El que nada debe firma amparos: manual regio para no dar la cara con estilo
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Existe una frase que en todo hogar mexicano funciona como detector de mentiras infalible: "el que nada debe, nada teme". La abuela la usa cuando el nieto llega tarde, el maestro cuando falta una tarea, y ahora la diputada Lorena de la Garza la usó contra nada menos que el gobernador de Nuevo León, Samuel García. El contexto: el Congreso del Estado impulsa un juicio político contra el mandatario, una jueza concedió una suspensión temporal al procedimiento, y el gobernador, según la legisladora, anda promoviendo amparos para frenarlo. La pregunta que dejó flotando la diputada es de esas que no necesitan respuesta porque ya la traen puesta: "¿a qué le teme el Gobernador?".
Y es que el amparo se ha convertido en el paraguas emocional de la política mexicana. Sirve para todo: para no comparecer, para no explicar, para congelar el reloj legislativo mientras se piensa qué decir. Es el equivalente jurídico de "ahorita te contesto" seguido de visto en el mensaje. La lógica ciudadana es simple y por eso incomoda: si de verdad actuaste conforme a la ley, la manera más rápida de callar a todos es abrir los expedientes, no cerrar los juzgados. El inocente enseña las manos; el precavido contrata un despacho.
La diputada, que además preside la Comisión de Presupuesto, remató con la línea que a nadie le gusta escuchar de sí mismo: los nuevoleoneses merecen respuestas. Y ahí está el detalle. En Nuevo León, tierra donde se presume la eficiencia, la política se defiende con la misma herramienta con la que el ciudadano común pelea una multa: papeleo, suspensiones y paciencia infinita. El juicio político sigue en pausa, los amparos siguen su curso, y el estado entero observa el espectáculo con palomitas, sabiendo que aquí lo único que se resuelve rápido es el tráfico de las 8 de la mañana. Osea, nunca.
Mientras tanto, el que nada debe sigue firmando. Y el que firma, según la sabiduría de abuela, algo teme. No lo decimos nosotros: lo dice el refranero, que en este estado tiene más autoridad moral que muchos discursos.
Y es que el amparo se ha convertido en el paraguas emocional de la política mexicana. Sirve para todo: para no comparecer, para no explicar, para congelar el reloj legislativo mientras se piensa qué decir. Es el equivalente jurídico de "ahorita te contesto" seguido de visto en el mensaje. La lógica ciudadana es simple y por eso incomoda: si de verdad actuaste conforme a la ley, la manera más rápida de callar a todos es abrir los expedientes, no cerrar los juzgados. El inocente enseña las manos; el precavido contrata un despacho.
La diputada, que además preside la Comisión de Presupuesto, remató con la línea que a nadie le gusta escuchar de sí mismo: los nuevoleoneses merecen respuestas. Y ahí está el detalle. En Nuevo León, tierra donde se presume la eficiencia, la política se defiende con la misma herramienta con la que el ciudadano común pelea una multa: papeleo, suspensiones y paciencia infinita. El juicio político sigue en pausa, los amparos siguen su curso, y el estado entero observa el espectáculo con palomitas, sabiendo que aquí lo único que se resuelve rápido es el tráfico de las 8 de la mañana. Osea, nunca.
Mientras tanto, el que nada debe sigue firmando. Y el que firma, según la sabiduría de abuela, algo teme. No lo decimos nosotros: lo dice el refranero, que en este estado tiene más autoridad moral que muchos discursos.