El Mundial dejó once mil millones y a Jalisco se le perdieron dieciocho mil empleos
Tamaño de letra
Hay una forma muy jalisciense de ganar: se llama ganar en el papel.
El gobierno estatal presume que el Mundial de Futbol dejó una derrama turística superior a los 11 mil millones de pesos, además de conectividad aérea histórica y proyección internacional. Bravo. Aplausos. Confeti. El mismo mes, los datos del IMSS informan que Jalisco perdió 18 mil 626 empleos formales en junio. Sí: el mes de la fiesta, el mes en que el sector patronal había pronosticado hasta 10 mil empleos temporales gracias a la justa deportiva.
De los 10 mil empleos prometidos pasamos a 18 mil 626 empleos perdidos. Es un margen de error de veintiocho mil personas. Si un meteorólogo fallara así, diría que hoy hay lluvia ligera y nos caería granizo por el techo.
La Coparmex, con esa prosa que siempre suena a nota de pésame corporativo, manifestó su "preocupación" y llamó a "reforzar las agendas de trabajo entre Gobierno, Iniciativa Privada y sociedad". Traducción del gremio al español: nadie sabe qué pasó y vamos a tener una junta. Los números de contexto, cortesía de otro conteo, son igual de festivos: en lo que va del año, Jalisco ha creado cinco mil 585 empleos formales, el 21 por ciento de lo planeado para 2026, y entre enero y junio se perdieron mil 792 registros patronales. Mil setecientos noventa y dos patrones que ya no son patrones. Eso ya no es una desaceleración, es un desalojo.
Pero volvamos a la derrama. ¿Cómo se llegó a los once mil millones? Los propios hoteleros lo explican con una franqueza que se agradece: la ocupación fue baja —no vino tanta gente como se esperaba, ni aquí ni en el resto de Norteamérica— pero la estrategia de precios altos salvó la temporada. Es decir: no llegaron más turistas, se les cobró más caro a los que llegaron. En el argot del turismo se le llama "gestión dinámica de tarifas". En el argot de la Central Camionera se le llama de otro modo.
Y luego está el costo que no aparece en la contabilidad. Académicos de la Universidad de Guadalajara señalan que para montar el Fan Fest se cerraron espacios públicos y se desplazó a personas en situación de calle. La ciudad, que no consiguió generar empleos ni llenar hoteles, sí logró con eficiencia militar mover de lugar a los más pobres para que no aparecieran en el plano general de la transmisión. Ahí sí hubo logística. Ahí sí hubo presupuesto. Ahí sí hubo resultados.
El Fan Fest fue precioso, dicho sea sin ironía: se vieron banderas marroquíes ondeando en la Plaza de la Liberación, tapatíos adoptando selecciones ajenas, un palestino diciendo que aquí se sintió escuchado. Todo eso es cierto y es hermoso y no se lo quita nadie a la ciudad. El punto es otro: la fiesta terminó, se levantaron las vallas, se guardaron las pantallas gigantes, y lo que quedó fue una nómina más corta y una promesa de derrama que ningún desempleado puede depositar en su cuenta.
Se fueron los turistas, se fueron los goles, se fue el confeti. Regresaron los recibos. Bienvenidos al legado.
El gobierno estatal presume que el Mundial de Futbol dejó una derrama turística superior a los 11 mil millones de pesos, además de conectividad aérea histórica y proyección internacional. Bravo. Aplausos. Confeti. El mismo mes, los datos del IMSS informan que Jalisco perdió 18 mil 626 empleos formales en junio. Sí: el mes de la fiesta, el mes en que el sector patronal había pronosticado hasta 10 mil empleos temporales gracias a la justa deportiva.
De los 10 mil empleos prometidos pasamos a 18 mil 626 empleos perdidos. Es un margen de error de veintiocho mil personas. Si un meteorólogo fallara así, diría que hoy hay lluvia ligera y nos caería granizo por el techo.
La Coparmex, con esa prosa que siempre suena a nota de pésame corporativo, manifestó su "preocupación" y llamó a "reforzar las agendas de trabajo entre Gobierno, Iniciativa Privada y sociedad". Traducción del gremio al español: nadie sabe qué pasó y vamos a tener una junta. Los números de contexto, cortesía de otro conteo, son igual de festivos: en lo que va del año, Jalisco ha creado cinco mil 585 empleos formales, el 21 por ciento de lo planeado para 2026, y entre enero y junio se perdieron mil 792 registros patronales. Mil setecientos noventa y dos patrones que ya no son patrones. Eso ya no es una desaceleración, es un desalojo.
Pero volvamos a la derrama. ¿Cómo se llegó a los once mil millones? Los propios hoteleros lo explican con una franqueza que se agradece: la ocupación fue baja —no vino tanta gente como se esperaba, ni aquí ni en el resto de Norteamérica— pero la estrategia de precios altos salvó la temporada. Es decir: no llegaron más turistas, se les cobró más caro a los que llegaron. En el argot del turismo se le llama "gestión dinámica de tarifas". En el argot de la Central Camionera se le llama de otro modo.
Y luego está el costo que no aparece en la contabilidad. Académicos de la Universidad de Guadalajara señalan que para montar el Fan Fest se cerraron espacios públicos y se desplazó a personas en situación de calle. La ciudad, que no consiguió generar empleos ni llenar hoteles, sí logró con eficiencia militar mover de lugar a los más pobres para que no aparecieran en el plano general de la transmisión. Ahí sí hubo logística. Ahí sí hubo presupuesto. Ahí sí hubo resultados.
El Fan Fest fue precioso, dicho sea sin ironía: se vieron banderas marroquíes ondeando en la Plaza de la Liberación, tapatíos adoptando selecciones ajenas, un palestino diciendo que aquí se sintió escuchado. Todo eso es cierto y es hermoso y no se lo quita nadie a la ciudad. El punto es otro: la fiesta terminó, se levantaron las vallas, se guardaron las pantallas gigantes, y lo que quedó fue una nómina más corta y una promesa de derrama que ningún desempleado puede depositar en su cuenta.
Se fueron los turistas, se fueron los goles, se fue el confeti. Regresaron los recibos. Bienvenidos al legado.