Línea Morada: el agua tratada de Irapuato encuentra su verdadera vocación (mantener verde el campo de golf)
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La sustentabilidad es un arte, y en Irapuato lo elevaron a poesía. La presidenta municipal supervisó los avances de la Línea Morada, una red que distribuirá agua tratada para reducir el consumo de agua potable. Objetivo noble, aplausos. La letra chica es la que aprieta: entre los destinos prioritarios de esa agua reciclada figura, con nombre y apellido, el campo de golf Santa Margarita.
Entendamos la escena en su justa dimensión. Guanajuato atraviesa una temporada de lluvias que en municipios vecinos significa desgracia: en Salamanca, las inundaciones dañaron 40 hectáreas de cultivo y en la comunidad de San José de la Montaña el agua alcanzó metro y medio dentro de las viviendas. Ahí el agua sobra, entra sin permiso y se lleva la cosecha. Pero a unos kilómetros, en la planificación municipal, el gran reto era otro: garantizar que no le falte humedad al green.
Hay que reconocer la eficiencia narrativa. En un mismo estado, el agua tiene dos velocidades. Cuando amenaza casas humildes, la solución tarda décadas, requiere estudios, desazolves pendientes y la colaboración ciudadana de no tirar basura en la alcantarilla. Cuando se trata de mantener impecable un campo donde la gente camina con zapatos especiales, la infraestructura avanza con planta nueva de 500 litros por segundo incluida.
Que conste: reutilizar aguas residuales es exactamente lo que debe hacerse, y usarlas en áreas verdes es mejor que desperdiciar agua potable. El chiste amargo no es la técnica, es el orden de las prioridades cuando se presume. Porque presumir con orgullo que el agua reciclada regará un campo de golf, mientras la vecina Salamanca achica su sala con cubeta, es un acto de puntería política digno de un hoyo en uno.
La próxima vez que llueva, ya sabemos quién dormirá tranquilo: el pasto del Santa Margarita. Tiene seguro de riego garantizado. Los cultivos de la montaña, en cambio, siguen esperando el desazolve.
Entendamos la escena en su justa dimensión. Guanajuato atraviesa una temporada de lluvias que en municipios vecinos significa desgracia: en Salamanca, las inundaciones dañaron 40 hectáreas de cultivo y en la comunidad de San José de la Montaña el agua alcanzó metro y medio dentro de las viviendas. Ahí el agua sobra, entra sin permiso y se lleva la cosecha. Pero a unos kilómetros, en la planificación municipal, el gran reto era otro: garantizar que no le falte humedad al green.
Hay que reconocer la eficiencia narrativa. En un mismo estado, el agua tiene dos velocidades. Cuando amenaza casas humildes, la solución tarda décadas, requiere estudios, desazolves pendientes y la colaboración ciudadana de no tirar basura en la alcantarilla. Cuando se trata de mantener impecable un campo donde la gente camina con zapatos especiales, la infraestructura avanza con planta nueva de 500 litros por segundo incluida.
Que conste: reutilizar aguas residuales es exactamente lo que debe hacerse, y usarlas en áreas verdes es mejor que desperdiciar agua potable. El chiste amargo no es la técnica, es el orden de las prioridades cuando se presume. Porque presumir con orgullo que el agua reciclada regará un campo de golf, mientras la vecina Salamanca achica su sala con cubeta, es un acto de puntería política digno de un hoyo en uno.
La próxima vez que llueva, ya sabemos quién dormirá tranquilo: el pasto del Santa Margarita. Tiene seguro de riego garantizado. Los cultivos de la montaña, en cambio, siguen esperando el desazolve.