La Sedeco jura que todo está más barato; el mercado de San Juan no se dio por enterado
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La Secretaría de Desarrollo Económico del estado tuvo esta semana un arranque de optimismo estadístico y salió a presumir que la inflación de alimentos bajó 2.3% durante junio. Hasta ahí, una cifra respetable que merecería un aplauso técnico. El problema es que la dependencia acompañó el dato con una pregunta que roza lo temerario: '¿Sientes todo más barato?'.
Esa pregunta, formulada a cualquier ama de casa michoacana justo después de pagar el mandado, es lo más cercano al riesgo laboral que puede correr un funcionario. Porque la respuesta ciudadana, unánime y sin necesidad de encuesta, es un 'no' pronunciado entre dientes, del mismo tono con que uno responde cuando le preguntan si ya se le pasó el coraje. No, no se siente todo más barato. Se siente, en el mejor de los casos, que subió un poquito menos rápido de lo que temíamos. Que no es lo mismo, aunque en Excel se parezca.
Aquí conviene una clase de comprensión de gráficas de bolsillo: que baje la inflación no significa que bajen los precios. Significa que los precios siguen subiendo, solo que con menos entusiasmo. Es como si el casero le dijera a uno que la buena noticia es que este año la renta va a subir más despacio. Gracias, casero. Qué generoso.
El fenómeno tiene además un componente muy michoacano: la brecha entre el boletín y la bolsa. En la hoja membretada la economía respira; en la fila de la tortillería la aritmética sigue siendo dolorosa. Y no es que la Sedeco mienta —el 2.3% seguramente existe en algún promedio nacional cuidadosamente calculado—, es que el promedio tiene la mala costumbre de no acompañarnos al mercado. El promedio se queda en la oficina, con aire acondicionado, mientras uno negocia el precio del jitomate como si fuera rehén.
Lo saludable sería que la dependencia celebrara la tendencia con humildad y sin preguntar cosas peligrosas. 'La inflación desaceleró', punto, y todos contentos. Pero preguntarle a la gente si ya siente el alivio en el bolsillo es invitar a un motín cordial. Porque el michoacano perdona muchas cosas, pero no que le digan que la vida está más barata mientras hace malabares para que el quincenazo alcance hasta el domingo.
Así que enhorabuena por el 2.3%, de verdad. Ojalá se sostenga, ojalá siga bajando y ojalá algún día la cifra oficial y la cartera lleguen a un acuerdo. Mientras tanto, sugerencia gratuita para el próximo boletín: menos '¿sientes todo más barato?' y más '¿ya viste que subió menos?'. Con eso, hasta se lo creemos.
Esa pregunta, formulada a cualquier ama de casa michoacana justo después de pagar el mandado, es lo más cercano al riesgo laboral que puede correr un funcionario. Porque la respuesta ciudadana, unánime y sin necesidad de encuesta, es un 'no' pronunciado entre dientes, del mismo tono con que uno responde cuando le preguntan si ya se le pasó el coraje. No, no se siente todo más barato. Se siente, en el mejor de los casos, que subió un poquito menos rápido de lo que temíamos. Que no es lo mismo, aunque en Excel se parezca.
Aquí conviene una clase de comprensión de gráficas de bolsillo: que baje la inflación no significa que bajen los precios. Significa que los precios siguen subiendo, solo que con menos entusiasmo. Es como si el casero le dijera a uno que la buena noticia es que este año la renta va a subir más despacio. Gracias, casero. Qué generoso.
El fenómeno tiene además un componente muy michoacano: la brecha entre el boletín y la bolsa. En la hoja membretada la economía respira; en la fila de la tortillería la aritmética sigue siendo dolorosa. Y no es que la Sedeco mienta —el 2.3% seguramente existe en algún promedio nacional cuidadosamente calculado—, es que el promedio tiene la mala costumbre de no acompañarnos al mercado. El promedio se queda en la oficina, con aire acondicionado, mientras uno negocia el precio del jitomate como si fuera rehén.
Lo saludable sería que la dependencia celebrara la tendencia con humildad y sin preguntar cosas peligrosas. 'La inflación desaceleró', punto, y todos contentos. Pero preguntarle a la gente si ya siente el alivio en el bolsillo es invitar a un motín cordial. Porque el michoacano perdona muchas cosas, pero no que le digan que la vida está más barata mientras hace malabares para que el quincenazo alcance hasta el domingo.
Así que enhorabuena por el 2.3%, de verdad. Ojalá se sostenga, ojalá siga bajando y ojalá algún día la cifra oficial y la cartera lleguen a un acuerdo. Mientras tanto, sugerencia gratuita para el próximo boletín: menos '¿sientes todo más barato?' y más '¿ya viste que subió menos?'. Con eso, hasta se lo creemos.