Michoacán, tierra donde los predios se derrumban solos, las policías se extinguen y hasta los positivos son buenos
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Amaneció Michoacán con el ánimo de siempre: entre la fe y la incredulidad, que aquí son la misma emoción con distinto sombrero. La instrucción presidencial de la semana llegó puntual y contundente, como recado de refrigerador: Claudia Sheinbaum le pidió al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla que se enfoque en combatir la extorsión y el cobro de cuotas. Uno agradece la precisión del mandato, aunque suena a lo que le dices al plomero después de tres años de gotera: "oiga, y de paso, ¿podría arreglar el agua?". La extorsión no es exactamente una novedad para el michoacano promedio, que ya la incluye en su presupuesto mensual junto al gas y la tortilla. Pero nunca está de más que desde Palacio Nacional la descubran con la emoción de quien acaba de inventar el hilo negro.
El gobernador, obediente, respondió con una idea de talla mayor: cabildear la extinción de las policías municipales, porque —según explicó— están infiltradas por el crimen, y ya lo platicó hasta con la presidenta. La propuesta llega con timing de telenovela, justo cuando en Zacapu detuvieron al director y al subdirector de Seguridad por su presunta relación con la emboscada de La Mojonera, donde cayeron cinco elementos de la Guardia Civil. O sea que la mejor prueba a favor de desaparecer a las policías municipales fue aportada, generosamente, por dos jefes de policía municipal. Nadie diga que en Michoacán no colaboramos con las reformas: aquí hasta el diagnóstico lo firma el paciente.
En Morelia, mientras tanto, el gobierno resguardó el predio conocido como "Lo Común" —que los colectivos habían habilitado para actividades culturales y comunitarias— aduciendo un noble riesgo de derrumbe. Qué ternura de Estado: no clausura, cuida. Los activistas, malpensados como siempre, denunciaron una campaña de criminalización y pidieron que no les siembren pruebas ni los persigan por delitos falsos. Uno no sabe a quién creerle, pero por las dudas conviene apuntar que en esta ciudad los edificios se derrumban con una puntualidad que ya quisiera el transporte público, y siempre justo encima de lo que estorba.
Hablando de puntualidad, la nota luctuosa del día: asesinaron al excoordinador de la Policía de Investigación de la FGE, en plena avenida Acueducto, a la altura del OOAPAS. Las autoridades manejan como posible móvil el robo del vehículo, hipótesis reconfortante porque sugiere que fue casualidad y no lo otro. Ojalá sea cierto. Uno prefiere pensar que a un exjefe policial lo asaltaron al azar y no que hubo destinatario. La tranquilidad, en Michoacán, es cuestión de escoger bien la versión que uno se cuenta antes de dormir.
Y porque no todo es tragedia, también hubo folclor institucional. En el Congreso local, un miembro de La Sombreriza gritó y manoteó a la seguridad porque no lo dejaban entrar sin acreditarse. Emocionante ver que en Michoacán el único filtro que sí funciona es el de la puerta del Congreso: al crimen organizado le pedimos que se extinga solito, pero a usted, ciudadano de a pie, ni un pasito sin su gafete. En Apatzingán, por su parte, circuló un video atribuido a Los Caballeros Templarios exhibiendo un enfrentamiento, prueba de que ciertos grupos manejan mejor su departamento de comunicación social que muchas alcaldías.
En el rubro de buenas noticias —las hay, no sean amargados— la UMSNH recibió la Venera al Mérito Institucional en el Fortalecimiento del Estado de Derecho, galardón que suena a broma cósmica en un estado donde el Estado de Derecho anda de vacaciones sin avisar. Y en la política, la morenista Gabriela Molina anunció que apuesta "a los positivos" en las mediciones internas de Morena, frase que en cualquier otra parte sería optimismo y aquí suena a resultado de laboratorio. Ojalá los positivos sean muchos, doña Gabriela, pero cuídese: en este estado hasta las encuestas vienen con dados cargados, dicen.
