Expelliarmus al analfabetismo: Morelia hizo maratón de Harry Potter mientras la ciudad practicaba desaparición de calles
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Buenas noticias para los muggles michoacanos: la Secretaría de Cultura de Morelia realizó, con gran éxito según el boletín, un Maratón de Lectura de 'Harry Potter y la Piedra Filosofal' en la cabina 'Morelia se Lee', sobre el Boulevard García de León. Niños y adultos se acercaron a los libros, se apropiaron del espacio público y, por unas horas, la magia fue más fuerte que el WiFi. Y eso, en estos tiempos, ya es hechicería de nivel avanzado.
Que conste, y lo digo sin varita en la mano: esto está bien. Está muy bien. Fomentar la lectura, sacar a la chamacada del teléfono y sentarla frente a un libro grueso es de las pocas cosas que uno celebra sin sarcasmo. Que el gobierno municipal presuma su estrategia de fomento a la lectura y convivencia familiar es preferible mil veces a que presuma otra glorieta remodelada. Punto para la cultura.
Ahora, permítanme el chascarrillo obligado, que para eso me pagan: escoger justo la saga donde los magos hacen desaparecer objetos con un movimiento de muñeca, en una ciudad que cada temporal hace desaparecer calles enteras bajo el agua, es un guiño del destino demasiado perfecto para dejarlo pasar. Lo único que faltó fue que, al terminar el capítulo de la inundación mágica, salieran los asistentes y encontraran el bulevar hecho laguna, técnica que Morelia domina sin necesidad de escuela de magia.
Uno sueña, ya encarrerado, con el siguiente maratón. Que después de Hogwarts venga la lectura colectiva del manual de operación de cárcamos, edición ilustrada. O una sesión intensiva del reglamento de tránsito, que buena falta hace. Imagínense la cabina 'Morelia se Lee' llena de funcionarios repasando en voz alta el capítulo titulado 'Cómo destapar una coladera antes de que llueva'. Ese sí sería un best seller de utilidad pública.
Pero no le quitemos su mérito al evento: leer es de las mejores cosas que le pueden pasar a una ciudad, y que se haga en un espacio público, gratis y en familia, es justo lo que debería multiplicarse. Ojalá la magia dure más que el aplauso del boletín. Y ojalá el próximo conjuro que aprendan los niños de Morelia sea el que, de verdad, seque las calles. Ese lo necesitamos todos.
Que conste, y lo digo sin varita en la mano: esto está bien. Está muy bien. Fomentar la lectura, sacar a la chamacada del teléfono y sentarla frente a un libro grueso es de las pocas cosas que uno celebra sin sarcasmo. Que el gobierno municipal presuma su estrategia de fomento a la lectura y convivencia familiar es preferible mil veces a que presuma otra glorieta remodelada. Punto para la cultura.
Ahora, permítanme el chascarrillo obligado, que para eso me pagan: escoger justo la saga donde los magos hacen desaparecer objetos con un movimiento de muñeca, en una ciudad que cada temporal hace desaparecer calles enteras bajo el agua, es un guiño del destino demasiado perfecto para dejarlo pasar. Lo único que faltó fue que, al terminar el capítulo de la inundación mágica, salieran los asistentes y encontraran el bulevar hecho laguna, técnica que Morelia domina sin necesidad de escuela de magia.
Uno sueña, ya encarrerado, con el siguiente maratón. Que después de Hogwarts venga la lectura colectiva del manual de operación de cárcamos, edición ilustrada. O una sesión intensiva del reglamento de tránsito, que buena falta hace. Imagínense la cabina 'Morelia se Lee' llena de funcionarios repasando en voz alta el capítulo titulado 'Cómo destapar una coladera antes de que llueva'. Ese sí sería un best seller de utilidad pública.
Pero no le quitemos su mérito al evento: leer es de las mejores cosas que le pueden pasar a una ciudad, y que se haga en un espacio público, gratis y en familia, es justo lo que debería multiplicarse. Ojalá la magia dure más que el aplauso del boletín. Y ojalá el próximo conjuro que aprendan los niños de Morelia sea el que, de verdad, seque las calles. Ese lo necesitamos todos.