El agua buena de Jalisco: ya tiene fecha de estreno, entre agosto y febrero
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Buenas noticias para los habitantes de la Perla Tapatía: el agua buena existe, está confirmada, tiene contrato firmado y hasta calendario. Malas noticias: se estrena por temporadas, como serie de plataforma, entre agosto de este año y febrero del próximo, con un final que —según trascendió de una reunión del gobernador con su equipo del ramo— podría alargarse hasta abril de 2027. Es decir, la calidad del agua en Guadalajara ya tiene tráiler, teaser y probable secuela.
El gobernador Pablo Lemus regresó a la escena pública recargado y con una agenda de varios tiempos, entre los cuales el SIAPA ocupa ese lugar de honor reservado para las herencias que nadie pidió pero todos arrastran desde hace dos décadas. Reiteró que sí hay agua —eso nunca estuvo en duda para quien la ha visto salir marrón por la llave— y anunció un paquete de acciones inmediatas: pipas, garrafones, plantas potabilizadoras provisionales y acceso gratuito al líquido en las 200 colonias que el propio director del SIAPA reconoce como afectadas. Este martes, además, se entrega al Congreso el Plan Hídrico Estatal, ese documento redentor que, según El Occidental, llega 'para que ya no haya pretextos'. En Jalisco, prometer el fin de los pretextos es, en sí mismo, el pretexto más ambicioso de todos.
Lo verdaderamente memorable fue la teoría de la responsabilidad compartida. Lemus pidió a los municipios asumir su parte y recordó que no se puede exigir mejor servicio si las instituciones mantienen adeudos. Impecable lógica, salvo por el pequeño detalle de que el vecino de a pie, ese que no adeuda nada, también recibe agua con sedimentos, olor y tropezones. Por eso el Congreso propuso exentar del pago por el resto de 2026 a unas 200 mil familias —750 mil habitantes de 200 colonias— que reciben agua turbia. Un consenso conmovedor: ya todos aceptamos que sale sucia; el pleito ahora es sobre quién paga la limpieza. El PAN exige frenar la recaudación y auditar; Morena rechaza más deuda y pide invertir; y hasta la UdeG resolvió que sus espacios con ingresos propios paguen su propia agua, austeridad que sabe a que a nadie le alcanza el presupuesto. Mientras tanto, la ciudadanía practica ese deporte tan tapatío de abrir la llave con fe y esperar que la temporada del agua buena por fin llegue a su pantalla.
El gobernador Pablo Lemus regresó a la escena pública recargado y con una agenda de varios tiempos, entre los cuales el SIAPA ocupa ese lugar de honor reservado para las herencias que nadie pidió pero todos arrastran desde hace dos décadas. Reiteró que sí hay agua —eso nunca estuvo en duda para quien la ha visto salir marrón por la llave— y anunció un paquete de acciones inmediatas: pipas, garrafones, plantas potabilizadoras provisionales y acceso gratuito al líquido en las 200 colonias que el propio director del SIAPA reconoce como afectadas. Este martes, además, se entrega al Congreso el Plan Hídrico Estatal, ese documento redentor que, según El Occidental, llega 'para que ya no haya pretextos'. En Jalisco, prometer el fin de los pretextos es, en sí mismo, el pretexto más ambicioso de todos.
Lo verdaderamente memorable fue la teoría de la responsabilidad compartida. Lemus pidió a los municipios asumir su parte y recordó que no se puede exigir mejor servicio si las instituciones mantienen adeudos. Impecable lógica, salvo por el pequeño detalle de que el vecino de a pie, ese que no adeuda nada, también recibe agua con sedimentos, olor y tropezones. Por eso el Congreso propuso exentar del pago por el resto de 2026 a unas 200 mil familias —750 mil habitantes de 200 colonias— que reciben agua turbia. Un consenso conmovedor: ya todos aceptamos que sale sucia; el pleito ahora es sobre quién paga la limpieza. El PAN exige frenar la recaudación y auditar; Morena rechaza más deuda y pide invertir; y hasta la UdeG resolvió que sus espacios con ingresos propios paguen su propia agua, austeridad que sabe a que a nadie le alcanza el presupuesto. Mientras tanto, la ciudadanía practica ese deporte tan tapatío de abrir la llave con fe y esperar que la temporada del agua buena por fin llegue a su pantalla.