Bankaool y el nuevo curso de finanzas: invierte y quizá rifas un iPhone
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La educación financiera en Chihuahua tiene un nuevo maestro y reparte premios. Bankaool lanzó una dinámica mundialista en la que, invirtiendo desde tres mil pesos, los clientes participan por un iPhone 17 Pro y jerseys oficiales de la Selección, todo bajo un eslogan que merece placa: "Si te gusta ganar, te va a gustar invertir". Es la pedagogía perfecta para un país que confunde con entusiasmo el ahorro con la rifa de la kermés.
Entendámonos: la iniciativa es legal, la promoción es válida y el banco tiene todo el derecho de incentivar la "cultura del ahorro y la inversión", como presume, además de su expansión nacional y sus servicios digitales. El problema no es el banco: es la sutil poesía de convertir un instrumento financiero en un raspadito con causa. Porque una cosa es invertir para que tu dinero trabaje y otra muy distinta es invertir con la ilusión de que tu dinero, además de trabajar, te consiga un teléfono nuevo y una playera de Oyarzabal recién estrenada en el Mundial.
El timing, eso sí, es de doctorado en mercadotecnia. Con España en la final y el país todavía con la euforia mundialista pegada al cuerpo, ofrecer jerseys de la Selección y el celular de moda es apostar a la parte del cerebro que menos consulta las tasas de rendimiento. Uno va por educación financiera y sale soñando con levantar la copa —o al menos el iPhone—. En un estado donde los verdaderos expertos advierten sobre nuevas modalidades de fraude y sobre gente que toca puertas ofreciendo "mejores tasas", conviene recordar la regla de oro que ningún eslogan cabe: si algo suena demasiado bueno para ser cierto, probablemente cabe en spot de treinta segundos. Que gane el mejor cliente; y que, sobre todo, lea la letra chiquita antes que la alineación titular.
Entendámonos: la iniciativa es legal, la promoción es válida y el banco tiene todo el derecho de incentivar la "cultura del ahorro y la inversión", como presume, además de su expansión nacional y sus servicios digitales. El problema no es el banco: es la sutil poesía de convertir un instrumento financiero en un raspadito con causa. Porque una cosa es invertir para que tu dinero trabaje y otra muy distinta es invertir con la ilusión de que tu dinero, además de trabajar, te consiga un teléfono nuevo y una playera de Oyarzabal recién estrenada en el Mundial.
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