275 millones para llevar maestros a la montaña rusa: el Pliego Nacional de Adrenalina
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Después de años de que el magisterio pide aumentos, mejores condiciones y respeto a su labor, la Secretaría de Educación Pública encontró la respuesta que nadie vio venir: parques de diversiones. La dependencia destinó 275 millones de pesos para llevar a profesores del SNTE a conciertos y parques de atracciones, todo enmarcado en la atención al Pliego Nacional de Demandas 2026. El pliego, hay que suponer, incluía la cláusula secreta de 'y también queremos subirnos a la del susto'.
Hay una poesía involuntaria en el gesto. El maestro pasa el año lidiando con un grupo de adolescentes que gritan, se empujan, no hacen caso y viven en permanente estado de caos hormonal. Y como recompensa, la SEP lo manda… a un lugar donde la gente grita, se empuja y vive en permanente estado de caos hormonal. La diferencia es que en la feria, al menos, los gritos son voluntarios y hay algodón de azúcar.
El monto tampoco es cualquier cosa. 275 millones de pesos dan para muchas cosas en un sistema educativo: libros, laboratorios, equipos de cómputo, techos que no goteen. Pero la SEP, con visión de organizadora de fiesta infantil, optó por el paquete todo incluido de entretenimiento. Uno imagina la junta de planeación: alguien propuso 'infraestructura escolar' y otro contestó 'mejor conciertos', y ganó el segundo por goleada.
Lo verdaderamente audaz es el nombre del instrumento. Se llama Pliego Nacional de Demandas, un documento históricamente cargado de reivindicaciones laborales, y en 2026 se atiende con boletos para la rueda de la fortuna. El reconocimiento al maestro, esa figura fundamental de la sociedad, materializado en una pulsera de acceso a los juegos mecánicos. Nada dice 'valoramos tu vocación' como una tarde de karts y palomitas.
Que conste: nadie está en contra de que un docente se divierta; bien merecido lo tiene. El problema es cuando la diversión se convierte en política pública y el aula se queda esperando su turno en la fila. Porque al final del día, el maestro regresará el lunes al salón, al mismo grupo, a la misma banca rota, a la misma tiza. Solo que ahora, además, mareado.
Hay una poesía involuntaria en el gesto. El maestro pasa el año lidiando con un grupo de adolescentes que gritan, se empujan, no hacen caso y viven en permanente estado de caos hormonal. Y como recompensa, la SEP lo manda… a un lugar donde la gente grita, se empuja y vive en permanente estado de caos hormonal. La diferencia es que en la feria, al menos, los gritos son voluntarios y hay algodón de azúcar.
El monto tampoco es cualquier cosa. 275 millones de pesos dan para muchas cosas en un sistema educativo: libros, laboratorios, equipos de cómputo, techos que no goteen. Pero la SEP, con visión de organizadora de fiesta infantil, optó por el paquete todo incluido de entretenimiento. Uno imagina la junta de planeación: alguien propuso 'infraestructura escolar' y otro contestó 'mejor conciertos', y ganó el segundo por goleada.
Lo verdaderamente audaz es el nombre del instrumento. Se llama Pliego Nacional de Demandas, un documento históricamente cargado de reivindicaciones laborales, y en 2026 se atiende con boletos para la rueda de la fortuna. El reconocimiento al maestro, esa figura fundamental de la sociedad, materializado en una pulsera de acceso a los juegos mecánicos. Nada dice 'valoramos tu vocación' como una tarde de karts y palomitas.
Que conste: nadie está en contra de que un docente se divierta; bien merecido lo tiene. El problema es cuando la diversión se convierte en política pública y el aula se queda esperando su turno en la fila. Porque al final del día, el maestro regresará el lunes al salón, al mismo grupo, a la misma banca rota, a la misma tiza. Solo que ahora, además, mareado.