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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 13 de julio de 2026

Noruega adopta el taco los viernes: el Bajío exige regalías (o al menos una disculpa)

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Noruega adopta el taco los viernes: el Bajío exige regalías (o al menos una disculpa)
Que se siente Guanajuato, que esto duele bonito. Resulta que en Noruega —el país del bacalao, el salmón y los suéteres de renta hipotecaria— existe desde los años noventa una tradición llamada Tacofredag, que en cristiano quiere decir 'Viernes de Tacos'. Sí: millones de hogares noruegos dejan de cocinar sus mariscos carísimos cada viernes para armarse una tacada familiar, convivir y arrancar el fin de semana como Dios manda. Como manda Dios en Salamanca, digo.

La historia, según la reconstruye la propia nota, es de novela petrolera. A finales de los sesenta, Noruega empezó a explotar el Mar del Norte y llegaron trabajadores, ingenieros y consultores de Texas con su comida Tex-Mex bajo el brazo. Los vikingos probaron el taco, les cambió la vida, y para los noventa ya lo habían ascendido de moda pasajera a tradición sagrada. Todo muy tierno, salvo por un detalle que nos escuece: reconocen que originalmente era Tex-Mex, pero terminaron adorándolo como 'cocina mexicana'. O sea, nos pusieron el apellido sin invitarnos a la boda.

Uno se imagina al noruego promedio, un viernes por la noche, calentando una tortilla mientras afuera nieva, convencido de que está viviendo una experiencia profundamente mexicana. Y no le vamos a quitar la ilusión: al menos ellos sí respetan el viernes de tacos como institución nacional, cosa que aquí ni con feria y reina logramos legislar. La ironía final es geográfica: para encontrar un país que trate al taco con la solemnidad de un rito, tuvimos que mirar a 9 mil kilómetros, entre fiordos, donde el pico de gallo debe costar lo que un enganche de casa.

Así que propongo, con todo el peso moral del Bajío, un hermanamiento inmediato: que Abasolo mande a un maestro taquero a Oslo como embajador cultural, y que Noruega, a cambio, nos explique cómo le hicieron para que una costumbre de trabajadores petroleros se volviera identidad nacional sin que nadie clausurara el puesto por falta de permiso. Porque aquí, mientras Noruega celebra el taco, la SATEG anda multando por 35 millones al que vende chela sin folio. Cada quien su viernes.