La Fiscalía Anticorrupción recuperó 2.6 millones en un año; el museo del Palacio Municipal costará cinco
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Hagamos aritmética michoacana, que es como la aritmética normal pero con más resignación.
La Fiscalía Anticorrupción de Michoacán recuperó 2.6 millones de pesos en un año. Ese es el número. Doce meses de investigaciones, carpetas, audiencias, oficios, cafés fríos y coches oficiales para regresar al erario dos punto seis millones de pesos.
En el mismo estado, en la misma semana, el Ayuntamiento de Morelia anunció que invertirá 5 millones de pesos en la adecuación del Palacio Municipal para convertirlo en museo. Cinco. Casi el doble de lo que la anticorrupción rescató en un año completo.
Es decir: si toda la Fiscalía Anticorrupción trabajara exclusivamente para financiar el museo del Palacio Municipal, necesitaría aproximadamente dos años. Dos años de combate frontal a la corrupción para pagar unas vitrinas, un poco de iluminación museográfica y las cédulas explicativas.
No es que 2.6 millones sean un fracaso absoluto. Es que son un número que se siente. Se siente pequeño. Se siente como cuando uno hace el corte de caja del changarro y descubre que trabajó todo el día para pagar la luz.
La propia Fiscalía apunta, con razón, que hay procesos abiertos: contra exalcaldes, exsecretarios municipales, un director de policía estatal, otros servidores públicos. Es cierto, y hay que decirlo: procesar no es lo mismo que recuperar. Uno puede ganar el juicio y descubrir que el dinero ya se fue de vacaciones a un lugar donde no hay tratados de extradición patrimonial.
Y hay más chamba en camino. La FGE investiga a otros tres exfuncionarios por la compra de software en el Congreso de Michoacán, además de los tres exservidores públicos del Poder Legislativo ya vinculados a proceso. Seis nombres alrededor de un software. Uno se imagina el programa: iconos brillantes, una pantalla de carga interminable, un botón que dice "Legislar" y que al presionarlo abre el Solitario.
Lo que revela el número no es incompetencia necesariamente. Revela proporción. La corrupción en México no se combate con una fiscalía; se combate con un sistema que haga que robar sea difícil, aburrido y caro. Cuando el único dique es una oficina con presupuesto modesto y una lista de exfuncionarios, el resultado natural es este: 2.6 millones, un aplauso tibio, y el siguiente expediente.
Mientras tanto, en Tumbiscatío un ciudadano denunció que un regidor sigue cobrando como médico general. El caso ha pasado por la Secoem, por la Auditoría Superior de Michoacán, por la Contraloría municipal y por el alcalde. Nadie resuelve el fondo. El Congreso declaró improcedente el juicio. El expediente ya conoce más oficinas que el propio regidor.
Así que sí: pongámosle museo al Palacio Municipal. Está bien. Es bonito. Que haya salas, que haya recorridos guiados, que los niños de primaria conozcan la historia de Morelia. Pero pidamos también una sala pequeña, discreta, al fondo. Una sola vitrina, con luz cálida, perfectamente vacía. Y debajo, una cédula que explique, con letra elegante, cuánto se recuperó y cuánto se fue.
Sería el objeto más didáctico del acervo.
La Fiscalía Anticorrupción de Michoacán recuperó 2.6 millones de pesos en un año. Ese es el número. Doce meses de investigaciones, carpetas, audiencias, oficios, cafés fríos y coches oficiales para regresar al erario dos punto seis millones de pesos.
En el mismo estado, en la misma semana, el Ayuntamiento de Morelia anunció que invertirá 5 millones de pesos en la adecuación del Palacio Municipal para convertirlo en museo. Cinco. Casi el doble de lo que la anticorrupción rescató en un año completo.
Es decir: si toda la Fiscalía Anticorrupción trabajara exclusivamente para financiar el museo del Palacio Municipal, necesitaría aproximadamente dos años. Dos años de combate frontal a la corrupción para pagar unas vitrinas, un poco de iluminación museográfica y las cédulas explicativas.
No es que 2.6 millones sean un fracaso absoluto. Es que son un número que se siente. Se siente pequeño. Se siente como cuando uno hace el corte de caja del changarro y descubre que trabajó todo el día para pagar la luz.
La propia Fiscalía apunta, con razón, que hay procesos abiertos: contra exalcaldes, exsecretarios municipales, un director de policía estatal, otros servidores públicos. Es cierto, y hay que decirlo: procesar no es lo mismo que recuperar. Uno puede ganar el juicio y descubrir que el dinero ya se fue de vacaciones a un lugar donde no hay tratados de extradición patrimonial.
Y hay más chamba en camino. La FGE investiga a otros tres exfuncionarios por la compra de software en el Congreso de Michoacán, además de los tres exservidores públicos del Poder Legislativo ya vinculados a proceso. Seis nombres alrededor de un software. Uno se imagina el programa: iconos brillantes, una pantalla de carga interminable, un botón que dice "Legislar" y que al presionarlo abre el Solitario.
Lo que revela el número no es incompetencia necesariamente. Revela proporción. La corrupción en México no se combate con una fiscalía; se combate con un sistema que haga que robar sea difícil, aburrido y caro. Cuando el único dique es una oficina con presupuesto modesto y una lista de exfuncionarios, el resultado natural es este: 2.6 millones, un aplauso tibio, y el siguiente expediente.
Mientras tanto, en Tumbiscatío un ciudadano denunció que un regidor sigue cobrando como médico general. El caso ha pasado por la Secoem, por la Auditoría Superior de Michoacán, por la Contraloría municipal y por el alcalde. Nadie resuelve el fondo. El Congreso declaró improcedente el juicio. El expediente ya conoce más oficinas que el propio regidor.
Así que sí: pongámosle museo al Palacio Municipal. Está bien. Es bonito. Que haya salas, que haya recorridos guiados, que los niños de primaria conozcan la historia de Morelia. Pero pidamos también una sala pequeña, discreta, al fondo. Una sola vitrina, con luz cálida, perfectamente vacía. Y debajo, una cédula que explique, con letra elegante, cuánto se recuperó y cuánto se fue.
Sería el objeto más didáctico del acervo.