Baja el huevo hasta 40%: por fin una noticia que se puede desayunar
Tamaño de letra
Después de meses en los que el huevo llegó a sentirse un artículo de lujo digno de vitrina con alarma, llega el alivio: su precio cayó hasta 40% por sobreoferta e importación de producto a bajo costo, según el presidente de la Asociación Nacional de Abarroteros Mayoristas. En un país donde casi todo sube —la gasolina, el pasaje, la tensión arterial al revisar la tarjeta—, que algo baje merece repique de campanas y un buen plato de huevos con machaca para celebrarlo.
El motivo, dicen los abarroteros, es la entrada de producto de origen chino que ha presionado el mercado nacional y reducido la demanda del huevo mexicano. Y aquí la nota se pone agridulce, porque toda felicidad económica tiene su damnificado: mientras el consumidor festeja, el productor nacional se rasca la cabeza preguntándose cómo compite contra un huevo que cruzó medio planeta y aun así sale más barato que el de la granja de aquí a la vuelta. La globalización es eso: un huevo que viaja más que uno mismo.
Para el bolsillo del chihuahuense, sin embargo, la aritmética es sencilla y consoladora. El huevo es la proteína democrática por excelencia, el salvavidas de la quincena, el ingrediente que convierte cualquier despensa en cena. Que baje 40% significa que el clásico 'no hay nada de comer, hazte unos huevitos' vuelve a ser una solución digna y no un sacrificio presupuestal. Es la buena noticia silenciosa que no sale en spots de gobierno pero se siente en la mesa.
El chiste, claro, será ver cuánto dura. Los precios en México tienen la costumbre de bajar de puntitas y subir en elevador. Hoy el huevo está de oferta; mañana, quién sabe si la sobreoferta se acaba, el productor nacional pide auxilio y volvemos a comprarlo por pieza como en la crisis. Por lo pronto, aproveche: llene el carrito, arme su omelette sin culpa y disfrute este raro instante en que la economía, por una vez, le sonríe desde el anaquel. Salud, y que sea con doble yema.
El motivo, dicen los abarroteros, es la entrada de producto de origen chino que ha presionado el mercado nacional y reducido la demanda del huevo mexicano. Y aquí la nota se pone agridulce, porque toda felicidad económica tiene su damnificado: mientras el consumidor festeja, el productor nacional se rasca la cabeza preguntándose cómo compite contra un huevo que cruzó medio planeta y aun así sale más barato que el de la granja de aquí a la vuelta. La globalización es eso: un huevo que viaja más que uno mismo.
Para el bolsillo del chihuahuense, sin embargo, la aritmética es sencilla y consoladora. El huevo es la proteína democrática por excelencia, el salvavidas de la quincena, el ingrediente que convierte cualquier despensa en cena. Que baje 40% significa que el clásico 'no hay nada de comer, hazte unos huevitos' vuelve a ser una solución digna y no un sacrificio presupuestal. Es la buena noticia silenciosa que no sale en spots de gobierno pero se siente en la mesa.
El chiste, claro, será ver cuánto dura. Los precios en México tienen la costumbre de bajar de puntitas y subir en elevador. Hoy el huevo está de oferta; mañana, quién sabe si la sobreoferta se acaba, el productor nacional pide auxilio y volvemos a comprarlo por pieza como en la crisis. Por lo pronto, aproveche: llene el carrito, arme su omelette sin culpa y disfrute este raro instante en que la economía, por una vez, le sonríe desde el anaquel. Salud, y que sea con doble yema.