programa de Viviendas del Bienestar, y para probarlo mostró un oficio del 9 de abril donde ofreció cuatro terrenos: en Jardines de Universidad, en Cumbres Universidad, sobre la calle Mozambique frente al León, y en la salida a Ciudad Juárez. "Estamos en la mejor disposición", dijo. Traducción libre: aquí está el papel, aquí está la fecha, aquí está mi firma, y si las viviendas no se construyen no me vean a mí.
En el mismo día, además, advirtió que podrían cancelarse obras por un recorte federal de 121.5 millones de pesos, la reducción más alta del año. "No pedimos más recursos, sólo que no nos quiten lo que corresponde". Y sobre la propuesta de Alsuper para adquirir un tramo de la calle Anastasio Bustamante, y sobre el proyecto Casa Grande —ese donde el sector hotelero ya sueña con un hotel—: no hay resolución y no ha llegado la solicitud. No se sabe. No se opina. No se firma.
Sumemos el marcador de la jornada. El pantano: del Estado. Las viviendas: de la Federación. El recorte: de Hacienda. Alsuper: no ha llegado el papel. Casa Grande: tampoco. El Municipio, mientras tanto, entregó 34 aparatos ortopédicos en la zona rural y rehabilitó jardineras en la Presidencia.
Que conste que rehabilitar jardineras está muy bien. Pero hay una ironía casi lírica en que la misma semana en que el alcalde se deslinda de un pantano se anuncien trabajos para embellecer las macetas de su propio edificio. La estética municipal en su estado más puro: el jardín de casa impecable, el charco de la esquina en litigio.
Y que quede claro: probablemente el alcalde tenga toda la razón legal. Probablemente el fideicomiso sea, en efecto, el responsable. Probablemente el oficio del 9 de abril exista tal cual. El problema no es la verdad de los hechos. El problema es la sensación creciente de que en Chihuahua nadie es dueño de nada mientras algo esté mal, y todos son dueños de todo apenas algo sale bien.
El vecino que camina por el Centro Histórico y esquiva el pantano no lleva encima el organigrama del fideicomiso estatal. Lleva zapatos. Y los lleva mojados.