Morelia se hunde metro con diez, pero los diputados ya empacaron el bloqueador
Tamaño de letra
Domingo de reflexión en Michoacán: mientras el estado achica el agua con cubetas prestadas, la clase política ya está midiendo cuál Rayban le queda mejor para dos meses de descanso. No se puede acusar a nadie de mala fe; simplemente cada quien atendió su emergencia. La ciudadanía atendió la inundación; los legisladores atendieron la maleta.
Empecemos por lo mojado. Contramuro reportó que las lluvias del sábado dejaron inundaciones de hasta 1.10 metros en Morelia, seis personas rescatadas en lancha y otras cinco auxiliadas para poder entrar a su propia casa. Un metro diez es, para que nos ubiquemos, la altura de un niño de primaria: la ciudad quedó, literalmente, con el agua al pecho de un menor. El coordinador de Protección Civil describió recorridos ininterrumpidos, monitoreo de drenes y ríos, y el clásico 'operativo permanente', esa figura administrativa que en Morelia ya debería tener contrato de planta.
El alcalde, por su parte, ofreció la explicación meteorológica del año: en un solo sábado llovió lo equivalente a tres semanas. Traducido: no fue que la ciudad no tuviera drenaje, es que el cielo se puso creativo. El Sol de Morelia confirmó que el Río Grande alcanzó el 90% de su capacidad y que los drenes andan entre 80 y 100%, es decir, llenos hasta el copete, como la paciencia del moreliano que ya no sabe si comprar botas de hule o una trajinera. Y por si el pronóstico se cumplía, el DIF alistó albergues para 75 personas. La buena noticia: hasta el domingo nadie los había necesitado. La mala: los alistaron porque saben perfectamente cómo termina la película cuando vuelve a llover.
Ahora, el contraste que duele. El Sol de Morelia también informó que los diputados de la LXXVI Legislatura se van dos meses de vacaciones y regresan hasta el 15 de septiembre, 'con muchos pendientes y deudas sociales'. Qué elegancia de redacción: se van con los pendientes puestos, como quien deja los platos sucios y apaga la luz de la cocina para no verlos. Sesenta días de receso justo en plena temporada de lluvias, cuando media ciudad rema. Uno entiende que el cuerpo necesita descanso, pero hay algo poético en que los representantes populares tomen aire fresco exactamente cuando el pueblo está tomando agua de dren.
De lo simbólico a lo aguacatero. En la carretera Tancítaro–San Juan Nuevo se incendió una camioneta cargada de aguacate por una falla mecánica. Los tripulantes, con una jerarquía de valores muy michoacana, se pusieron a salvo y acto seguido se lanzaron a rescatar las cajas antes de que las llamas se comieran el producto. Y uno no los juzga: en esta tierra el oro verde no se abandona ni entre las llamas. Fue, técnicamente, la primera guacamaya flameada del año, cortesía de la mecánica automotriz. Nadie salió lesionado, salvo el precio por kilo, que ante cualquier pretexto sube.
Mientras la superficie ardía y se inundaba, el Zoológico Benito Juárez presumió 528 nacimientos de 35 especies en lo que va de la administración. Aplausos sinceros: es de las pocas dependencias en Michoacán donde 'crecer las cifras' es literalmente una buena noticia y no un boletín para tapar otra. En una ciudad donde los humanos rentan lanchas, los animalitos del zoológico son la única población que reporta prosperidad, techo asegurado y natalidad al alza. Si acaso, deberían dar asesorías.
Y para cerrar el tour de contrastes, El Sol de Morelia informó que las autoridades descartan un aumento de casos de COVID pese al repunte nacional, con un cálculo tan tranquilizador como preciso: dos casos positivos en las últimas dos semanas. Dos. Uno casi quisiera pedirles que también contaran así las inundaciones —'un par de charquitos'— a ver si con esa metodología optimista la ciudad amanece seca.
Mención honorífica para la nostalgia: La Voz recordó que donde hoy la gente hace cola con actas de nacimiento y recibos del predial, antes estaba la vieja Central de Autobuses, con su olor a diésel y sus salidas a Uruapan y Lázaro Cárdenas. Cambiamos maletas por carpetas de plástico, y el pasajero apurado por el ciudadano formado. Progreso, dicen. Al menos en la antigua central uno sabía a qué hora salía su camión; en la nueva burocracia, todavía estamos esperando el aviso de salida.
