La ciudad donde los sellos de clausura son adorno y hasta los mapaches tienen coartada
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Amaneció el sábado capitalino con dos certezas mexicanas y eternas: iba a llover y algo iba a fallar. Protección Civil encendió la Alerta Amarilla en trece de las dieciséis alcaldías, con promesa de granizo para la noche, y una vez más se confirmó que en esta ciudad el cielo cumple sus advertencias mucho mejor que las autoridades cumplen las suyas. En el Pedregal de Santa Úrsula, los locatarios volvieron a la coreografía de siempre: cortinas abajo, escobas arriba y jaladores en modo bombero. Una camioneta quedó varada y hubo que empujarla, ese deporte extremo tan nuestro que nunca sale en las semifinales del Mundial pero moviliza a más gente que Haaland.
Quien pensó en tomar el Metro para huir de la lluvia recibió la segunda certeza: las líneas 3, 8, B y 12 amanecieron acumulando quejas por esperas de hasta diez minutos, andenes de Etiopía a punto de reventar y trenes que avanzaban con la pausa contemplativa de quien no tiene prisa por llegar a ningún lado. El STC reconoció que retiró un convoy para revisión, esa figura casi litúrgica del transporte capitalino: el tren que se va a revisar y regresa convertido en leyenda urbana. Uno espera de pie, empapado, y aprende paciencia franciscana entre torniquetes.
Pero si algo tiene esta ciudad es que mientras el ciudadano de a pie no avanza, hay obras que no se detienen jamás, ni con sellos oficiales encima. En Lomas de Chapultepec, un dron captó cómo la construcción junto a un inmueble catalogado por Bellas Artes seguía creciendo pese a la clausura, con obreros adentro trabajando con la tranquilidad de quien sabe que el papelito engomado es más sugerencia que orden. Los promotores del juicio lo llamaron "modus operandi del cartel inmobiliario", frase que ya merece placa conmemorativa. En Polanco, en cambio, Be Grand hizo lo contrario: paró la obra y dejó a los vecinos con la banqueta demolida, jardineras a medio confinar y una señora de 64 años que camina bien pero se ganó un rasguño esquivando bicicletas por el arroyo vehicular. Aquí las banquetas se demuelen con entusiasmo y se reponen con nostalgia.
En materia de finanzas públicas, la joya de la semana llegó con el Fan Fest de Campo Marte. Resulta que Hacienda pidió cobrar 46 millones de pesos por el uso del predio federal, aunque el convenio original decía que el espacio se prestaba sin contraprestación económica. Es decir: era gratis hasta que dejó de serlo, milagro contable que solo ocurre cuando ya se armó la fiesta y hay que pasar la charola. Nada como celebrar el futbol mundial descubriendo, a mitad del torneo, que el terreno costaba.
Y hablando de coartadas creativas, el IMSS alcanzó la gloria argumentativa del fin de semana. Ante la denuncia de pulgas y garrapatas en su unidad de Matamoros, la institución no lo negó: reconoció la presencia de los bichitos y, con cara seria, le echó la culpa a los mapaches. Habrá que actualizar los formularios de incidencias: junto a "falla eléctrica" y "desabasto", ahora aparece "fauna con antecedentes". El mapache, ese proveedor externo que nadie contrató pero al que todos responsabilizan.
Mientras tanto, la Fiscalía capitalina alertó que siguen operando páginas que venden citas exprés de pasaporte con logos oficiales falsos, cuenta regresiva de treinta minutos y amenaza de bloquear tu CURP un año entero. El toque maestro: el depósito va a una cuenta a nombre de un particular. Nada dice "trámite del gobierno mexicano" como transferir a la cuenta personal de alguien que no conoces. Y por si el fraude no bastara, La Jornada recordó la puerta giratoria del sistema penal: al jefe de sicarios de Tláhuac lo han detenido tres veces por lo mismo y tres veces vuelve a la calle, con una constancia que ya quisiera el Metro para sus trenes.
