La verdad es la verdad, y también lo era la otra
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Existe un género literario mexicano poco estudiado: el comunicado diplomático que dice exactamente lo que hace falta para no decir nada. Esta semana tuvimos una obra maestra.
La Fiscalía General de la República informó que ya identificó al piloto que presuntamente participó en el traslado de Ismael Zambada a Estados Unidos en julio de 2024. La fiscal Ernestina Godoy sostuvo que la investigación encontró múltiples anomalías en las diligencias realizadas en instalaciones del FBI, y planteó una hipótesis que tiene la elegancia de un dominó cayendo: el presunto secuestro pudo estar relacionado con el cambio de medida cautelar otorgado a Ovidio Guzmán, su ingreso al programa de testigos protegidos y la posterior recepción de 17 de sus familiares por parte del gobierno estadounidense. La FGR también sostiene que se habría vulnerado el principio de buena fe, norma esencial de las relaciones diplomáticas y, aparentemente, opcional.
El fiscal David Boone de la Garza aportó el dato que debería aparecer en los libros de texto: el piloto había sido deportado a México, fue detenido aquí por portación de armas y reenviado a Estados Unidos sin que nadie revisara su historial. Dos aparatos de seguridad nacional, presupuestos combinados de escándalo, bases de datos, convenios de cooperación, y el señor pasó de un país a otro con menos escrutinio que una maleta de mano.
Entonces habló Ken Salazar. El exembajador negó por X que se tratara de un avión, un piloto o una operación de Estados Unidos, recordó que tanto él como el entonces fiscal general Merrick Garland se comunicaron con el gobierno mexicano el 25 y 26 de julio de 2024 para informar sobre las detenciones, y remató con la frase: “la verdad es la verdad”.
Con todo respeto: nadie ha impugnado ese principio. La tautología goza de excelente salud. El asunto es que la presidenta Sheinbaum recordó que en 2024 el exembajador aseguró que ninguna agencia estadounidense había participado en el traslado, y que después se conocieron versiones sobre la intervención del FBI. Su reclamo fue quirúrgico: “no se puede decir una cosa y después decir otra al gobierno”. La verdad, en efecto, es la verdad. El problema son las verdades en plural, que es donde empieza la diplomacia.
Mientras tanto, Salazar promueve Borderlands, su libro. En entrevista con Jorge Ramos declaró que durante su encargo nunca recibió pruebas que respaldaran las versiones sobre un presunto vínculo entre el expresidente López Obrador y el narcotráfico. Es una declaración importante y también un recordatorio de que hemos llegado al punto en que la política exterior de dos países se aclara en gira de promoción editorial. Dentro de poco, la Cancillería tendrá que acreditar reseñistas.
La Secretaría de Relaciones Exteriores, por su parte, decidió transparentar los documentos sobre las solicitudes de detención con fines de extradición contra funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa, insistiendo en que México no protegerá a quien haya cometido un delito pero que todo proceso deberá sustentarse en pruebas. Es la postura correcta. También es, hay que decirlo, la postura que se adopta cuando uno ya vio a dónde va esto.
Que conste el resumen: hay una investigación abierta, hay documentos públicos, hay un piloto con nombre, hay un exembajador con libro y hay dos gobiernos explicándose por redes sociales. La verdad es la verdad. Lo que nunca prometió nadie es que fuera puntual.
La Fiscalía General de la República informó que ya identificó al piloto que presuntamente participó en el traslado de Ismael Zambada a Estados Unidos en julio de 2024. La fiscal Ernestina Godoy sostuvo que la investigación encontró múltiples anomalías en las diligencias realizadas en instalaciones del FBI, y planteó una hipótesis que tiene la elegancia de un dominó cayendo: el presunto secuestro pudo estar relacionado con el cambio de medida cautelar otorgado a Ovidio Guzmán, su ingreso al programa de testigos protegidos y la posterior recepción de 17 de sus familiares por parte del gobierno estadounidense. La FGR también sostiene que se habría vulnerado el principio de buena fe, norma esencial de las relaciones diplomáticas y, aparentemente, opcional.
El fiscal David Boone de la Garza aportó el dato que debería aparecer en los libros de texto: el piloto había sido deportado a México, fue detenido aquí por portación de armas y reenviado a Estados Unidos sin que nadie revisara su historial. Dos aparatos de seguridad nacional, presupuestos combinados de escándalo, bases de datos, convenios de cooperación, y el señor pasó de un país a otro con menos escrutinio que una maleta de mano.
Entonces habló Ken Salazar. El exembajador negó por X que se tratara de un avión, un piloto o una operación de Estados Unidos, recordó que tanto él como el entonces fiscal general Merrick Garland se comunicaron con el gobierno mexicano el 25 y 26 de julio de 2024 para informar sobre las detenciones, y remató con la frase: “la verdad es la verdad”.
Con todo respeto: nadie ha impugnado ese principio. La tautología goza de excelente salud. El asunto es que la presidenta Sheinbaum recordó que en 2024 el exembajador aseguró que ninguna agencia estadounidense había participado en el traslado, y que después se conocieron versiones sobre la intervención del FBI. Su reclamo fue quirúrgico: “no se puede decir una cosa y después decir otra al gobierno”. La verdad, en efecto, es la verdad. El problema son las verdades en plural, que es donde empieza la diplomacia.
Mientras tanto, Salazar promueve Borderlands, su libro. En entrevista con Jorge Ramos declaró que durante su encargo nunca recibió pruebas que respaldaran las versiones sobre un presunto vínculo entre el expresidente López Obrador y el narcotráfico. Es una declaración importante y también un recordatorio de que hemos llegado al punto en que la política exterior de dos países se aclara en gira de promoción editorial. Dentro de poco, la Cancillería tendrá que acreditar reseñistas.
La Secretaría de Relaciones Exteriores, por su parte, decidió transparentar los documentos sobre las solicitudes de detención con fines de extradición contra funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa, insistiendo en que México no protegerá a quien haya cometido un delito pero que todo proceso deberá sustentarse en pruebas. Es la postura correcta. También es, hay que decirlo, la postura que se adopta cuando uno ya vio a dónde va esto.
Que conste el resumen: hay una investigación abierta, hay documentos públicos, hay un piloto con nombre, hay un exembajador con libro y hay dos gobiernos explicándose por redes sociales. La verdad es la verdad. Lo que nunca prometió nadie es que fuera puntual.