Cámara de turistas coreanos, recuperada: en Guanajuato el mercado negro cotiza a precio de tianguis
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Guanajuato es Patrimonio de la Humanidad, cuna de la Independencia y sede del festival cultural más importante de América Latina. También, al parecer, es el lugar donde una cámara fotográfica robada a turistas extranjeros se revende por 200 pesos. Doscientos. Menos que una cena para dos en el Jardín de la Unión.
La historia tiene, hay que decirlo, un final feliz. La Policía Turística de la capital recuperó una cámara, una bocina portátil, un bolso de mujer y dinero en efectivo que habían sido robados a una pareja de turistas coreanos, y además detuvo al presunto responsable. El reporte entró por el 9-1-1 y se montó un operativo. Todo muy digno.
La pieza clave de la investigación es de un realismo conmovedor: un ciudadano avisó a los elementos que un hombre andaba ofreciendo una cámara fotográfica en venta por 200 pesos. Ese dato, dice la nota, se integró a las labores de búsqueda. Y con razón: en una ciudad de callejones, la mejor pista no fue una cámara de vigilancia ni un rastreo satelital, sino el instinto colectivo de reconocer una ganga demasiado buena para ser legal.
Hagamos las cuentas del absurdo. Una cámara con la que unos turistas pretendían llevarse a Seúl los recuerdos de la momia, el Pípila y el beso del callejón, terminó ofertada al precio de dos entradas de cine. El ladrón no solo robó: liquidó inventario. Es el único delincuente que rebaja más rápido que el Buen Fin.
Lo rescatable, y va en serio, es que aquí el sistema sí respondió con velocidad: reporte, operativo, detenido y objetos de vuelta con sus dueños. Ojalá esa misma prontitud aplicara para el desazolve de cauces o para el portal hackeado de León. Pero bueno, cada quien atiende lo que puede: cuando el botín cuesta 200 pesos y hay un coreano de por medio con cámara en mano, Guanajuato demuestra que sabe cuidar su imagen turística. Faltaba más: lo primero es la hospitalidad.
La historia tiene, hay que decirlo, un final feliz. La Policía Turística de la capital recuperó una cámara, una bocina portátil, un bolso de mujer y dinero en efectivo que habían sido robados a una pareja de turistas coreanos, y además detuvo al presunto responsable. El reporte entró por el 9-1-1 y se montó un operativo. Todo muy digno.
La pieza clave de la investigación es de un realismo conmovedor: un ciudadano avisó a los elementos que un hombre andaba ofreciendo una cámara fotográfica en venta por 200 pesos. Ese dato, dice la nota, se integró a las labores de búsqueda. Y con razón: en una ciudad de callejones, la mejor pista no fue una cámara de vigilancia ni un rastreo satelital, sino el instinto colectivo de reconocer una ganga demasiado buena para ser legal.
Hagamos las cuentas del absurdo. Una cámara con la que unos turistas pretendían llevarse a Seúl los recuerdos de la momia, el Pípila y el beso del callejón, terminó ofertada al precio de dos entradas de cine. El ladrón no solo robó: liquidó inventario. Es el único delincuente que rebaja más rápido que el Buen Fin.
Lo rescatable, y va en serio, es que aquí el sistema sí respondió con velocidad: reporte, operativo, detenido y objetos de vuelta con sus dueños. Ojalá esa misma prontitud aplicara para el desazolve de cauces o para el portal hackeado de León. Pero bueno, cada quien atiende lo que puede: cuando el botín cuesta 200 pesos y hay un coreano de por medio con cámara en mano, Guanajuato demuestra que sabe cuidar su imagen turística. Faltaba más: lo primero es la hospitalidad.