Cerramos en Coapa, donde los vecinos denuncian que junto a los nuevos bares creció la inseguridad, el caos vial y una calle convertida en estacionamiento eterno. Entre las aperturas figura una cantina karaoke llamada Despecho, nombre que resume con precisión quirúrgica el estado de ánimo de quien vive en esta ciudad: llueve, el tren no llega, la banqueta no existe, el pasaporte es falso y el mapache quedó libre. Solo queda ir a cantar. Con sentimiento.
Quien pensó en tomar el Metro para huir de la lluvia recibió la segunda certeza: las líneas 3, 8, B y 12 amanecieron acumulando quejas por esperas de hasta diez minutos, andenes de Etiopía a punto de reventar y trenes que avanzaban con la pausa contemplativa de quien no tiene prisa por llegar a ningún lado. El STC reconoció que retiró un convoy para revisión, esa figura casi litúrgica del transporte capitalino: el tren que se va a revisar y regresa convertido en leyenda urbana. Uno espera de pie, empapado, y aprende paciencia franciscana entre torniquetes.
Pero si algo tiene esta ciudad es que mientras el ciudadano de a pie no avanza, hay obras que no se detienen jamás, ni con sellos oficiales encima. En Lomas de Chapultepec, un dron captó cómo la construcción junto a un inmueble catalogado por Bellas Artes seguía creciendo pese a la clausura, con obreros adentro trabajando con la tranquilidad de quien sabe que el papelito engomado es más sugerencia que orden. Los promotores del juicio lo llamaron "modus operandi del cartel inmobiliario", frase que ya merece placa conmemorativa. En Polanco, en cambio, Be Grand hizo lo contrario: paró la obra y dejó a los vecinos con la banqueta demolida, jardineras a medio confinar y una señora de 64 años que camina bien pero se ganó un rasguño esquivando bicicletas por el arroyo vehicular. Aquí las banquetas se demuelen con entusiasmo y se reponen con nostalgia.
En materia de finanzas públicas, la joya de la semana llegó con el Fan Fest de Campo Marte. Resulta que Hacienda pidió cobrar 46 millones de pesos por el uso del predio federal, aunque el convenio original decía que el espacio se prestaba sin contraprestación económica. Es decir: era gratis hasta que dejó de serlo, milagro contable que solo ocurre cuando ya se armó la fiesta y hay que pasar la charola. Nada como celebrar el futbol mundial descubriendo, a mitad del torneo, que el terreno costaba.
Y hablando de coartadas creativas, el IMSS alcanzó la gloria argumentativa del fin de semana. Ante la denuncia de pulgas y garrapatas en su unidad de Matamoros, la institución no lo negó: reconoció la presencia de los bichitos y, con cara seria, le echó la culpa a los mapaches. Habrá que actualizar los formularios de incidencias: junto a "falla eléctrica" y "desabasto", ahora aparece "fauna con antecedentes". El mapache, ese proveedor externo que nadie contrató pero al que todos responsabilizan.
Mientras tanto, la Fiscalía capitalina alertó que siguen operando páginas que venden citas exprés de pasaporte con logos oficiales falsos, cuenta regresiva de treinta minutos y amenaza de bloquear tu CURP un año entero. El toque maestro: el depósito va a una cuenta a nombre de un particular. Nada dice "trámite del gobierno mexicano" como transferir a la cuenta personal de alguien que no conoces. Y por si el fraude no bastara, La Jornada recordó la puerta giratoria del sistema penal: al jefe de sicarios de Tláhuac lo han detenido tres veces por lo mismo y tres veces vuelve a la calle, con una constancia que ya quisiera el Metro para sus trenes.
Cerramos en Coapa, donde los vecinos denuncian que junto a los nuevos bares creció la inseguridad, el caos vial y una calle convertida en estacionamiento eterno. Entre las aperturas figura una cantina karaoke llamada Despecho, nombre que resume con precisión quirúrgica el estado de ánimo de quien vive en esta ciudad: llueve, el tren no llega, la banqueta no existe, el pasaporte es falso y el mapache quedó libre. Solo queda ir a cantar. Con sentimiento.