Y para cerrar con dulce: México aumentará 512% sus exportaciones de azúcar a Estados Unidos. Por fin algo sube que no es la tarifa de la extorsión. Que le echen azúcar al vecino del norte mientras a nosotros nos toca tragar todo lo demás sin endulzante. Buen viernes, Michoacán: aquí seguimos, entre el derrumbe programado, la policía en extinción y la esperanza —igual que los manatíes que un amparo salvó de ir al zoológico— de que a uno tampoco lo trasladen a donde no quiere.
El gobernador, obediente, respondió con una idea de talla mayor: cabildear la extinción de las policías municipales, porque —según explicó— están infiltradas por el crimen, y ya lo platicó hasta con la presidenta. La propuesta llega con timing de telenovela, justo cuando en Zacapu detuvieron al director y al subdirector de Seguridad por su presunta relación con la emboscada de La Mojonera, donde cayeron cinco elementos de la Guardia Civil. O sea que la mejor prueba a favor de desaparecer a las policías municipales fue aportada, generosamente, por dos jefes de policía municipal. Nadie diga que en Michoacán no colaboramos con las reformas: aquí hasta el diagnóstico lo firma el paciente.
En Morelia, mientras tanto, el gobierno resguardó el predio conocido como "Lo Común" —que los colectivos habían habilitado para actividades culturales y comunitarias— aduciendo un noble riesgo de derrumbe. Qué ternura de Estado: no clausura, cuida. Los activistas, malpensados como siempre, denunciaron una campaña de criminalización y pidieron que no les siembren pruebas ni los persigan por delitos falsos. Uno no sabe a quién creerle, pero por las dudas conviene apuntar que en esta ciudad los edificios se derrumban con una puntualidad que ya quisiera el transporte público, y siempre justo encima de lo que estorba.
Hablando de puntualidad, la nota luctuosa del día: asesinaron al excoordinador de la Policía de Investigación de la FGE, en plena avenida Acueducto, a la altura del OOAPAS. Las autoridades manejan como posible móvil el robo del vehículo, hipótesis reconfortante porque sugiere que fue casualidad y no lo otro. Ojalá sea cierto. Uno prefiere pensar que a un exjefe policial lo asaltaron al azar y no que hubo destinatario. La tranquilidad, en Michoacán, es cuestión de escoger bien la versión que uno se cuenta antes de dormir.
Y porque no todo es tragedia, también hubo folclor institucional. En el Congreso local, un miembro de La Sombreriza gritó y manoteó a la seguridad porque no lo dejaban entrar sin acreditarse. Emocionante ver que en Michoacán el único filtro que sí funciona es el de la puerta del Congreso: al crimen organizado le pedimos que se extinga solito, pero a usted, ciudadano de a pie, ni un pasito sin su gafete. En Apatzingán, por su parte, circuló un video atribuido a Los Caballeros Templarios exhibiendo un enfrentamiento, prueba de que ciertos grupos manejan mejor su departamento de comunicación social que muchas alcaldías.
En el rubro de buenas noticias —las hay, no sean amargados— la UMSNH recibió la Venera al Mérito Institucional en el Fortalecimiento del Estado de Derecho, galardón que suena a broma cósmica en un estado donde el Estado de Derecho anda de vacaciones sin avisar. Y en la política, la morenista Gabriela Molina anunció que apuesta "a los positivos" en las mediciones internas de Morena, frase que en cualquier otra parte sería optimismo y aquí suena a resultado de laboratorio. Ojalá los positivos sean muchos, doña Gabriela, pero cuídese: en este estado hasta las encuestas vienen con dados cargados, dicen.
Y para cerrar con dulce: México aumentará 512% sus exportaciones de azúcar a Estados Unidos. Por fin algo sube que no es la tarifa de la extorsión. Que le echen azúcar al vecino del norte mientras a nosotros nos toca tragar todo lo demás sin endulzante. Buen viernes, Michoacán: aquí seguimos, entre el derrumbe programado, la policía en extinción y la esperanza —igual que los manatíes que un amparo salvó de ir al zoológico— de que a uno tampoco lo trasladen a donde no quiere.