El retén de la caja de Amstel: seguridad de altísima graduación
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En el kilómetro 88 de la carretera Juárez-Chihuahua se instaló esta semana una de esas escenas que ya ni la sátira alcanza a mejorar. Supuestos policías federales colocaron un retén que dejó una larga fila de viajeros retrasados. El detalle no es la fila, que en México es casi paisaje: el detalle es que, según reportaron lectores y quedó en video, los oficiales no estaban identificados, no lo hacían verbalmente al abordar a los conductores, y sus camionetas tipo pickup no traían rótulo alguno de corporación. Un operativo tan discreto que ni ellos sabían de qué corporación eran.
La cereza del pastel, o mejor dicho la lata del six, apareció cuando uno de los agentes vestidos de caqui con verde se retiró de la toma con una caja de cerveza Amstel bajo el brazo izquierdo, rumbo a la sombra donde se resguardaban los demás. Ahí sí hubo coordinación impecable: nadie soltó la caja, nadie derramó una gota, y la logística de la sombra funcionó con precisión militar. Ojalá el resto de la seguridad estatal operara con ese nivel de compromiso.
Uno entiende el calor. Estamos a 39 grados y la carretera no perdona. Pero hay algo profundamente chihuahuense en la imagen: mientras a pocos kilómetros presumen una Torre Centinela que todo lo ve en tiempo real y una plataforma de inteligencia que baja delitos, en la orilla del asfalto unos señores sin identificación detienen viajeros y administran su hielera. El futuro de la vigilancia y el pasado del retén improvisado, conviviendo en la misma tarde.
Que las autoridades aclaren quiénes eran y con qué facultad detenían gente es lo mínimo. Mientras tanto, al viajero solo le queda el consejo práctico de siempre: baje la velocidad, tenga sus papeles a la mano y rece para que, si lo paran, al menos sea un retén con causa y no con caja. Porque en esta carretera nunca sabes si te van a revisar la cajuela o a invitarte a la peda.
La cereza del pastel, o mejor dicho la lata del six, apareció cuando uno de los agentes vestidos de caqui con verde se retiró de la toma con una caja de cerveza Amstel bajo el brazo izquierdo, rumbo a la sombra donde se resguardaban los demás. Ahí sí hubo coordinación impecable: nadie soltó la caja, nadie derramó una gota, y la logística de la sombra funcionó con precisión militar. Ojalá el resto de la seguridad estatal operara con ese nivel de compromiso.
Uno entiende el calor. Estamos a 39 grados y la carretera no perdona. Pero hay algo profundamente chihuahuense en la imagen: mientras a pocos kilómetros presumen una Torre Centinela que todo lo ve en tiempo real y una plataforma de inteligencia que baja delitos, en la orilla del asfalto unos señores sin identificación detienen viajeros y administran su hielera. El futuro de la vigilancia y el pasado del retén improvisado, conviviendo en la misma tarde.
Que las autoridades aclaren quiénes eran y con qué facultad detenían gente es lo mínimo. Mientras tanto, al viajero solo le queda el consejo práctico de siempre: baje la velocidad, tenga sus papeles a la mano y rece para que, si lo paran, al menos sea un retén con causa y no con caja. Porque en esta carretera nunca sabes si te van a revisar la cajuela o a invitarte a la peda.