En La Piedad los monos araña salen a pasear y el zoológico es la banqueta
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Detectaron al menos quince monos araña y aulladores adquiridos ilegalmente en La Piedad. Quince. Y el detalle que convierte la nota en un documento antropológico es este: a las personas que los tienen bajo su propiedad se les ha visto traerlos por las calles del municipio. Paseándolos. Como quien saca al schnauzer.
Algo pasó en La Piedad y nadie nos avisó. Uno se imagina la banqueta de la plaza principal, el helado de garrafa, la novia esperando afuera de la farmacia, y de pronto un señor en camisa de vestir avanzando con un mono araña sobre el hombro y saludando como si nada, porque en la vida hay que tener personalidad. El aullador, mientras tanto, cumple con su nombre a las seis de la mañana y despierta a tres cuadras. Los vecinos ya ni se asoman: creen que es el camión del gas.
Hay algo profundamente mexicano en esto. Otros países tienen tráfico de fauna clandestino, discreto, escondido en bodegas. Aquí lo sacamos a la calle. Aquí lo exhibimos. Porque de qué sirve tener un primate en peligro de extinción si el compadre no lo ve. La ilegalidad silenciosa es de gente sin ambición; nosotros la queremos con público, con vueltita al kiosco, con foto.
El mono araña, además, es un animal social, inteligente, que en la naturaleza vive en grupos y se cuelga de los árboles del bosque tropical. En La Piedad se cuelga del brazo de un señor que le enseñó a dar la pata. Es como comprar un Stradivarius para usarlo de charola. Y aquí conviene apuntar que estas especies están protegidas por la ley, y que quienes las tienen no las están cuidando: las están coleccionando, que no es lo mismo, aunque duela.
No es un caso aislado en la región. La FGR mantiene abierta una investigación por un tigre y una leona rescatados en Ecuandureo y Jiquilpan, encontrados en condiciones inadecuadas que afectaron su desarrollo. Los trasladaron a zoológicos donde ahora sí los resguardan. Es decir: hay un tramo de Michoacán donde la fauna africana y la amazónica se dan cita como si esto fuera una expedición del siglo XIX con muy mala logística. El único que no ha aparecido es el elefante, y solo porque no cabe en la Nissan.
Alguien dirá que hay temas más importantes. Los hay, y en esta misma edición los contamos. Pero conviene retener la postal: en un estado donde miles de personas se desplazan huyendo de la violencia, donde hay comunidades que no pueden salir a sus parcelas, quince monos de selva pasean tranquilos por el centro de La Piedad al lado de su dueño. La libertad de tránsito está bien repartida. Solo que le tocó a la especie equivocada.
Por lo pronto, las autoridades saben dónde están y quiénes los traen. Es un buen comienzo. Ojalá el operativo sea de día, porque ya vimos lo que pasa en Michoacán con lo que se hace de noche.
Algo pasó en La Piedad y nadie nos avisó. Uno se imagina la banqueta de la plaza principal, el helado de garrafa, la novia esperando afuera de la farmacia, y de pronto un señor en camisa de vestir avanzando con un mono araña sobre el hombro y saludando como si nada, porque en la vida hay que tener personalidad. El aullador, mientras tanto, cumple con su nombre a las seis de la mañana y despierta a tres cuadras. Los vecinos ya ni se asoman: creen que es el camión del gas.
Hay algo profundamente mexicano en esto. Otros países tienen tráfico de fauna clandestino, discreto, escondido en bodegas. Aquí lo sacamos a la calle. Aquí lo exhibimos. Porque de qué sirve tener un primate en peligro de extinción si el compadre no lo ve. La ilegalidad silenciosa es de gente sin ambición; nosotros la queremos con público, con vueltita al kiosco, con foto.
El mono araña, además, es un animal social, inteligente, que en la naturaleza vive en grupos y se cuelga de los árboles del bosque tropical. En La Piedad se cuelga del brazo de un señor que le enseñó a dar la pata. Es como comprar un Stradivarius para usarlo de charola. Y aquí conviene apuntar que estas especies están protegidas por la ley, y que quienes las tienen no las están cuidando: las están coleccionando, que no es lo mismo, aunque duela.
No es un caso aislado en la región. La FGR mantiene abierta una investigación por un tigre y una leona rescatados en Ecuandureo y Jiquilpan, encontrados en condiciones inadecuadas que afectaron su desarrollo. Los trasladaron a zoológicos donde ahora sí los resguardan. Es decir: hay un tramo de Michoacán donde la fauna africana y la amazónica se dan cita como si esto fuera una expedición del siglo XIX con muy mala logística. El único que no ha aparecido es el elefante, y solo porque no cabe en la Nissan.
Alguien dirá que hay temas más importantes. Los hay, y en esta misma edición los contamos. Pero conviene retener la postal: en un estado donde miles de personas se desplazan huyendo de la violencia, donde hay comunidades que no pueden salir a sus parcelas, quince monos de selva pasean tranquilos por el centro de La Piedad al lado de su dueño. La libertad de tránsito está bien repartida. Solo que le tocó a la especie equivocada.
Por lo pronto, las autoridades saben dónde están y quiénes los traen. Es un buen comienzo. Ojalá el operativo sea de día, porque ya vimos lo que pasa en Michoacán con lo que se hace de noche.