Guanajuato: donde llueve pan del cielo y desaparecen las tapas de la tierra
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Amaneció el estado con una de esas jornadas en las que el cielo se pone generoso y el subsuelo, avaro. Mientras en Acámbaro cerraban la Feria de la Panificación aventando 500 mil panes —incluido, y esto no es broma de El Destiempo, un histórico lanzamiento desde helicóptero—, en León SAPAL confirmaba que en lo que va de 2026 se han robado 13 tapas de alcantarilla. O sea: nos cae maná del cielo y nos desaparece la infraestructura por debajo. El equilibrio cósmico del Bajío.
Empecemos por el helicóptero. Hubo un tiempo en que la Lluvia de Pan era una tradición de fe, cultura y orgullo panadero, con vecinos aventando bolillos desde las azoteas. Hoy ya se hace desde aeronave, porque en Guanajuato hasta la devoción escaló su presupuesto de producción. Uno imagina al piloto negociando por radio: 'torre, solicito permiso para bombardear la plaza con conchas'. Y la torre, hambrienta, autorizando. Que nadie diga que aquí no innovamos: convertimos una procesión en operativo aéreo. El día que le pongan dron con cámara, transmiten la caída del pan en cuatro cámaras lentas y le venden los derechos a una plataforma.
Mientras el pan bajaba en Acámbaro, en León bajaban otras cosas: el pavimento, los árboles y la paciencia. La lluvia con granizo del viernes dejó 22 árboles caídos, seis ramas, nueve cables derribados y un bulevar Vasco de Quiroga que decidió jubilarse anticipadamente, con el asfalto desprendido del tramo La Luz a López Mateos. Delta, Torres Landa y López Mateos se volvieron acuario municipal. Uno esperaría que la ciudad de las curtidurías supiera resistir el agua, pero resulta que el cuero aguanta más que el concreto. Y en medio del diluvio, SAPAL nos recuerda que además faltan 13 tapas de alcantarilla —las peores en Valle de León y Villas de Santa Julia—, o sea que a la coladera hay que llegarle con cautela, como quien camina por campo minado pero al revés: aquí el peligro no explota, te traga.
Hablando de cosas que desaparecen bajo tierra, la Secretaría de Seguridad estatal presumió el hallazgo de bodegas de huachicol en zona cerril de Pénjamo y en Villagrán: entre ambas, más de 69 mil litros de hidrocarburo, ocho contenedores de diez mil litros, motobombas y 125 metros de manguera especializada. Impresionante logística. Si esa capacidad de almacenamiento y distribución se aplicara al agua potable, media entidad dejaría de pelearse con la pipa. Pero no: el talento operativo del Bajío sigue prefiriendo el combustible al servicio público. Manguera especializada para el diablito, tubería improvisada para tu casa.
El capítulo tierno del día lo protagonizó una perrita asomada en una azotea de la plaza de San Fernando, en Guanajuato capital. La rescataron, sí, pero no sin drama institucional: dos organizaciones acudieron, y la policía ambiental le negó el acceso a una de ellas —justamente la que ha sido crítica del gobierno municipal— para entregarle el animalito a la otra. Nada como una perrita flaca para revelar que en la capital hasta el rescate animal tiene lista de invitados. La lección es clara: en Guanajuato puedes salvar vidas, pero primero checa si estás en buenos términos con el ayuntamiento. El husky que también estaba en mal estado, por cierto, se quedó esperando su turno burocrático.
Y para cerrar el bloque de 'aquí todo es simbólico', dos joyas. Una: en el municipio de Celaya la autoridad tuvo que salir a explicar qué es el cohecho, porque un elemento no aceptó dinero de un particular, y aprovecharon para aclarar que ofrecer soborno también es delito. Enternecedor que a estas alturas necesitemos una infografía para entender que la mordida es ilegal por ambos lados de la ventanilla. Dos: la sanidad estatal alertó que hay cobros indebidos de hasta mil pesos relacionados con el gusano barrenador —esa plaga del ganado que ya acumula 439 casos en el estado—. Es decir, ni el gusano se salva de que alguien le saque provecho. El parásito parasitado. Muy Guanajuato.
