Celaya cumple 20 meses sin cobrar un peso por su estacionamiento: el único déficit que se logra sin abrir
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Hay logros que solo el Bajío entrega, y Celaya acaba de coronar uno para el récord: veinte meses —casi dos años completos— sin recibir un solo peso por el estacionamiento del Parque Morelos. No por generosidad municipal, no por un rasgo de nobleza hacia el automovilista celayense, sino porque el inmueble simplemente no sirve. Está descompuesto, inservible, y para revivirlo la constructora debe desembolsar entre tres y cuatro millones de pesos. Traducción: el estacionamiento lleva año y medio de vacaciones pagadas y nadie lo ha ido a buscar.
Pongámoslo en perspectiva. En veinte meses una persona puede tener un bebé, verlo gatear y casi mandarlo a la guardería. En veinte meses cambia la temporada de la Liga MX dos veces, se pela el maíz y vuelve a crecer. Y en todo ese tiempo, el estacionamiento del Parque Morelos ha logrado la hazaña de existir sin funcionar, cobrar sin cobrar, y ocupar espacio sin dar servicio. Es el empleado ideal para quien no quiere trabajar: presente en nómina, ausente en la práctica.
Lo verdaderamente poético es la vecindad. En ese mismo Parque Morelos se acaba de disputar la final del Futbolito, donde el equipo Robakillers levantó el trofeo tras vencer 3-1 a La Colonia en un duelo 'lleno de intensidad y emociones'. Es decir: en el parque hay campeones, hay afición, hay pasión deportiva palpitante… lo único que no hay es un estacionamiento donde dejar el coche. La vida cultural y deportiva del lugar florece; la infraestructura, en cambio, medita en silencio sus tres o cuatro millones pendientes.
Uno entiende que las obras se descomponen, que las constructoras incumplen y que rehabilitar cuesta. Lo que cuesta digerir es la naturalidad del número: veinte meses. No dos, no cinco, no 'unos cuantos'. Veinte, contados con calma, como quien cuenta las canas. En algún cajón de alguna oficina municipal, ese estacionamiento sigue apareciendo como un activo que, en realidad, es un monumento a la espera. Y mientras la constructora decide si suelta los millones, el celayense seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer el mexicano ante la infraestructura ausente: buscar lugar en la calle, rezarle a San Judas por el retrovisor y estacionarse en doble fila con la dignidad intacta.
Pongámoslo en perspectiva. En veinte meses una persona puede tener un bebé, verlo gatear y casi mandarlo a la guardería. En veinte meses cambia la temporada de la Liga MX dos veces, se pela el maíz y vuelve a crecer. Y en todo ese tiempo, el estacionamiento del Parque Morelos ha logrado la hazaña de existir sin funcionar, cobrar sin cobrar, y ocupar espacio sin dar servicio. Es el empleado ideal para quien no quiere trabajar: presente en nómina, ausente en la práctica.
Lo verdaderamente poético es la vecindad. En ese mismo Parque Morelos se acaba de disputar la final del Futbolito, donde el equipo Robakillers levantó el trofeo tras vencer 3-1 a La Colonia en un duelo 'lleno de intensidad y emociones'. Es decir: en el parque hay campeones, hay afición, hay pasión deportiva palpitante… lo único que no hay es un estacionamiento donde dejar el coche. La vida cultural y deportiva del lugar florece; la infraestructura, en cambio, medita en silencio sus tres o cuatro millones pendientes.
Uno entiende que las obras se descomponen, que las constructoras incumplen y que rehabilitar cuesta. Lo que cuesta digerir es la naturalidad del número: veinte meses. No dos, no cinco, no 'unos cuantos'. Veinte, contados con calma, como quien cuenta las canas. En algún cajón de alguna oficina municipal, ese estacionamiento sigue apareciendo como un activo que, en realidad, es un monumento a la espera. Y mientras la constructora decide si suelta los millones, el celayense seguirá haciendo lo que mejor sabe hacer el mexicano ante la infraestructura ausente: buscar lugar en la calle, rezarle a San Judas por el retrovisor y estacionarse en doble fila con la dignidad intacta.