Tu pasaporte exprés en cuatro pasos: logos oficiales, cuenta regresiva y un depósito a la cuenta de un desconocido
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La Fiscalía capitalina alertó que siguen operando páginas de internet que ofrecen trámites exprés de pasaporte y que son un fraude de manual. El montaje es tan burdo que casi da respeto: una dirección web que imita la de la Secretaría de Relaciones Exteriores, logos oficiales del Gobierno de México desplegados con orgullo pirata, y un formulario que te recibe con la noticia de que las citas se están acabando y la próxima disponibilidad es hasta agosto. Nada relaja más a un mexicano que el escenario de escasez inminente.
Entonces arranca la cuenta regresiva: tienes 30 minutos para completar todo o, te advierten, tu CURP quedará bloqueado durante un año. Es el clásico gancho del pánico cronometrado, la misma técnica del vendedor de tandas milagro, pero aplicada a un documento migratorio. Y por si el reloj no bastara, te especifican tarifas que arrancan en 920 pesos según la vigencia que prefieras, como si el pasaporte fuera un combo con opción a agrandar.
El broche de oro llega en los últimos dos pasos del supuesto trámite: hay que depositar a una cuenta bancaria. ¿A nombre de la Tesorería de la Federación? No. ¿A nombre de la SRE? Tampoco. A nombre de un particular. Ahí, en ese detalle, se derrumba toda la escenografía. Porque no existe universo administrativo en el que el Estado mexicano te pida transferirle a la cuenta personal de alguien cuyo nombre suena a compañero de la secundaria. Si el gobierno cobrara así, tendríamos que aceptar que la Cuarta Transformación se financia por Yappy.
Lo alarmante no es solo la existencia del fraude, sino su terquedad: la propia Fiscalía reconoce que las páginas siguen operando. Es decir, el timo lleva tanto tiempo activo que ya podría pedir su propia cita de renovación. Y funciona porque explota una verdad dolorosa: sacar una cita real de pasaporte en este país es tan complicado que la versión fraudulenta, con su promesa de rapidez, suena casi razonable. Cuando el trámite legítimo se siente imposible, el ilegítimo se disfraza de solución.
Moraleja para llevar: cualquier sitio que te apure con un cronómetro, te amenace con bloquear tu CURP y te pida depositar a nombre de una persona física, no es un trámite gubernamental, es una emboscada con tipografía institucional. El gobierno mexicano tiene muchos defectos, pero la eficiencia agresiva de cobrarte en 30 minutos no es uno de ellos. Si te apuran, sospecha. Si te dan prisa para pagar, corre. Y si el destinatario del depósito parece un nombre y apellido cualquiera, felicidades: acabas de identificar a la única parte del proceso que sí funciona rápido.
Entonces arranca la cuenta regresiva: tienes 30 minutos para completar todo o, te advierten, tu CURP quedará bloqueado durante un año. Es el clásico gancho del pánico cronometrado, la misma técnica del vendedor de tandas milagro, pero aplicada a un documento migratorio. Y por si el reloj no bastara, te especifican tarifas que arrancan en 920 pesos según la vigencia que prefieras, como si el pasaporte fuera un combo con opción a agrandar.
El broche de oro llega en los últimos dos pasos del supuesto trámite: hay que depositar a una cuenta bancaria. ¿A nombre de la Tesorería de la Federación? No. ¿A nombre de la SRE? Tampoco. A nombre de un particular. Ahí, en ese detalle, se derrumba toda la escenografía. Porque no existe universo administrativo en el que el Estado mexicano te pida transferirle a la cuenta personal de alguien cuyo nombre suena a compañero de la secundaria. Si el gobierno cobrara así, tendríamos que aceptar que la Cuarta Transformación se financia por Yappy.
Lo alarmante no es solo la existencia del fraude, sino su terquedad: la propia Fiscalía reconoce que las páginas siguen operando. Es decir, el timo lleva tanto tiempo activo que ya podría pedir su propia cita de renovación. Y funciona porque explota una verdad dolorosa: sacar una cita real de pasaporte en este país es tan complicado que la versión fraudulenta, con su promesa de rapidez, suena casi razonable. Cuando el trámite legítimo se siente imposible, el ilegítimo se disfraza de solución.
Moraleja para llevar: cualquier sitio que te apure con un cronómetro, te amenace con bloquear tu CURP y te pida depositar a nombre de una persona física, no es un trámite gubernamental, es una emboscada con tipografía institucional. El gobierno mexicano tiene muchos defectos, pero la eficiencia agresiva de cobrarte en 30 minutos no es uno de ellos. Si te apuran, sospecha. Si te dan prisa para pagar, corre. Y si el destinatario del depósito parece un nombre y apellido cualquiera, felicidades: acabas de identificar a la única parte del proceso que sí funciona rápido.