Jalisco ya practica el bloqueo: el único ensayo que sí nos sale a la primera
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Que nadie se alarme, ciudadanía: este lunes a las 13:00 horas Jalisco hará un simulacro de bloqueos carreteros en siete corredores de ingreso a la metrópoli, coordinado por la 5/a Región Militar y el gabinete de seguridad, con fuerzas federales, estatales, municipales, Protección Civil y Bomberos. El objetivo, según la autoridad, es fortalecer la coordinación entre instituciones y evaluar su capacidad de respuesta ante escenarios de riesgo. La autoridad también pidió a la población no compartir información no verificada que pueda generar alarma. Petición razonable, salvo por un detalle metafísico: en Jalisco distinguir el simulacro del hecho real es un ejercicio de fe comparable con el de la peregrinación.
Hay algo tiernamente honesto en montar un ensayo para practicar cómo nos bloquean. Es como que la escuela organizara un simulacro de reprobar el examen: reconocer que la posibilidad existe ya es media clase aprendida. Otros estados ensayan sismos e incendios; nosotros ensayamos la parálisis metropolitana con la seriedad de quien sabe que el guion no es hipotético, sino más bien un recordatorio calendarizado.
El despliegue promete ser impecable: unidades de emergencia movilizadas por toda la ciudad, corporaciones sincronizadas y una coreografía interinstitucional que ya quisiéramos ver aplicada, por decir algo, en bachear una avenida o hacer que el semáforo de la esquina no lleve tres meses parpadeando. Cuando se trata de simular el caos, Jalisco convoca a todos; cuando se trata de resolver el caos cotidiano, la convocatoria se traspapela.
El mensaje subliminal para el ciudadano de a pie es glorioso: prepárese emocionalmente, pero no se asuste; hoy es de mentiritas. Aun así, muchos tapatíos vivirán el simulacro con una calma sospechosa, esa que da la costumbre. Porque en materia de quedarse varado en la carretera, esta tierra no necesita practicar: ya tiene doctorado. Lo que faltaría ensayar es el día después, ese en que las instituciones responden igual de rápido cuando nadie avisó que era de a de veras.
Hay algo tiernamente honesto en montar un ensayo para practicar cómo nos bloquean. Es como que la escuela organizara un simulacro de reprobar el examen: reconocer que la posibilidad existe ya es media clase aprendida. Otros estados ensayan sismos e incendios; nosotros ensayamos la parálisis metropolitana con la seriedad de quien sabe que el guion no es hipotético, sino más bien un recordatorio calendarizado.
El despliegue promete ser impecable: unidades de emergencia movilizadas por toda la ciudad, corporaciones sincronizadas y una coreografía interinstitucional que ya quisiéramos ver aplicada, por decir algo, en bachear una avenida o hacer que el semáforo de la esquina no lleve tres meses parpadeando. Cuando se trata de simular el caos, Jalisco convoca a todos; cuando se trata de resolver el caos cotidiano, la convocatoria se traspapela.
El mensaje subliminal para el ciudadano de a pie es glorioso: prepárese emocionalmente, pero no se asuste; hoy es de mentiritas. Aun así, muchos tapatíos vivirán el simulacro con una calma sospechosa, esa que da la costumbre. Porque en materia de quedarse varado en la carretera, esta tierra no necesita practicar: ya tiene doctorado. Lo que faltaría ensayar es el día después, ese en que las instituciones responden igual de rápido cuando nadie avisó que era de a de veras.