El gran atraco bovino: 46 vacas desaparecen sin dejar huella en General Terán
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Hay robos que insultan por su falta de ambición: una cartera, un espejo de coche, el garrafón del vecino. Y luego está lo ocurrido en el rancho El Rincón, en General Terán, donde alguien se llevó 46 vacas de un solo jalón. Cuarenta y seis. No es un hurto, es una mudanza. Es una empresa con nómina, ruta y probablemente cotización en la bolsa.
Seamos justos con el crimen: mover casi medio centenar de reses no es cosa de aficionados. Una vaca no cabe en la bolsa del mandado ni se echa a correr calladita. Estamos hablando de camiones, rampas, tiempo, coordinación y una tranquilidad pasmosa para hacerlo sin que un solo vecino, perro o gallo diera la alarma. En la región citrícola, donde todo mundo sabe de quién es cada árbol de naranjo, resulta que 46 vacas lograron el sueño de cualquier adolescente: salir de casa sin que nadie se diera cuenta.
Lo mejor es que no fue un caso aislado. Días antes, habitantes de varias comunidades de la región ya habían denunciado robos de ganado, con fotografías de sus animales incluidas, como quien pone el cartel de 'se busca' en la tiendita. Y aun así, el ganado siguió esfumándose. Nuevo León tiene el raro honor de ser un estado donde hasta las vacas emigran, solo que a estas se las llevan a la fuerza y sin despedida.
Las autoridades ministeriales, fieles a su costумbre, informaron que 'realizan las averiguaciones correspondientes'. Traducción del gremio: se abrió una carpeta y se está reuniendo información sobre unos animales que, a estas alturas, muy probablemente ya son barbacoa en algún punto indeterminado de la República. El tiempo corre en contra: cada hora que pasa, las 46 pistas principales del caso están más cerca de convertirse en tacos.
Mientras tanto, los rancheros de la zona hacen lo único que pueden: denunciar, tomar fotos y rezar. Porque si algo enseña este episodio es que en el campo neolonés la seguridad ganadera depende menos del Estado y más de la buena fe del ladrón. Y la buena fe, ya vimos, se llevó 46 vacas de un tirón. Que aparezca aunque sea una, y prometemos escribir la secuela.
Seamos justos con el crimen: mover casi medio centenar de reses no es cosa de aficionados. Una vaca no cabe en la bolsa del mandado ni se echa a correr calladita. Estamos hablando de camiones, rampas, tiempo, coordinación y una tranquilidad pasmosa para hacerlo sin que un solo vecino, perro o gallo diera la alarma. En la región citrícola, donde todo mundo sabe de quién es cada árbol de naranjo, resulta que 46 vacas lograron el sueño de cualquier adolescente: salir de casa sin que nadie se diera cuenta.
Lo mejor es que no fue un caso aislado. Días antes, habitantes de varias comunidades de la región ya habían denunciado robos de ganado, con fotografías de sus animales incluidas, como quien pone el cartel de 'se busca' en la tiendita. Y aun así, el ganado siguió esfumándose. Nuevo León tiene el raro honor de ser un estado donde hasta las vacas emigran, solo que a estas se las llevan a la fuerza y sin despedida.
Las autoridades ministeriales, fieles a su costумbre, informaron que 'realizan las averiguaciones correspondientes'. Traducción del gremio: se abrió una carpeta y se está reuniendo información sobre unos animales que, a estas alturas, muy probablemente ya son barbacoa en algún punto indeterminado de la República. El tiempo corre en contra: cada hora que pasa, las 46 pistas principales del caso están más cerca de convertirse en tacos.
Mientras tanto, los rancheros de la zona hacen lo único que pueden: denunciar, tomar fotos y rezar. Porque si algo enseña este episodio es que en el campo neolonés la seguridad ganadera depende menos del Estado y más de la buena fe del ladrón. Y la buena fe, ya vimos, se llevó 46 vacas de un tirón. Que aparezca aunque sea una, y prometemos escribir la secuela.