Xoco: el hospital que cura de todo, menos de la lluvia
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Existen inauguraciones y existen profecías. La del área de urgencias del Hospital General de Xoco fue ambas: se cortó el listón de una moderna zona equipada con alta tecnología y se anunció la rehabilitación completa del nosocomio con las palabras solemnes de siempre —inversión, actualización, dignidad—. A menos de un mes, la realidad decidió estrenar su propia función, y no vino con bata blanca sino con cubeta.
Personal médico y pacientes denunciaron filtraciones pluviales, derrumbes y falta de insumos derivados de las mismas obras que apenas culminaron. El detalle fino, el que duele: hay pacientes que reportan que sus padecimientos se agravaron por quedar en medio del conflicto entre trabajadores y autoridades. Uno ingresa a curarse una cosa y sale con dos, gracias a la generosidad del techo.
Es difícil competir con la ironía de un hospital de vanguardia donde la tecnología más confiable, cuando llueve, es la trapeadora. Se invirtió en equipo de punta y la naturaleza respondió con una demostración de humedad ascendente: aquí no hay que buscar el quirófano, basta seguir el goteo. La 'alta tecnología' resultó ser tan sofisticada que detecta la temporada de lluvias antes que el Servicio Meteorológico.
Que conste: nadie festeja la desgracia de quien está internado, y esa es justamente la molestia. Una remodelación existe para que el paciente esté mejor, no para que la obra recién entregada le agregue un capítulo a su expediente. Cuando la modernidad se mide en litros por hora que caen del plafón, quizá conviene revisar quién firmó la garantía —y si esa garantía también se mojó. Por lo pronto, Xoco nos deja una enseñanza médica inédita: en esta ciudad, hasta un edificio nuevo puede recaer.
Personal médico y pacientes denunciaron filtraciones pluviales, derrumbes y falta de insumos derivados de las mismas obras que apenas culminaron. El detalle fino, el que duele: hay pacientes que reportan que sus padecimientos se agravaron por quedar en medio del conflicto entre trabajadores y autoridades. Uno ingresa a curarse una cosa y sale con dos, gracias a la generosidad del techo.
Es difícil competir con la ironía de un hospital de vanguardia donde la tecnología más confiable, cuando llueve, es la trapeadora. Se invirtió en equipo de punta y la naturaleza respondió con una demostración de humedad ascendente: aquí no hay que buscar el quirófano, basta seguir el goteo. La 'alta tecnología' resultó ser tan sofisticada que detecta la temporada de lluvias antes que el Servicio Meteorológico.
Que conste: nadie festeja la desgracia de quien está internado, y esa es justamente la molestia. Una remodelación existe para que el paciente esté mejor, no para que la obra recién entregada le agregue un capítulo a su expediente. Cuando la modernidad se mide en litros por hora que caen del plafón, quizá conviene revisar quién firmó la garantía —y si esa garantía también se mojó. Por lo pronto, Xoco nos deja una enseñanza médica inédita: en esta ciudad, hasta un edificio nuevo puede recaer.