El Paso paga 135 mil dólares para descubrir el gran misterio de que los juarenses van de compras
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Hay preguntas que la humanidad lleva siglos intentando responder: ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿por qué los juarenses cruzan a Texas a gastar? Buenas noticias: la ciudad de El Paso, Texas, decidió invertir más de 135 mil dólares para resolver, de una vez por todas, la última de esas tres incógnitas cósmicas.
Según el convenio firmado con El Colegio de la Frontera Norte (El Colef), el estudio contempla aplicar entre 15 mil 600 y 19 mil 500 encuestas en cuatro puentes internacionales durante un año completo. Es decir, un ejército de encuestadores parado en la fila del puente preguntándole a la gente, mientras avanza a vuelta de rueda con las bolsas del mandado, cuánto acaba de gastar del otro lado. Como si el ticket que trae en la mano no fuera evidencia suficiente.
Uno imagina la reunión donde se aprobó el presupuesto. Alguien levantó la mano y dijo: 'Necesitamos saber cuánto dinero nos dejan los juarenses'. Y en lugar de asomarse a la ventana del centro comercial un sábado por la tarde —donde el estacionamiento parece concentración vehicular con placas de Chihuahua— decidieron soltar seis cifras en dólares para confirmarlo con rigor académico. La ciencia, ya se sabe, exige método; el sentido común, en cambio, exige poco presupuesto y ninguno de los dos gana licitaciones.
Lo hermoso del asunto es la ironía perfecta: el estudio para medir cuánto gastan los juarenses en Texas se paga, precisamente, con lo que los juarenses gastan en Texas. Es un círculo virtuoso digno de enmarcarse. Cada tamal, cada tenis, cada despensa que un fronterizo compra del otro lado ayuda a financiar la investigación que comprobará que, en efecto, los fronterizos compran del otro lado.
Mientras El Paso encuesta, del lado mexicano seguimos con la explicación de siempre, esa que no cuesta un centavo: se cruza porque a veces está más barato, porque hay variedad, porque de paso se come y se pasea. Ahí tienen su estudio, señores del norte, servido en bandeja y sin IVA. Nomás no digan que no somos buenos vecinos.
Según el convenio firmado con El Colegio de la Frontera Norte (El Colef), el estudio contempla aplicar entre 15 mil 600 y 19 mil 500 encuestas en cuatro puentes internacionales durante un año completo. Es decir, un ejército de encuestadores parado en la fila del puente preguntándole a la gente, mientras avanza a vuelta de rueda con las bolsas del mandado, cuánto acaba de gastar del otro lado. Como si el ticket que trae en la mano no fuera evidencia suficiente.
Uno imagina la reunión donde se aprobó el presupuesto. Alguien levantó la mano y dijo: 'Necesitamos saber cuánto dinero nos dejan los juarenses'. Y en lugar de asomarse a la ventana del centro comercial un sábado por la tarde —donde el estacionamiento parece concentración vehicular con placas de Chihuahua— decidieron soltar seis cifras en dólares para confirmarlo con rigor académico. La ciencia, ya se sabe, exige método; el sentido común, en cambio, exige poco presupuesto y ninguno de los dos gana licitaciones.
Lo hermoso del asunto es la ironía perfecta: el estudio para medir cuánto gastan los juarenses en Texas se paga, precisamente, con lo que los juarenses gastan en Texas. Es un círculo virtuoso digno de enmarcarse. Cada tamal, cada tenis, cada despensa que un fronterizo compra del otro lado ayuda a financiar la investigación que comprobará que, en efecto, los fronterizos compran del otro lado.
Mientras El Paso encuesta, del lado mexicano seguimos con la explicación de siempre, esa que no cuesta un centavo: se cruza porque a veces está más barato, porque hay variedad, porque de paso se come y se pasea. Ahí tienen su estudio, señores del norte, servido en bandeja y sin IVA. Nomás no digan que no somos buenos vecinos.