Los patos que entendieron primero: éxodo con plumas en la planta de la CFE
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Hay noticias que parecen escritas por un guionista con demasiado tiempo libre, y luego está la realidad de Guadalupe, que no necesita guionistas. Este fin de semana, una familia de patos decidió ingresar a las instalaciones de una planta de la Comisión Federal de Electricidad, y el personal del lugar, en un arranque de humanidad interespecie, solicitó apoyo a Protección Civil para ponerlos a salvo. Los rescataron. Sanos, salvos y, presumimos, muy confundidos sobre por qué los humanos hacían fila para sacarlos justo del sitio del que tantos humanos querrían salir corriendo.
Detengámonos en la escena, porque lo merece. Unos patos —animales que, en teoría, buscan agua, sombra y tranquilidad— eligieron como destino turístico una planta eléctrica. No un lago de Chipinque, no una fuente de la Macroplaza: una instalación de la CFE. Y apenas pusieron pata adentro, el operativo completo se activó para ayudarlos a irse. Si eso no es una metáfora de la relación del regiomontano promedio con su suministro eléctrico en pleno julio bochornoso, entonces la metáfora ya no significa nada.
Uno imagina a los patos deliberando: '¿entramos?'. '¿Y si nos rescatan?'. '¿Y si no?'. Al final entraron, y a diferencia del usuario común, que puede pasar horas esperando que alguien responda por un apagón, ellos tuvieron brigada, atención personalizada y traslado a zona segura. El servicio al pato, en Nuevo León, resultó ser de cinco estrellas. El servicio al humano sigue en revisión.
Hay que reconocer el gesto: el personal de la planta actuó bien, pidió ayuda, y Protección Civil de Guadalupe hizo su chamba con eficiencia envidiable. Nadie salió lastimado, ni pato ni persona, y en un fin de semana cargado de accidentes viales y tragedias reales, un rescate de patos es la clase de nota que le devuelve a uno la fe en que todavía quedan finales felices, aunque sean con plumas.
Eso sí, quedan preguntas metafísicas sin resolver. ¿Qué buscaban los patos ahí? ¿Sombra? ¿Frescura? ¿Un recibo bimestral? ¿O simplemente, como buena parte de la fauna y la ciudadanía de esta zona metropolitana, andaban desorientados por el calor y terminaron donde nadie planeaba terminar? La ciencia no lo aclara. Lo que sí quedó claro es el orden natural de las prioridades: cuando entra un pato a la CFE, todos se movilizan para sacarlo. Ojalá esa misma prontitud aplicara para todo lo demás que entra y no sale. Bienvenidos a Guadalupe, donde hasta las aves ya andan buscando la salida.
Detengámonos en la escena, porque lo merece. Unos patos —animales que, en teoría, buscan agua, sombra y tranquilidad— eligieron como destino turístico una planta eléctrica. No un lago de Chipinque, no una fuente de la Macroplaza: una instalación de la CFE. Y apenas pusieron pata adentro, el operativo completo se activó para ayudarlos a irse. Si eso no es una metáfora de la relación del regiomontano promedio con su suministro eléctrico en pleno julio bochornoso, entonces la metáfora ya no significa nada.
Uno imagina a los patos deliberando: '¿entramos?'. '¿Y si nos rescatan?'. '¿Y si no?'. Al final entraron, y a diferencia del usuario común, que puede pasar horas esperando que alguien responda por un apagón, ellos tuvieron brigada, atención personalizada y traslado a zona segura. El servicio al pato, en Nuevo León, resultó ser de cinco estrellas. El servicio al humano sigue en revisión.
Hay que reconocer el gesto: el personal de la planta actuó bien, pidió ayuda, y Protección Civil de Guadalupe hizo su chamba con eficiencia envidiable. Nadie salió lastimado, ni pato ni persona, y en un fin de semana cargado de accidentes viales y tragedias reales, un rescate de patos es la clase de nota que le devuelve a uno la fe en que todavía quedan finales felices, aunque sean con plumas.
Eso sí, quedan preguntas metafísicas sin resolver. ¿Qué buscaban los patos ahí? ¿Sombra? ¿Frescura? ¿Un recibo bimestral? ¿O simplemente, como buena parte de la fauna y la ciudadanía de esta zona metropolitana, andaban desorientados por el calor y terminaron donde nadie planeaba terminar? La ciencia no lo aclara. Lo que sí quedó claro es el orden natural de las prioridades: cuando entra un pato a la CFE, todos se movilizan para sacarlo. Ojalá esa misma prontitud aplicara para todo lo demás que entra y no sale. Bienvenidos a Guadalupe, donde hasta las aves ya andan buscando la salida.