Así quedó el fin de semana: la ciudad con el agua al pecho, el aguacate al carbón, los animalitos multiplicándose felices y los diputados abordando su receso puntual. Michoacán no descansa; solo cambia de nivel de agua. Nos vemos el 15 de septiembre, señores legisladores. Traigan botas.
Empecemos por lo mojado. Contramuro reportó que las lluvias del sábado dejaron inundaciones de hasta 1.10 metros en Morelia, seis personas rescatadas en lancha y otras cinco auxiliadas para poder entrar a su propia casa. Un metro diez es, para que nos ubiquemos, la altura de un niño de primaria: la ciudad quedó, literalmente, con el agua al pecho de un menor. El coordinador de Protección Civil describió recorridos ininterrumpidos, monitoreo de drenes y ríos, y el clásico 'operativo permanente', esa figura administrativa que en Morelia ya debería tener contrato de planta.
El alcalde, por su parte, ofreció la explicación meteorológica del año: en un solo sábado llovió lo equivalente a tres semanas. Traducido: no fue que la ciudad no tuviera drenaje, es que el cielo se puso creativo. El Sol de Morelia confirmó que el Río Grande alcanzó el 90% de su capacidad y que los drenes andan entre 80 y 100%, es decir, llenos hasta el copete, como la paciencia del moreliano que ya no sabe si comprar botas de hule o una trajinera. Y por si el pronóstico se cumplía, el DIF alistó albergues para 75 personas. La buena noticia: hasta el domingo nadie los había necesitado. La mala: los alistaron porque saben perfectamente cómo termina la película cuando vuelve a llover.
Ahora, el contraste que duele. El Sol de Morelia también informó que los diputados de la LXXVI Legislatura se van dos meses de vacaciones y regresan hasta el 15 de septiembre, 'con muchos pendientes y deudas sociales'. Qué elegancia de redacción: se van con los pendientes puestos, como quien deja los platos sucios y apaga la luz de la cocina para no verlos. Sesenta días de receso justo en plena temporada de lluvias, cuando media ciudad rema. Uno entiende que el cuerpo necesita descanso, pero hay algo poético en que los representantes populares tomen aire fresco exactamente cuando el pueblo está tomando agua de dren.
De lo simbólico a lo aguacatero. En la carretera Tancítaro–San Juan Nuevo se incendió una camioneta cargada de aguacate por una falla mecánica. Los tripulantes, con una jerarquía de valores muy michoacana, se pusieron a salvo y acto seguido se lanzaron a rescatar las cajas antes de que las llamas se comieran el producto. Y uno no los juzga: en esta tierra el oro verde no se abandona ni entre las llamas. Fue, técnicamente, la primera guacamaya flameada del año, cortesía de la mecánica automotriz. Nadie salió lesionado, salvo el precio por kilo, que ante cualquier pretexto sube.
Mientras la superficie ardía y se inundaba, el Zoológico Benito Juárez presumió 528 nacimientos de 35 especies en lo que va de la administración. Aplausos sinceros: es de las pocas dependencias en Michoacán donde 'crecer las cifras' es literalmente una buena noticia y no un boletín para tapar otra. En una ciudad donde los humanos rentan lanchas, los animalitos del zoológico son la única población que reporta prosperidad, techo asegurado y natalidad al alza. Si acaso, deberían dar asesorías.
Y para cerrar el tour de contrastes, El Sol de Morelia informó que las autoridades descartan un aumento de casos de COVID pese al repunte nacional, con un cálculo tan tranquilizador como preciso: dos casos positivos en las últimas dos semanas. Dos. Uno casi quisiera pedirles que también contaran así las inundaciones —'un par de charquitos'— a ver si con esa metodología optimista la ciudad amanece seca.
Mención honorífica para la nostalgia: La Voz recordó que donde hoy la gente hace cola con actas de nacimiento y recibos del predial, antes estaba la vieja Central de Autobuses, con su olor a diésel y sus salidas a Uruapan y Lázaro Cárdenas. Cambiamos maletas por carpetas de plástico, y el pasajero apurado por el ciudadano formado. Progreso, dicen. Al menos en la antigua central uno sabía a qué hora salía su camión; en la nueva burocracia, todavía estamos esperando el aviso de salida.
Así quedó el fin de semana: la ciudad con el agua al pecho, el aguacate al carbón, los animalitos multiplicándose felices y los diputados abordando su receso puntual. Michoacán no descansa; solo cambia de nivel de agua. Nos vemos el 15 de septiembre, señores legisladores. Traigan botas.