El zoológico de Morelia reporta 528 nacimientos; el resto de la ciudad reporta 1.10 metros de agua
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Buenas noticias para variar, y de la fuente menos esperada: el Parque Zoológico Benito Juárez de Morelia anunció 528 nacimientos de más de 35 especies en lo que va de la administración. La cifra, presumida con orgullo, coloca al recinto entre los más importantes de América Latina en conservación, reproducción y bienestar animal. Aplausos sinceros y sin sarcasmo para el equipo que cuida la fauna: es raro que en Michoacán una estadística suba y sea, sin asterisco, motivo de fiesta.
Lo que sí invita a la reflexión es el contraste. En la misma ciudad donde los animalitos gozan de techo garantizado, alimentación puntual, atención veterinaria y una natalidad envidiable, la población humana pasó el fin de semana rescatada en lancha, con inundaciones de hasta un metro con diez y cinco personas auxiliadas para poder entrar a su propia casa. Uno empieza a sospechar que el mejor plan de vivienda de Morelia lo tienen las especies en resguardo.
Pensémoslo con frialdad estadística: 528 nuevos habitantes del zoológico llegaron a un mundo con servicios asegurados, dieta balanceada y cero preocupaciones por el predial. Mientras tanto, del otro lado de la reja, el moreliano promedio anda calculando si el dren aguanta otra tormenta. Si algún funcionario busca un modelo de gestión exitosa, no tiene que ir muy lejos: está a unos metros, entre jaulas y estanques, funcionando de maravilla.
Que nadie malinterprete: el zoológico hace su trabajo y lo hace bien, y ojalá siga así. La ironía no va contra los cuidadores ni contra los recién nacidos, que son la nota tierna del día. La ironía va contra una ciudad donde la fauna prospera con orden y presupuesto, mientras los bípedos contribuyentes rentan trajinera. Enhorabuena por las 528 crías. Ahora, si se pudiera exportar esa eficiencia unos metros más allá de la reja, Morelia amanecería seca.
Lo que sí invita a la reflexión es el contraste. En la misma ciudad donde los animalitos gozan de techo garantizado, alimentación puntual, atención veterinaria y una natalidad envidiable, la población humana pasó el fin de semana rescatada en lancha, con inundaciones de hasta un metro con diez y cinco personas auxiliadas para poder entrar a su propia casa. Uno empieza a sospechar que el mejor plan de vivienda de Morelia lo tienen las especies en resguardo.
Pensémoslo con frialdad estadística: 528 nuevos habitantes del zoológico llegaron a un mundo con servicios asegurados, dieta balanceada y cero preocupaciones por el predial. Mientras tanto, del otro lado de la reja, el moreliano promedio anda calculando si el dren aguanta otra tormenta. Si algún funcionario busca un modelo de gestión exitosa, no tiene que ir muy lejos: está a unos metros, entre jaulas y estanques, funcionando de maravilla.
Que nadie malinterprete: el zoológico hace su trabajo y lo hace bien, y ojalá siga así. La ironía no va contra los cuidadores ni contra los recién nacidos, que son la nota tierna del día. La ironía va contra una ciudad donde la fauna prospera con orden y presupuesto, mientras los bípedos contribuyentes rentan trajinera. Enhorabuena por las 528 crías. Ahora, si se pudiera exportar esa eficiencia unos metros más allá de la reja, Morelia amanecería seca.