Pendientes que no bajan de nivel: el Congreso se llena mientras la presa se vacía
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Hay en Chihuahua dos cuerpos que vigilan su nivel con la misma cara de angustia. Uno es la presa más importante del estado, que ya soltó más de 351 millones de metros cúbicos para regar Delicias y Camargo y ahora espera —con la fe del que mira al cielo en mayo— a que las lluvias le devuelvan lo prestado. El otro es el Congreso local, que en lugar de vaciarse de pendientes los va guardando como quien acumula agua para la sequía electoral que ya se asoma.
Lo anunció el coordinador del PAN, Alfredo Chávez: el próximo periodo ordinario vendrá cargadito. Reforma electoral, Ley Vicaria, presupuesto 2027 y, por si faltara caudal, debates sobre seguridad, familia, inteligencia artificial y combate a las adicciones. Todo en el mismo costal, como despensa decembrina. Uno escucha en la misma frase 'inteligencia artificial' y 'combate a las adicciones' y no sabe si están legislando para el futuro o pidiéndole al algoritmo que les ayude a desahogar el rezago que cargan desde hace varias administraciones. Si la IA de veras fuera tan lista, ya habría aprobado el presupuesto sola y se habría ido a comer burritos.
La coincidencia es bella: la presa libera agua para los productores, que esperan paciencia divina; y el Congreso libera promesas para los ciudadanos, que esperan con la misma resignación de quien deja correr el agua a ver si moja a alguien. Los productores miran las nubes. Los demás miramos la Gaceta. Ambos rezamos para que algo baje a tiempo.
Y para que nadie acuse de improvisado al chihuahuense, conviene recordar que esto de fundar cosas y dejarlas a medio terminar viene con pedigrí. El asentamiento que hoy presume siglos de historia fue impulsado por el capitán don Bernardo Antonio de Bustamante Tagle, quien plantó bandera, repartió tareas y, suponemos, también dejó algún pendiente apuntado para el siguiente periodo ordinario. La tradición de heredar la chamba al que sigue viene certificada con escritura antigua y tinta de la buena.
Así que aquí estamos, fieles a la herencia: una presa que da y espera que le regresen, un Congreso que promete y espera que le crean, y una agenda tan larga que para 2027 ya cabe reforma electoral, Ley Vicaria, presupuesto y hasta un curso de IA para que los señores diputados aprendan a usar la IA que tanto mencionan.
Mientras tanto, el productor de Camargo seguirá oteando el horizonte por una nube, el legislador seguirá oteando la encuesta por un voto, y el resto del estado seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer desde tiempos del capitán Bustamante: esperar. Que llueva, que se apruebe, que baje. Lo que sea, pero que baje pronto, porque a este paso el único nivel que sube en Chihuahua es el de la paciencia.
Lo anunció el coordinador del PAN, Alfredo Chávez: el próximo periodo ordinario vendrá cargadito. Reforma electoral, Ley Vicaria, presupuesto 2027 y, por si faltara caudal, debates sobre seguridad, familia, inteligencia artificial y combate a las adicciones. Todo en el mismo costal, como despensa decembrina. Uno escucha en la misma frase 'inteligencia artificial' y 'combate a las adicciones' y no sabe si están legislando para el futuro o pidiéndole al algoritmo que les ayude a desahogar el rezago que cargan desde hace varias administraciones. Si la IA de veras fuera tan lista, ya habría aprobado el presupuesto sola y se habría ido a comer burritos.
La coincidencia es bella: la presa libera agua para los productores, que esperan paciencia divina; y el Congreso libera promesas para los ciudadanos, que esperan con la misma resignación de quien deja correr el agua a ver si moja a alguien. Los productores miran las nubes. Los demás miramos la Gaceta. Ambos rezamos para que algo baje a tiempo.
Y para que nadie acuse de improvisado al chihuahuense, conviene recordar que esto de fundar cosas y dejarlas a medio terminar viene con pedigrí. El asentamiento que hoy presume siglos de historia fue impulsado por el capitán don Bernardo Antonio de Bustamante Tagle, quien plantó bandera, repartió tareas y, suponemos, también dejó algún pendiente apuntado para el siguiente periodo ordinario. La tradición de heredar la chamba al que sigue viene certificada con escritura antigua y tinta de la buena.
Así que aquí estamos, fieles a la herencia: una presa que da y espera que le regresen, un Congreso que promete y espera que le crean, y una agenda tan larga que para 2027 ya cabe reforma electoral, Ley Vicaria, presupuesto y hasta un curso de IA para que los señores diputados aprendan a usar la IA que tanto mencionan.
Mientras tanto, el productor de Camargo seguirá oteando el horizonte por una nube, el legislador seguirá oteando la encuesta por un voto, y el resto del estado seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer desde tiempos del capitán Bustamante: esperar. Que llueva, que se apruebe, que baje. Lo que sea, pero que baje pronto, porque a este paso el único nivel que sube en Chihuahua es el de la paciencia.