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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 12 de agosto, 2026
Nuevo León Nota 14 de julio de 2026

Oso negro reprueba el examen de movilidad urbana y aun así se mueve mejor que todos

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Oso negro reprueba el examen de movilidad urbana y aun así se mueve mejor que todos
Este lunes por la mañana, decenas de automovilistas que circulaban por la avenida Morones Prieto, a la altura de Zaragoza en Santa Catarina, presenciaron un fenómeno que rompió la rutina del tráfico: un oso negro trotando entre los carriles como si supiera exactamente a dónde iba. Cerca de la UDEM y de zonas naturales, el ejemplar bajó de la sierra, se paseó por la vialidad y demostró, en un solo trote, más agilidad en la ciudad que el 90% de los conductores que pagamos verificación.

Analicemos la hazaña con seriedad, porque lo merece. El oso no traía licencia, no respetó ningún límite de velocidad, no usó direccional y aun así avanzó sin chocar, sin insultar a nadie y sin bloquear la esquina para ‘cerrarle el paso a un vecino’. Es, oficialmente, el peatón más disciplinado de Santa Catarina y, al mismo tiempo, el infractor más carismático del trimestre. Si mañana lo detiene Tránsito, no sabría qué multarle primero: circular sin placas o exceso de personalidad.

Lo poético del asunto es lo que revela sobre nosotros. El oso vive en el cerro, ese mismo cerro que la ciudad lleva décadas mordiendo con fraccionamientos, avenidas y desarrollos ‘con vista a la sierra’. Y luego nos sorprende que el dueño original del terreno baje a reclamar su renta atrasada. No es que el oso invadiera la ciudad; es que la ciudad se mudó a su sala y ahora finge que él es el visitante inesperado. El plantígrado no vino a asustar automovilistas: vino a cobrar plusvalía.

Mientras las autoridades ambientales hacían lo correcto —resguardar la zona y buscar reubicarlo sano y salvo—, en redes sociales el oso ya era estrella, influencer y candidato simbólico a varias cosas. Y con razón: en un lunes de juicios políticos, adeudos entre gobiernos y hoteles vacíos, el único que hizo su recorrido completo, sin excusas y sin culpar a la Federación, fue él. Bajó, trotó, cumplió y se fue. Ojalá todos rindiéramos así.

Que conste que un oso en plena avenida es un asunto serio de seguridad, tanto para los automovilistas como para el propio animal, y ojalá termine reubicado en su hábitat sin un rasguño. Pero permítannos el gusto de reconocer al héroe del día: peludo, silencioso, sin conferencia de prensa y sin controversia constitucional. Nuevo León necesitaba exactamente este nivel de eficiencia.