El portal Sin Filas de León cumple nueve días garantizando fila
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El gobierno digital de León lleva nueve días demostrando su verdadera vocación: la contemplación.
La página municipal entra y sale del mundo de los vivos con la irregularidad de un enfermo terminal. A ratos carga. A ratos no. Y el enlace estrella, ese que se llama —y aquí conviene detenerse, respirar y saborear— sinfilas.leon.gob.mx, sigue inactivo.
Es, sin exagerar, la pieza de humor involuntario más lograda del año en Guanajuato. Un dominio bautizado "sin filas" que produce fila. No la fila digital, no: la de a de veras, la de banqueta, la de señora con carpeta, la de "¿ya llegó el de la ventanilla tres?". El link no funciona, entonces la gente va. Y va donde siempre fue. Y espera lo que siempre esperó. El sistema es perfectamente circular, casi budista.
Uno imagina la reunión donde se eligió el nombre. Alguien propuso "trámites en línea". Muy plano. Alguien dijo "León Digital". Muy noventas. Y entonces el visionario, el hombre del momento, se levantó y dijo: sin filas. Aplausos. Presupuesto aprobado. Nadie preguntó qué pasaba si el servidor se caía nueve días. Nadie pregunta eso nunca; es de mal gusto, es de pesimista, es de no creer en el proyecto.
Lo notable no es la caída. Los servidores se caen; hasta los de las empresas serias. Lo notable es la duración y, sobre todo, el silencio. Nueve días es tiempo suficiente para reinstalar un sistema operativo, contratar a un becario de sistemas, aprender a programar desde cero, o al menos publicar un aviso que diga: perdón, andamos mal, vengan en persona, traigan sombrilla.
En cambio, lo que hay es intermitencia. Ese estado cuántico donde el trámite existe y no existe hasta que el ciudadano abre el navegador y colapsa la función de onda, generalmente hacia el lado triste.
Y mientras tanto, el mismo municipio le recortó trece por ciento las corridas al transporte público por vacaciones. Así que el leonés que no pudo hacer su trámite en línea tampoco tiene camión para ir a hacerlo en persona. Es una arquitectura de servicios francamente elegante: se ha logrado que el ciudadano no pueda llegar ni por internet ni por asfalto.
Quedan las opciones tradicionales. Caminar. Rezar. O marcarle al 911 y pedir una pizza, que según se ve, es lo único en esta ciudad que llega a tiempo.
La página municipal entra y sale del mundo de los vivos con la irregularidad de un enfermo terminal. A ratos carga. A ratos no. Y el enlace estrella, ese que se llama —y aquí conviene detenerse, respirar y saborear— sinfilas.leon.gob.mx, sigue inactivo.
Es, sin exagerar, la pieza de humor involuntario más lograda del año en Guanajuato. Un dominio bautizado "sin filas" que produce fila. No la fila digital, no: la de a de veras, la de banqueta, la de señora con carpeta, la de "¿ya llegó el de la ventanilla tres?". El link no funciona, entonces la gente va. Y va donde siempre fue. Y espera lo que siempre esperó. El sistema es perfectamente circular, casi budista.
Uno imagina la reunión donde se eligió el nombre. Alguien propuso "trámites en línea". Muy plano. Alguien dijo "León Digital". Muy noventas. Y entonces el visionario, el hombre del momento, se levantó y dijo: sin filas. Aplausos. Presupuesto aprobado. Nadie preguntó qué pasaba si el servidor se caía nueve días. Nadie pregunta eso nunca; es de mal gusto, es de pesimista, es de no creer en el proyecto.
Lo notable no es la caída. Los servidores se caen; hasta los de las empresas serias. Lo notable es la duración y, sobre todo, el silencio. Nueve días es tiempo suficiente para reinstalar un sistema operativo, contratar a un becario de sistemas, aprender a programar desde cero, o al menos publicar un aviso que diga: perdón, andamos mal, vengan en persona, traigan sombrilla.
En cambio, lo que hay es intermitencia. Ese estado cuántico donde el trámite existe y no existe hasta que el ciudadano abre el navegador y colapsa la función de onda, generalmente hacia el lado triste.
Y mientras tanto, el mismo municipio le recortó trece por ciento las corridas al transporte público por vacaciones. Así que el leonés que no pudo hacer su trámite en línea tampoco tiene camión para ir a hacerlo en persona. Es una arquitectura de servicios francamente elegante: se ha logrado que el ciudadano no pueda llegar ni por internet ni por asfalto.
Quedan las opciones tradicionales. Caminar. Rezar. O marcarle al 911 y pedir una pizza, que según se ve, es lo único en esta ciudad que llega a tiempo.