Hackearon al municipio de León y la respuesta fue redactar un reglamento
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Le hackearon el portal al Municipio de León. La fracción panista en el Ayuntamiento reaccionó con la herramienta más poderosa del arsenal republicano mexicano: van a impulsar un Reglamento de Gobierno Digital, con protocolos de actuación y comunicación ante ciberataques.
En algún sótano, un hacker leyó la noticia y cerró la laptop. "Protocolos de comunicación", murmuró, derrotado.
Es, en serio, un instinto fascinante. La respuesta institucional mexicana ante cualquier fenómeno —desde un ciberataque hasta la lluvia— es normarlo. No detenerlo: normarlo. Redactar los artículos, aprobar el dictamen, publicarlo en la gaceta y descansar con la conciencia limpia. El delito puede seguir ocurriendo, pero ahora ocurre en un marco jurídico ordenado, y eso, convengamos, es otra cosa.
El reglamento propuesto establecerá protocolos de actuación y comunicación. Notemos el segundo. "Comunicación" significa que la próxima vez que tumben el portal, sabremos con exactitud quién debe informarnos, en qué plazo y con qué tono. No sabremos por qué lo tumbaron ni cómo evitarlo, pero el boletín saldrá impecable. Cronometrado. Con logotipo.
Hay algo casi tierno en creer que un ciberataque respeta la normatividad municipal. Los servidores no leen la gaceta. Un firewall no se instala por mayoría calificada. Y la ciberseguridad no es un capítulo del reglamento: es un presupuesto, un equipo, gente capacitada y actualizaciones que nadie ve y nadie inaugura, lo cual explica por qué nadie las quiere pagar. No se les corta listón a los parches de seguridad.
Lo simpático es que Guanajuato ya tiene la pieza que falta y no la usa: el IECA anunció que quiere duplicar sus capacitaciones en ciberseguridad desde su centro de tecnologías de la información. O sea, hay quien enseña. Falta quien estudie. Sugerencia de gestión pública, gratis y sin necesidad de dictamen: antes de aprobar el reglamento, manden al área de sistemas al curso. Es más barato que la sesión de cabildo donde van a discutirlo.
Y hay un dato que redondea el chiste: el INEGI reporta que en Guanajuato el 16.7% de las mujeres usuarias de internet vivió ciberacoso el año pasado. La ciudadanía lleva rato siendo hackeada en su vida cotidiana, sin protocolo de comunicación, sin boletín y sin fracción parlamentaria que se conmueva. Pero eso no tumba una página web con el escudo municipal, así que no genera iniciativa.
Ojalá el nuevo reglamento sea bueno. En serio. Ojalá tenga dientes, presupuesto y alguien que lo aplique. Pero conocemos el género: cientos de artículos, un transitorio que dice que entrará en vigor al día siguiente de su publicación, y una realidad que entró en vigor hace años sin pedirle permiso a nadie.
Mientras tanto, si vuelven a hackear el portal, León ya sabe qué hacer. Redactar. Redactar hasta que el problema se aburra y se vaya.
En algún sótano, un hacker leyó la noticia y cerró la laptop. "Protocolos de comunicación", murmuró, derrotado.
Es, en serio, un instinto fascinante. La respuesta institucional mexicana ante cualquier fenómeno —desde un ciberataque hasta la lluvia— es normarlo. No detenerlo: normarlo. Redactar los artículos, aprobar el dictamen, publicarlo en la gaceta y descansar con la conciencia limpia. El delito puede seguir ocurriendo, pero ahora ocurre en un marco jurídico ordenado, y eso, convengamos, es otra cosa.
El reglamento propuesto establecerá protocolos de actuación y comunicación. Notemos el segundo. "Comunicación" significa que la próxima vez que tumben el portal, sabremos con exactitud quién debe informarnos, en qué plazo y con qué tono. No sabremos por qué lo tumbaron ni cómo evitarlo, pero el boletín saldrá impecable. Cronometrado. Con logotipo.
Hay algo casi tierno en creer que un ciberataque respeta la normatividad municipal. Los servidores no leen la gaceta. Un firewall no se instala por mayoría calificada. Y la ciberseguridad no es un capítulo del reglamento: es un presupuesto, un equipo, gente capacitada y actualizaciones que nadie ve y nadie inaugura, lo cual explica por qué nadie las quiere pagar. No se les corta listón a los parches de seguridad.
Lo simpático es que Guanajuato ya tiene la pieza que falta y no la usa: el IECA anunció que quiere duplicar sus capacitaciones en ciberseguridad desde su centro de tecnologías de la información. O sea, hay quien enseña. Falta quien estudie. Sugerencia de gestión pública, gratis y sin necesidad de dictamen: antes de aprobar el reglamento, manden al área de sistemas al curso. Es más barato que la sesión de cabildo donde van a discutirlo.
Y hay un dato que redondea el chiste: el INEGI reporta que en Guanajuato el 16.7% de las mujeres usuarias de internet vivió ciberacoso el año pasado. La ciudadanía lleva rato siendo hackeada en su vida cotidiana, sin protocolo de comunicación, sin boletín y sin fracción parlamentaria que se conmueva. Pero eso no tumba una página web con el escudo municipal, así que no genera iniciativa.
Ojalá el nuevo reglamento sea bueno. En serio. Ojalá tenga dientes, presupuesto y alguien que lo aplique. Pero conocemos el género: cientos de artículos, un transitorio que dice que entrará en vigor al día siguiente de su publicación, y una realidad que entró en vigor hace años sin pedirle permiso a nadie.
Mientras tanto, si vuelven a hackear el portal, León ya sabe qué hacer. Redactar. Redactar hasta que el problema se aburra y se vaya.