En resumen: nos llueve pan desde el helicóptero, se nos deshace el bulevar, nos roban las tapas, nos guardan 69 mil litros de gasolina en el cerro, rescatamos perritas con acreditación previa y damos clases públicas de qué es una mordida. Un estado que reparte hidratos de carbono desde el aire pero no logra mantener una coladera en su lugar. Guardemos el pan, que hoy fue el único que llegó completo a su destino.
Empecemos por el helicóptero. Hubo un tiempo en que la Lluvia de Pan era una tradición de fe, cultura y orgullo panadero, con vecinos aventando bolillos desde las azoteas. Hoy ya se hace desde aeronave, porque en Guanajuato hasta la devoción escaló su presupuesto de producción. Uno imagina al piloto negociando por radio: 'torre, solicito permiso para bombardear la plaza con conchas'. Y la torre, hambrienta, autorizando. Que nadie diga que aquí no innovamos: convertimos una procesión en operativo aéreo. El día que le pongan dron con cámara, transmiten la caída del pan en cuatro cámaras lentas y le venden los derechos a una plataforma.
Mientras el pan bajaba en Acámbaro, en León bajaban otras cosas: el pavimento, los árboles y la paciencia. La lluvia con granizo del viernes dejó 22 árboles caídos, seis ramas, nueve cables derribados y un bulevar Vasco de Quiroga que decidió jubilarse anticipadamente, con el asfalto desprendido del tramo La Luz a López Mateos. Delta, Torres Landa y López Mateos se volvieron acuario municipal. Uno esperaría que la ciudad de las curtidurías supiera resistir el agua, pero resulta que el cuero aguanta más que el concreto. Y en medio del diluvio, SAPAL nos recuerda que además faltan 13 tapas de alcantarilla —las peores en Valle de León y Villas de Santa Julia—, o sea que a la coladera hay que llegarle con cautela, como quien camina por campo minado pero al revés: aquí el peligro no explota, te traga.
Hablando de cosas que desaparecen bajo tierra, la Secretaría de Seguridad estatal presumió el hallazgo de bodegas de huachicol en zona cerril de Pénjamo y en Villagrán: entre ambas, más de 69 mil litros de hidrocarburo, ocho contenedores de diez mil litros, motobombas y 125 metros de manguera especializada. Impresionante logística. Si esa capacidad de almacenamiento y distribución se aplicara al agua potable, media entidad dejaría de pelearse con la pipa. Pero no: el talento operativo del Bajío sigue prefiriendo el combustible al servicio público. Manguera especializada para el diablito, tubería improvisada para tu casa.
El capítulo tierno del día lo protagonizó una perrita asomada en una azotea de la plaza de San Fernando, en Guanajuato capital. La rescataron, sí, pero no sin drama institucional: dos organizaciones acudieron, y la policía ambiental le negó el acceso a una de ellas —justamente la que ha sido crítica del gobierno municipal— para entregarle el animalito a la otra. Nada como una perrita flaca para revelar que en la capital hasta el rescate animal tiene lista de invitados. La lección es clara: en Guanajuato puedes salvar vidas, pero primero checa si estás en buenos términos con el ayuntamiento. El husky que también estaba en mal estado, por cierto, se quedó esperando su turno burocrático.
Y para cerrar el bloque de 'aquí todo es simbólico', dos joyas. Una: en el municipio de Celaya la autoridad tuvo que salir a explicar qué es el cohecho, porque un elemento no aceptó dinero de un particular, y aprovecharon para aclarar que ofrecer soborno también es delito. Enternecedor que a estas alturas necesitemos una infografía para entender que la mordida es ilegal por ambos lados de la ventanilla. Dos: la sanidad estatal alertó que hay cobros indebidos de hasta mil pesos relacionados con el gusano barrenador —esa plaga del ganado que ya acumula 439 casos en el estado—. Es decir, ni el gusano se salva de que alguien le saque provecho. El parásito parasitado. Muy Guanajuato.
En resumen: nos llueve pan desde el helicóptero, se nos deshace el bulevar, nos roban las tapas, nos guardan 69 mil litros de gasolina en el cerro, rescatamos perritas con acreditación previa y damos clases públicas de qué es una mordida. Un estado que reparte hidratos de carbono desde el aire pero no logra mantener una coladera en su lugar. Guardemos el pan, que hoy fue el único que llegó completo a su destino.