La torre que apagó la noche en la Del Valle
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Existe un fenómeno astronómico que la ciencia no había registrado hasta ahora: el amanecer permanente en la colonia Del Valle Sur. No lo provoca el sol, no lo provoca la luna, lo provoca una letra G gigante instalada en lo alto de la torre Be Grand, en avenida Universidad y José María Rico, que permanece encendida como si la alcaldía Benito Juárez hubiera decidido que dormir es una costumbre pequeñoburguesa.
Los vecinos ya presentaron su denuncia ante la PAOT, folio PAOT-127-577, por contaminación lumínica. "No puedo mantener las cortinas abiertas porque pareciera que no hay noche, todo el tiempo hay luz", declaró una residente que vive a 600 metros de la letra en cuestión. Seiscientos metros. Es decir, esta G no ilumina un departamento: ilumina un código postal completo. Otros vecinos ya optaron por cortinas gruesas, persianas especiales y, presumimos, antifaces como si vivieran en un vuelo transatlántico permanente que nunca aterriza.
Hay algo profundamente capitalino en esta historia. En una ciudad donde conseguir agua es una odisea, donde el drenaje se anega con cada lluvia y donde los edificios crecen pisos de más como hongos después de una tormenta, resulta que el problema urgente de un grupo de vecinos es una letra luminosa del tamaño de un anuncio espectacular que decidió, por su cuenta, cancelar la noche.
La expansión inmobiliaria alrededor del pueblo de Xoco ya traía su cargamento de molestias: ruido de obras, tránsito, presión sobre el agua, ese combo que las torres de lujo reparten a los vecinos que tuvieron la mala idea de llegar primero. Pero la G es el toque final, la cereza del pastel corporativo: no basta con quitarte el silencio, el agua y el paso; ahora también te quitan la oscuridad.
Uno entiende el mensaje subliminal de la marca: "Be Grand", sé grande. Y vaya que la letra es grande. Tan grande que los vecinos ya sueñan —si es que logran dormir— con el día en que alguien encuentre el interruptor. Mientras tanto, la Del Valle Sur vive el privilegio dudoso de tener su propio sol de neón, gratuito, ininterrumpido y sin posibilidad de eclipse.
Los vecinos ya presentaron su denuncia ante la PAOT, folio PAOT-127-577, por contaminación lumínica. "No puedo mantener las cortinas abiertas porque pareciera que no hay noche, todo el tiempo hay luz", declaró una residente que vive a 600 metros de la letra en cuestión. Seiscientos metros. Es decir, esta G no ilumina un departamento: ilumina un código postal completo. Otros vecinos ya optaron por cortinas gruesas, persianas especiales y, presumimos, antifaces como si vivieran en un vuelo transatlántico permanente que nunca aterriza.
Hay algo profundamente capitalino en esta historia. En una ciudad donde conseguir agua es una odisea, donde el drenaje se anega con cada lluvia y donde los edificios crecen pisos de más como hongos después de una tormenta, resulta que el problema urgente de un grupo de vecinos es una letra luminosa del tamaño de un anuncio espectacular que decidió, por su cuenta, cancelar la noche.
La expansión inmobiliaria alrededor del pueblo de Xoco ya traía su cargamento de molestias: ruido de obras, tránsito, presión sobre el agua, ese combo que las torres de lujo reparten a los vecinos que tuvieron la mala idea de llegar primero. Pero la G es el toque final, la cereza del pastel corporativo: no basta con quitarte el silencio, el agua y el paso; ahora también te quitan la oscuridad.
Uno entiende el mensaje subliminal de la marca: "Be Grand", sé grande. Y vaya que la letra es grande. Tan grande que los vecinos ya sueñan —si es que logran dormir— con el día en que alguien encuentre el interruptor. Mientras tanto, la Del Valle Sur vive el privilegio dudoso de tener su propio sol de neón, gratuito, ininterrumpido y sin posibilidad de eclipse.