El Congreso michoacano descubre el modo avión: dos meses sin señal
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Hay obras públicas que se anuncian con moño y tijeras, y hay otras que se ejecutan en silencio, casi con pudor. La más eficiente del año pertenece a la segunda categoría: los diputados de la LXXVI Legislatura de Michoacán acaban de inaugurar dos meses de vacaciones, con fecha de reapertura garantizada para el 15 de septiembre. Ni un día de retraso. Cuando de descansar se trata, el Congreso sí cumple plazos.
El detalle, según reportó El Sol de Morelia, es que los legisladores se van 'con muchos pendientes y deudas sociales'. Uno agradece la honestidad. No se fueron fingiendo que dejaron todo resuelto; se fueron reconociendo que dejaron la mesa a medio poner y las sillas volteadas. Es casi conmovedor: como el estudiante que entrega la hoja en blanco pero al menos escribe su nombre bien bonito en la esquina.
El timing, eso sí, merece un renglón aparte. El receso arranca justo cuando media Morelia anda achicando agua con cubeta, con inundaciones de hasta un metro con diez y gente rescatada en lancha. Es decir: mientras el pueblo mide el nivel del dren, sus representantes miden el nivel del bloqueador. Nadie discute que descansar es humano y hasta saludable; lo que despierta ternura es la sincronía. Sesenta días de aire fresco elegidos con la precisión de un reloj suizo, exactamente en temporada de lluvias.
Dos meses dan para mucho: para que baje el agua, para que suba el aguacate, para tres repuntes de lo que sea y para que el ciudadano, ese ser de infinita paciencia, olvide qué pendientes eran los urgentes. Cuando los legisladores regresen el 15 de septiembre, seguramente encontrarán la misma pila de asuntos exactamente donde la dejaron, intacta, cual monumento a la continuidad institucional.
Que tengan felices vacaciones, señores diputados. El estado se queda cuidando la casa. Otra vez.
El detalle, según reportó El Sol de Morelia, es que los legisladores se van 'con muchos pendientes y deudas sociales'. Uno agradece la honestidad. No se fueron fingiendo que dejaron todo resuelto; se fueron reconociendo que dejaron la mesa a medio poner y las sillas volteadas. Es casi conmovedor: como el estudiante que entrega la hoja en blanco pero al menos escribe su nombre bien bonito en la esquina.
El timing, eso sí, merece un renglón aparte. El receso arranca justo cuando media Morelia anda achicando agua con cubeta, con inundaciones de hasta un metro con diez y gente rescatada en lancha. Es decir: mientras el pueblo mide el nivel del dren, sus representantes miden el nivel del bloqueador. Nadie discute que descansar es humano y hasta saludable; lo que despierta ternura es la sincronía. Sesenta días de aire fresco elegidos con la precisión de un reloj suizo, exactamente en temporada de lluvias.
Dos meses dan para mucho: para que baje el agua, para que suba el aguacate, para tres repuntes de lo que sea y para que el ciudadano, ese ser de infinita paciencia, olvide qué pendientes eran los urgentes. Cuando los legisladores regresen el 15 de septiembre, seguramente encontrarán la misma pila de asuntos exactamente donde la dejaron, intacta, cual monumento a la continuidad institucional.
Que tengan felices vacaciones, señores diputados. El estado se queda cuidando la casa. Otra vez.