Hay un payaso suelto en la zona oriente de Morelia y es lo único que la policía puede resolver rápido
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Buenas noticias, Morelia: la Policía Municipal ya sabe dónde está el payaso.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Morelia, José Pablo Alarcón Olmedo, informó que no existen denuncias formales por el hombre vestido de payaso que ha sido reportado en la zona oriente de la ciudad, pero que ya hay personal de la corporación desplegado en el área para detenerlo por faltas administrativas.
Léase con calma: **no hay denuncias**, pero **ya hay operativo**. Es, hay que reconocerlo, una eficiencia notable. Ninguna víctima, ningún expediente, cero papeleo, y aun así la corporación en la calle. Si tan solo pudiéramos aplicar ese modelo a los demás rubros de la vida pública michoacana, ya habríamos resuelto medio estado.
Porque el contraste es cruel. Un ciudadano en Tumbiscatío denuncia formalmente, con nombre y apellido, que un regidor sigue cobrando como médico general, y el expediente lleva meses de gira turística por la Secoem, la Auditoría Superior de Michoacán, la Contraloría municipal y la oficina del alcalde, sin que nadie resuelva el fondo. Denuncia real, cero operativo. Payaso sin denuncia, operativo inmediato.
La moraleja para el ciudadano michoacano es clara: si quieres que te hagan caso, ponte una nariz roja.
Ahora bien, seamos justos con la policía. Un payaso deambulando de noche en la zona oriente genera alarma, genera videos, genera grupos de WhatsApp incendiados a las once de la noche con audios de dos minutos. Y la alarma es real aunque el delito no exista. Este es el mundo en que vivimos: la ansiedad colectiva se organiza más rápido que cualquier institución.
Lo que el episodio revela es cuán baja tenemos la vara. Nos consuela ver a la autoridad reaccionar por algo, aunque ese algo sea un señor disfrazado. Es la política del gesto: el operativo como terapia municipal.
Y mientras tanto, en la misma semana, en el Periférico de Morelia un motociclista perdió la vida al impactarse contra una división de concreto a la altura de la colonia Nicolaitas Ilustres, intentando incorporarse de los carriles centrales al lateral. No hubo operativo. No hubo despliegue. Hubo un muerto y un tramo de concreto que sigue exactamente donde estaba, esperando al siguiente.
Esa es la geometría del asunto. El payaso es visible, fotografiable, compartible. La división de concreto es aburrida. No sale en TikTok. No genera pánico moral. Solo mata gente, de vez en cuando, en silencio, sin disfraz.
Así que sí: atrapen al payaso. Levántenle sus faltas administrativas. Cóbrenle la multa, entrégenlo al Juzgado Cívico, que la ciudad duerma tranquila. Nos lo merecemos.
Pero cuando terminen, si les queda tiempo, denle una vuelta al Periférico. A la altura de Nicolaitas Ilustres. Ahí no hay nadie disfrazado. Ahí solo hay concreto, y no da miedo hasta que ya es tarde.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Morelia, José Pablo Alarcón Olmedo, informó que no existen denuncias formales por el hombre vestido de payaso que ha sido reportado en la zona oriente de la ciudad, pero que ya hay personal de la corporación desplegado en el área para detenerlo por faltas administrativas.
Léase con calma: **no hay denuncias**, pero **ya hay operativo**. Es, hay que reconocerlo, una eficiencia notable. Ninguna víctima, ningún expediente, cero papeleo, y aun así la corporación en la calle. Si tan solo pudiéramos aplicar ese modelo a los demás rubros de la vida pública michoacana, ya habríamos resuelto medio estado.
Porque el contraste es cruel. Un ciudadano en Tumbiscatío denuncia formalmente, con nombre y apellido, que un regidor sigue cobrando como médico general, y el expediente lleva meses de gira turística por la Secoem, la Auditoría Superior de Michoacán, la Contraloría municipal y la oficina del alcalde, sin que nadie resuelva el fondo. Denuncia real, cero operativo. Payaso sin denuncia, operativo inmediato.
La moraleja para el ciudadano michoacano es clara: si quieres que te hagan caso, ponte una nariz roja.
Ahora bien, seamos justos con la policía. Un payaso deambulando de noche en la zona oriente genera alarma, genera videos, genera grupos de WhatsApp incendiados a las once de la noche con audios de dos minutos. Y la alarma es real aunque el delito no exista. Este es el mundo en que vivimos: la ansiedad colectiva se organiza más rápido que cualquier institución.
Lo que el episodio revela es cuán baja tenemos la vara. Nos consuela ver a la autoridad reaccionar por algo, aunque ese algo sea un señor disfrazado. Es la política del gesto: el operativo como terapia municipal.
Y mientras tanto, en la misma semana, en el Periférico de Morelia un motociclista perdió la vida al impactarse contra una división de concreto a la altura de la colonia Nicolaitas Ilustres, intentando incorporarse de los carriles centrales al lateral. No hubo operativo. No hubo despliegue. Hubo un muerto y un tramo de concreto que sigue exactamente donde estaba, esperando al siguiente.
Esa es la geometría del asunto. El payaso es visible, fotografiable, compartible. La división de concreto es aburrida. No sale en TikTok. No genera pánico moral. Solo mata gente, de vez en cuando, en silencio, sin disfraz.
Así que sí: atrapen al payaso. Levántenle sus faltas administrativas. Cóbrenle la multa, entrégenlo al Juzgado Cívico, que la ciudad duerma tranquila. Nos lo merecemos.
Pero cuando terminen, si les queda tiempo, denle una vuelta al Periférico. A la altura de Nicolaitas Ilustres. Ahí no hay nadie disfrazado. Ahí solo hay concreto, y no da miedo hasta que ya es tarde.