Jalisco ensaya bloqueos como quien ensaya el Himno: el simulacro que se repite mañana
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Hay pocas cosas tan tranquilizadoras como un gobierno preparado. Y pocas tan inquietantes como un gobierno que se prepara específicamente para que le bloqueen las carreteras. Este lunes, la Zona Metropolitana de Guadalajara vivió un simulacro de bloqueos coordinado por los tres órdenes de gobierno, con alrededor de 600 elementos desplegados en siete puntos de la ciudad, tiempo mínimo de respuesta de diez minutos y saldo blanco. El ejercicio, como buena obra de teatro que se respeta, tendrá función de repetición este martes.
La premisa oficial, en palabras del propio gobernador, es que más vale ensayar que improvisar. Sabiduría irrefutable, digna de bordarse en un cojín. El problema no es el consejo; el problema es el contexto. Que una ciudad ensaye incendios o sismos habla de previsión. Que ensaye bloqueos carreteros con la misma naturalidad con que se ensaya la escolta antes de un desfile revela algo más íntimo sobre la relación de Jalisco con su propia realidad: aquí ya normalizamos el guion, solo estamos afinando la puesta en escena.
Las autoridades se apresuraron a aclarar que el simulacro no responde a amenazas de grupos criminales. Faltaba más. Es puro entusiasmo logístico, ganas de mantener el músculo, vocación olímpica por la respuesta rápida. En Colima, por cierto, hicieron lo propio con su propio simulacro de respuesta ante bloqueos y emergencias de alto riesgo, con Ejército, Marina y Protección Civil, porque el occidente del país descubrió que la coreografía preventiva es el nuevo pasatiempo regional. Pronto tendremos categoría en los Juegos: salto de valla vehicular incendiada, relevo de conos naranjas, natación en avenida inundada.
Y como el destino tiene sentido del humor, mientras las corporaciones simulaban la contingencia perfecta, la tormenta vespertina real dejó 32 árboles caídos en Guadalajara y un auto colgando de una excavación en la colonia Americana, recordándonos que la emergencia que sí llega puntual, sin ensayo previo y sin avisar, es la del clima. Uno no sabe si aplaudir la eficiencia de los diez minutos de respuesta o preguntar por qué necesitamos ensayarla tan seguido. Bienvenidos a Jalisco, la sede más mexicana también del simulacro: aquí todo se practica, casi nada se previene, y mañana, si Dios quiere, repetimos.
La premisa oficial, en palabras del propio gobernador, es que más vale ensayar que improvisar. Sabiduría irrefutable, digna de bordarse en un cojín. El problema no es el consejo; el problema es el contexto. Que una ciudad ensaye incendios o sismos habla de previsión. Que ensaye bloqueos carreteros con la misma naturalidad con que se ensaya la escolta antes de un desfile revela algo más íntimo sobre la relación de Jalisco con su propia realidad: aquí ya normalizamos el guion, solo estamos afinando la puesta en escena.
Las autoridades se apresuraron a aclarar que el simulacro no responde a amenazas de grupos criminales. Faltaba más. Es puro entusiasmo logístico, ganas de mantener el músculo, vocación olímpica por la respuesta rápida. En Colima, por cierto, hicieron lo propio con su propio simulacro de respuesta ante bloqueos y emergencias de alto riesgo, con Ejército, Marina y Protección Civil, porque el occidente del país descubrió que la coreografía preventiva es el nuevo pasatiempo regional. Pronto tendremos categoría en los Juegos: salto de valla vehicular incendiada, relevo de conos naranjas, natación en avenida inundada.
Y como el destino tiene sentido del humor, mientras las corporaciones simulaban la contingencia perfecta, la tormenta vespertina real dejó 32 árboles caídos en Guadalajara y un auto colgando de una excavación en la colonia Americana, recordándonos que la emergencia que sí llega puntual, sin ensayo previo y sin avisar, es la del clima. Uno no sabe si aplaudir la eficiencia de los diez minutos de respuesta o preguntar por qué necesitamos ensayarla tan seguido. Bienvenidos a Jalisco, la sede más mexicana también del simulacro: aquí todo se practica, casi nada se previene, y mañana, si Dios quiere, repetimos.