El gusano barrenador logró lo que la política no: coordinación
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Chihuahua ya entró oficialmente al mapa nacional de una plaga que nadie pidió: el gusano barrenador del ganado. El Senasica confirmó el primer caso en un becerro de Hidalgo del Parral y, en cuestión de horas, se activó un operativo digno de estreno de temporada: cerco sanitario, zona focal de 20 kilómetros de radio, zona perifocal de hasta 40, trampas por doquier y más de 30 especialistas prometiendo erradicar la plaga en 15 días. Todo un despliegue para un solo becerro, que hoy es, sin quererlo, el bovino más vigilado del estado.
La Unión Ganadera Regional de Chihuahua salió a "cerrar filas" y a pedir que nadie se alarme, porque un caso aislado "no representa la pérdida del estatus sanitario". Es la clásica frase de tranquilidad que solo se pronuncia cuando ya cundió el nervio: si de verdad no pasara nada, no habría comunicado. La UGRCh, eso sí, tuvo la elegancia de recordar que los protocolos "funcionan", lo cual es cierto, aunque el argumento se parece sospechosamente a celebrar que suena la alarma de incendios justo mientras se quema la cocina.
Pero el momento estelar lo firmó el alcalde de Parral, Salvador Calderón, quien prometió apoyar a los ganaderos y reveló, con envidiable candor, que mantiene comunicación con el Gobierno del Estado, pero que con la Federación "no hay coordinación". Y ahí está la moraleja involuntaria del día: en Chihuahua, un gusano barrenador logró alinear a estado, municipio, ganaderos y autoridades sanitarias en tiempo récord, mientras la coordinación con la Federación sigue extraviada en algún cajón de Palacio Nacional. Si la plaga cotizara en la bolsa del federalismo, ya habría dado más rendimientos que cualquier mesa de seguridad. Por lo pronto, el becerro de Parral seguirá siendo símbolo nacional: contenido en 15 días, según prometen; coordinado con la Federación, quién sabe cuándo.
La Unión Ganadera Regional de Chihuahua salió a "cerrar filas" y a pedir que nadie se alarme, porque un caso aislado "no representa la pérdida del estatus sanitario". Es la clásica frase de tranquilidad que solo se pronuncia cuando ya cundió el nervio: si de verdad no pasara nada, no habría comunicado. La UGRCh, eso sí, tuvo la elegancia de recordar que los protocolos "funcionan", lo cual es cierto, aunque el argumento se parece sospechosamente a celebrar que suena la alarma de incendios justo mientras se quema la cocina.
Pero el momento estelar lo firmó el alcalde de Parral, Salvador Calderón, quien prometió apoyar a los ganaderos y reveló, con envidiable candor, que mantiene comunicación con el Gobierno del Estado, pero que con la Federación "no hay coordinación". Y ahí está la moraleja involuntaria del día: en Chihuahua, un gusano barrenador logró alinear a estado, municipio, ganaderos y autoridades sanitarias en tiempo récord, mientras la coordinación con la Federación sigue extraviada en algún cajón de Palacio Nacional. Si la plaga cotizara en la bolsa del federalismo, ya habría dado más rendimientos que cualquier mesa de seguridad. Por lo pronto, el becerro de Parral seguirá siendo símbolo nacional: contenido en 15 días, según prometen; coordinado con la Federación, quién sabe cuándo.